Por: Spanish Revolution
Traducción por: Carlos Bauer / @CarlosBauer3_0
Estambul, 12 de junio, 10:57 horas
Querida gente,
En la víspera del ataque yo estaba sentado en el International Corner, hablando con compañeros turcos acerca de la siguiente fase en la escalada democrática. A las nueve de la mañana, cada barrio del Parque Gezi se habría organizado en asamblea. Hasta ahora la protesta ha estado coordinada por la gente que la inició. Estaban los que enarbolaban las cinco demandas, pero ellos no representan a todos. Y por eso la creación de una asamblea en cada parte de Gezi sería una forma de involucrar a todos los ocupas en la política cotidiana del parque.
Hacia las cuatro camino para ver el amanecer sobre las barricadas. Hay dos caminos principales que llevan hasta ahí. Uno con catorce líneas de defensa y otro con ocho. Cada uno es defendido por diferentes personas de distintos orígenes. Hay un camino de barricadas políticas –el más grande– con los comunistas en la primera línea y los nacionalistas en la segunda, y hay un camino de barricadas futboleras, con los seguidores del Besiktas en la primera línea y los del Fenerbahce más allá. Charlé con los defensores de cada línea, están entre la gente más amigable y generosa que conozco. Me agradecen por apoyarlos, nunca dejan de ofrecerme comida, agua, chocolate, cualquier cosa que tengan. Hasta el momento, están en calma. Nadie espera seriamente que se produzca un ataque antes del martes [18 de junio], porque habrá un encuentro con representantes del gobierno un día antes.
Sin embargo, hacia las seis el campamento es sacudido por una alarma general. La gente se precipita hacia el stand médico, donde se reparten cubrebocas y goggles para resistir el gas lacrimógeno. Los defensores se dirigen apresuradamente a la plataforma de cara a la plaza. Todo está en calma, fue una falsa alarma.
A las siete y media fue real. Todas las capas de barricadas fueron inútiles, la policía entró por la puerta trasera. Ya estaban en la plaza, en el lado oeste y en el lado este. Ustedes deben saber que el parque Gezi es como una fortaleza o una acrópolis, a la cual accedes a través de escaleras. Es difícil de atacar si los defensores están decididos a defenderla. No parece que la policía pretenda realizar un ataque frontal, su objetivo principal es el centro cultural Atatürk. Quieren derribar las pancartas con eslóganes revolucionarios. Nuestras tropas de élite –en su mayoría hinchas de fútbol, anarquistas y kurdos– se lazan a la plaza para repelerlos, pero buena parte de nosotros se opone al uso de la violencia. Se sientan frente a los tanques, se paran frente a la policía para que los nuestros no arrojen piedras. Lo logran. El choque es evitado, pero la policía toma el edificio. Derriban todas las pancartas, excepto dos: la bandera turca y la imagen de Atatürk.
Pero en el lado oeste, en el terreno en construcción, policías y manifestantes chocan. Jack y yo estamos transmitiendo en vivo desde la línea del frente. La policía ataca con cañones de agua, gas lacrimógeno y bengalas. Nuestros muchachos responden con piedras, resorteras y fuegos artificiales, forzando a la policía a adoptar la formación de falange defensiva. El gas lacrimógeno tiene éxito en dispersar a la gente, pero cuando la nube asciende todos se reagrupan. Las barricadas se levantan con una velocidad asombrosa, las tropas se reúnen detrás, golpeando sus mazos contra el metal para intimidar al enemigo.
La policía carga de Nuevo, nosotros nos defendemos. Se usa bombas molotov. Piezas de ropa son rasgadas en tiras y usadas para arrojar piedras. Es disparada otra ronda de gas lacrimógeno. De hecho, la policía usa dos tipos de gas. El gas CS normal es más o menos como el humo denso de los fuegos artificiales de Año Nuevo, sólo que mucho mucho más fuerte. El gas naranja es más repugnante. Se pega a la piel y genera irritación al contacto con agua o sudor. Los goggles y cubrebocas proveen cierta protección, suficiente para un repliegue rápido. El único problema es que no puedes ver prácticamente nada con goggles.
La batalla podría seguir todo el día y la noche, con pausas para la comida y el té. Como equipo táctico de medios, nosotros estaríamos en la primera o segunda filas para trasmitir en vivo y luego corriendo de vuelta a la tienda Audiovisual para recargar las baterías de las cámaras mientras otro equipo toma nuestro lugar. La edición se hace en Izmir para el canal turco y en Portland, Oregon, para el canal global.
Durante la segunda ola de ataques, hacia las nueve y media, uno de los cañones de agua se incendia. La policía tiene que usar otro cañón para apagarlo. En los muros de nuestra fortaleza la gente aplaudía y vitoreaba.
La policía nunca se las arregló para hacer un avance significativo en el lado oeste. Después de la tercera ola de ataques, hacia las once, fueron forzados a retroceder cundo una multitud comenzó a reunirse alrededor de ellos. Así que volvieron a atacar. La gente se dispersó y reunió en instantes.
En el campamento había un tráfico constante de camillas saliendo y heridos entrando. Para facilitar su rápido traslado, la gente formó una línea para abrir el camino principal hacia la enfermería. A lo largo de todo el día las ambulancias entraron y salieron.
A mediodía aseguramos el lado oeste y la mayor parte de la plaza. Cientos de personas cerraron filas para mantenerla mientras la policía se replegaba hacia el lado este. Fue asombrosa la manera en que marcharon de vuelta entre dos líneas de gente cantando de pie hombro con hombro contra el fascismo, cantando que Taksim es nuestra, Estambul es nuestra. Fue un desfile de la vergüenza, me hizo pensar en los soldados bárbaros capturados que eran forzados a marchar por las calles de Roma.
