Cómo se aprende a ser mestizo en medio de aborígenes
Por: Dulce María López Vega*
Los fabricantes de ropa Yale tienen actualmente una campaña publicitaria que muestra varias imágenes en las que aparece un hombre blanco de cabello oscuro en escenas que muestran lo bien —lo adecuado, lo a gusto— que es portar las vestimentas de la marca en contextos geopolíticos “diferenciados”. “Yale queda bien en todos lados”, dice el slogan. Y como se puede ver en las seis imágenes de la serie, los caballeros podrán portar un vestuario que es signo de blanquitud entre chinos, árabes, tibetanos, brasileños negros, “aborígenes” y —cómo no— entre un grupo de la fuerza aérea de algún país de verdaderos blancos. La promesa de la marca es que serán siempre bien aceptados.
Es un vestuario no pensado para las vanguardias (a las que se les permite arrogancia, cierta creatividad y desenfado), sino para el tenue, el conservador, el que es adecuado sin hacerse notar y acata la norma desde la retaguardia en contextos occidentalizados, pero se distingue “como blanco” entre los “racializados”. Yale es una compañía mexicana que sabe lo que es el mito del “mestizaje”. Como bien señala, nos movemos en zonas de conflicto y en ello nuestra vestimenta es pieza clave.
La blanquitud busca imponerse a cada instante y tiene en la publicidad su mayor medio de propaganda. Su método, lo sabemos, no es muy simbólico, pues se nos presenta acompañado de violencias de todo tipo. Así que “mestizaje” no solo ha significado beatamente blanquearse, ha sido también un modo de recurrir al camuflaje.
A Oaxaca vinieron a plantarnos precisamente el anuncio en el que aparecen los “aborígenes”. Lo pusieron, enorme, justo al lado de un monumento a Juárez. Día a día pasamos como si no nos importara frente a la escena instructiva, al precepto moral y económico que nos mostraba cómo se viste, cómo se comporta un hombre en medio de esos personajes que usan casi taparrabo y miran hacia abajo. Puesta ahí para que codiciáramos la imagen, para que entendiéramos que los “aborígenes” serán solo los otros si uno decide ir Yale: aceptado, seguro, conforme y como iluminado viendo al horizonte.
“Established 1950” leímos en el gran sello de la marca, mientras nos desplazábamos hacia nuestros trabajos. No es detalle menor, pues el inglés y la imagen del portador de Yale en medio de los de la fuerza aérea blanca nos colocan en el sitio al que se nos consagra: el servicio. Decimos muy fácil mestizo.
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