No es sólo un documento antiguo. Es memoria viva, identidad y raíz. El Códice Borbónico, uno de los manuscritos más emblemáticos del periodo mexica-colonial temprano, avanza en su camino de regreso a México tras la gestión impulsada por el pueblo hñähñu (otomí) del Valle del Mezquital, Hidalgo).
Este miércoles 11 de febrero, en la conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum informó que ya hay progresos diplomáticos concretos para solicitar formalmente a Francia la restitución de la pieza histórica, actualmente resguardada en la Biblioteca de la Asamblea Nacional Francesa en París, donde permanece desde 1826.
Un códice que no es pieza de museo, sino identidad
El Códice Borbónico, elaborado en papel amate, es un documento fundamental que describe rituales, festividades y el calendario adivinatorio mexica (tonalpohualli). Para las comunidades hñähñu, no se trata de una reliquia arqueológica, sino de una parte esencial de su memoria ancestral y cosmovisión.
Por ello, habitantes de Ixmiquilpan solicitaron formalmente su devolución. Consideran que el manuscrito es un símbolo de continuidad cultural y una expresión tangible de su historia.
El paso clave: respaldo legal y vía diplomática
El asesor presidencial en gestión cultural, José Alfonso Suárez del Real, explicó que tras la aprobación en el Senado, el pasado 28 de enero, de la Ley de restitución de patrimonio hacia las colonias, ya se prepara la solicitud formal que será presentada a la presidenta para iniciar el proceso diplomático con Francia.
Este movimiento representa un avance significativo, pues dota al Estado mexicano de un marco jurídico específico para gestionar la recuperación de piezas históricas que se encuentran fuera del país.
Casi dos siglos fuera de México
El códice ha permanecido en Francia por cerca de 200 años. Su eventual retorno marcaría un precedente en la recuperación del patrimonio cultural indígena y en la reivindicación histórica de comunidades originarias que reclaman objetos fundamentales para su identidad.
La gestión en curso abre una nueva etapa en la política de restitución cultural, colocando en el centro la voz de los pueblos que defienden su historia y su legado.
El proceso diplomático está en marcha. Y esta vez, el impulso nace desde el territorio: del pueblo hñähñu que pide que su memoria vuelva a casa.