Por un momento pareció que todo terminaría ahí. La policía conservó una esquina de la plaza, removieron las barricadas, esperábamos su retirada final.
Era hora del almuerzo para entonces y todo parecía repentinamente lleno de paz y quietud. Dentro del campamento, la mayoría de la gente continuaba con su vida habitual. La policía se había quitado sus cascos, estabann sentados en la sombra, platicando, comiendo, fumando. Algunos de ellos dormían sobre sus escudos, otros jugaban a las cartas. Verlos así era raro. Los cabrones casi parecían seres humanos.
Pero alrededor de las dos, justo cuando desde la mezquita una voz de lamento invitaba a la gente a orar, la policía atacó de nuevo. Dispararon gas lacrimógeno directamente al campamento. Nuestros defensores se pusieron sus cascos y se lanzaron a la plaza para enfrentar a la policía. Los cañones de agua volvieron a entrar. La batalla por el lado oeste volvía a comenzar. Un bote de gas lacrimógeno rebotó del pavimento entre mis pies cuando corría para cubrirme. Tuvimos que salir de Taksim y regresar por otra entrada. Cuando logré llegar al parque, la atmósfera se estaba volviendo deprimente. La gente comenzaba a dudar de si seríamos capaces de conservar el parque.
Uno de mis compañeros turcos volteó hacia mí. “Por favor, vete. Quiero que estés a salvo. Ésta no es tu revolución”.
Casi me enojé. “Claro que lo es. Somos una humanidad. Cada revolución es mi revolución”. De lo que probablemente él no se daba cuenta es que la resistencia de los ciudadanos turcos en el parque Gezi es una gran fuente de inspiración para la gente alrededor del mundo. Para mí no sólo es un placer estar aquí, es un honor.
A las cuatro me tomo un descanso. Me las arreglo para dormir unos preciosos minutos mientras la policía comienza a bombardear el parque con gas lacrimógeno de nuevo. El humo me despierta. Tomo mi cubrebocas, mis goggles, mi cámara, y corro al lado oeste, donde prosigue el choque entre las tropas. Mantienen su terreno. Una barricada arde. Una van se está incendiando. Y lo importante, el viendo se ha puesto a nuestro favor: el gas lacrimógeno y el humo ahora soplan hacia las líneas de la policía. Conforme pasan las horas los hacemos retroceder a una de las calles laterales. Una barricada es levantada y encendida para evitar que vuelvan. Hago un recorrido y veo a los policías tomando un descanso en un bar, bebiendo café.
La tarde termina, tan pronto sale del trabajo la gente llega a Taksim para defender el parque. Hacia las siete, la plaza está llena. Somos más de 5 mil personas cantando, coreando y celebrando. La policía sigue en su esquina. Tienen listos seis cañones de agua. Es la cumbre del día. Todo mundo está unido, de la izquierda a la derecha, contra Recep Tayyip Erdogan. Alrededor de las ocho, la señal de internet es cortada y treinta segundos después la policía comienza a lanzar gas contra la apretada multitud. Fue un acto criminal sin causa alguna que provocó una estampida y pudo haber llevado a una masacre. Fue la única vez en todo el día en que temí por mi vida, cuando la gente se empujaba en las escaleras para entrar al parque. Al caos se sumaba el hecho de que mucha gente, incluyéndome, no esperaba un ataque con gas y no había tomado ninguna precaución. Cegados, ahogándonos, llorando, tosiendo, escupiendo y vomitando fue como volvimos a la relativa seguridad del parque. Por fortuna, ahí siempre hay gente lista para rociar tu cara con una sustancia lechosa que combate los peores efectos del gas.
El feroz ataque de gas sobre la multitud de 5 mil personas hizo que la gente se pusiera completamente furiosa. Conforme caía la noche comenzaron a incendiar todo lo que pudiera incendiarse. Y como el alumbrado público fue apagado, lo único que podías ver era la apocalíptica visión de las hogueras y las siluetas de demonios bailando alrededor de ellas. El aire se llenó de humo. La banda de tambores tocaba para encender los espíritus. Y una vez más, el internet fue cortado y la policía atacó la plaza con gas.
Dejamos la plaza para buscar una conexión de internet. Cuando salíamos nos encontramos con miles de personas que volvían para reforzar la plaza, totalmente preparados con cascos y máscaras antigás.
Los choques continuaron en el lado oeste durante toda la noche. A medianoche la gente comenzó a evacuar parte de sus cosas por si la plaza caía. Las ambulancias fueron enfiladas para llevar a los heridos de la enfermería al hospital. A un lado, la gente servía té.
Como Audiovisuales decidimos evacuar nuestros equipos a las 12:30 y hacer un repliegue estratégico hacia la Universidad Politécnica para instalar un nuevo centro de medios. Lo hicimos justo a tiempo. A la una de la mañana, la policía comenzó a atacar el lado este con cañones de agua. Los defensores que se dirigieron allá para encarar a la policía saquearon casi todo el barrio para levantar una barricada. La policía bombardeó con gas la enfermería en tres ocasiones mientras intentaba abrirse paso en el lado este. No es ni de lejos el único crimen el día. Más temprano, las autoridades habían hecho un arresto masivo de abogados de derechos humanos.
Dejamos el parque poco antes de la una de la mañana. Evitamos que nos arrestaran haciéndonos pasar por turistas y logramos ponernos a salvo.
Más de un millar de personas fue herida en los choques de ayer, al menos dieciséis tenían huesos rotos. Esta mañana, cuando regresamos al parque, el humo de la batalla se había disipado. La lluvia había limpiado los rastros. Las barricadas desaparecieron, perdimos la plaza, pero conservamos el parque.


