En México, la violencia digital no es un fenómeno nuevo, sin embargo, la presencia de la Inteligencia Artificial (IA) ha escalado su gravedad. Una muestra de esta ascensión ocurrió durante la primera semana de 2026, cuando suscriptores Premium de la red social X utilizaron el chatbot Grok para generar imágenes no consensuadas de mujeres en bikini o ropa interior.
Esta tendencia llevó a usuarias de todo el mundo a pedir una mayor restricción de la herramienta y la eliminación del contenido sexual generado por la IA sin consentimiento. Si bien gracias a los movimientos feministas, México ha sido pionero en el combate a la violencia digital debido a la Ley Olimpia, aún existen retos culturales y legislativos para abordar la alteración de imágenes con IA.
De acuerdo con Angie Contreras, vocera de la organización Mujeres Vivas y Libres, una de los mayores retos a combatir es la facilidad con la que cualquier persona puede ejercer esta violencia en redes sociales. Si en el pasado, ejemplifica, se requería tener conocimiento en Photoshop o programas de edición, hoy basta con pedirlo a la IA.
¿Quiénes son responsables?
En este sentido, al hablar con Revolución 3.0, la especialista señala que es importante reconocer que, si bien la violencia sexual digital puede afectar a cualquier persona, son las mujeres y los cuerpos feminizados quienes reciben mayores agresiones como esta, debido a que la sexualidad sigue siendo una forma de ridiculizar, burlarse y minimizar al otro.

Ante este panorama, se deben contemplar todas las aristas de responsabilidad en la creación de dichas imágenes, pues es un error culpabilizar a quién sube una fotografía normal y sufre la alteración. En primer lugar, señala la especialista, se debe mirar a las personas usuarias en general para cuestionar si se hace un uso responsable de la herramienta. En segundo lugar, están las plataformas.
“Hay que recordar que son empresas, no son asociaciones. Las redes sociales y las plataformas son empresas que están respondiendo ¿a qué? ¿Y cómo empresas qué hacen para limitar que esa herramienta no genere ese tipo de contenido?”
Contreras señala que, de plantearse la existencia de un filtro, lo ideal sería que este se basara en el consentimiento. Finalmente, en lo referente a las responsabilidades del Estado, cabe destacar que desde 2025 se han impulsado reformas para incluir el uso de IA en la violencia digital, pero una complicación es la recolección de pruebas y la falta de herramientas para identificar tanto imágenes alteradas como a los responsables de su creación.
“Y otra cuestión es la rapidez con la que esto se crea, se viraliza y se distribuye. Al acompañar casos de violencia digital, las chicas, en su mayoría, lo que quieren es que se detenga. Y los procesos tan lentos de la fiscalía son un obstáculo”.
El espacio digital, un entorno de lucha constante
Respecto a las consecuencias que pueden tener estas alteraciones, Angie Contrerar señala que la violencia digital es otra forma de callar y aislar a las mujeres de los espacios.
“Los entornos digitales, todo lo que son las redes, las plataformas, los sitios web, etcétera, también son espacios de constante lucha y es una lucha por mantenernos en esos espacios”.
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En este sentido, la especialista evoca la risa como una forma de resistencia y asegura que ante esta violencia, se ha “desbloqueado un nuevo miedo” para las mujeres y los cuerpos feminizados: el publicar fotos en redes sociales y que estas sean utilizadas para violentar.
“Y eso es muy preocupante porque entonces lo que buscan es aislarnos (…) y además viene la cuestión de la autocensura, porque son redes que estamos utilizando constantemente para debatir, para compartir ideas, para generar redes, para construir. Entonces, si yo no quiero pasar por eso, me salgo”.
Esto resulta alarmante debido a que, dice la especialista, es una recomendación constante para las víctimas que acuden, por ejemplo, a las policías cibernéticas. Asumir que las sobrevivientes tienen que abandonar los espacios digitales atenta contra la libertad de expresión, de comunicación y a poder decidir cómo se desea o no reproducir la imagen individual.
Cuando las víctimas son niñas y adolescentes
Al abordar este tema, cabe aclarar que, cuando se habla de contenido manipulado o alterado de menores de 18 años, se trata de material de abuso sexual infantil (MASI).
“Desde la progresividad y los derechos humanos, ya se está hablando de que hay que llamarlo como lo es. Es material de abuso sexual infantil. Porque esas niñas o adolescentes no están decidiendo. Hay una relación de poder sobre el contenido”.
Así pues, cuando se habla de material alterado que involucre a niños, niñas y adolescentes, es material de abuso sexual infantil, mientras que si es de personas adultas, se trata de violencia sexual digital.
Al hacer esta distinción, es pertinente señalar la importancia de hablar con niños, niñas y adolescentes sobre educación sexual digital, de modo que sepan, por un lado, que se pueden tener prácticas digitales desde el consentimiento, y a su vez, cuenten con herramientas para prevenir la violencia.
El consentimiento también es digital
Así, la activista recuerda que el “Mi cuerpo, mi decisión” también abarca el cuerpo digital; de igual manera que el “No es no”, también aplica digitalmente.
Además de romper los tabúes, señala Contreras, es importante erradicar la culpa en las sobrevivientes, pues así como en otros tipos de violencia, cuando se experimenta violencia digital, socialmente se suele caer en culpar a las víctimas. Con preguntas como “¿para que suben sus fotos?” o “no te gusta, no lo subas”, se revictimiza.
Por más obvio que resulte, la especialista recuerda que nadie debería usar fotografías ajenas para hacer sentir mal y nadie debería hacer un uso violento de las fotografías en redes sociales.
“Si te encuentras una foto, no la manipules para vulnerar. Y eso implica que necesitamos empezar a hablar de cómo construimos ciudadanías digitales en donde las personas hagamos un uso no violento de estas herramientas” concluye Contreras.

