(07 de octubre, 2016. Revolución TRESPUNTOCERO).- El periodista Javier Valdez, es contundente al expresar, que sí, en efecto, él piensa en el narco a la hora de escribir una noticia; piensa en el capo, en el jefe, si le va gustar o no, si va a tomar medidas en su contra, con quien de la policía se entiende, y es ahí cuando se sabe que “el narco manda en las redacciones o contamina las redacciones”, afirma.
Hablar de narcoperiodismo, es hacer referencia a distintas expresiones, sin centrarse exclusivamente en periodistas relacionados con el narcotráfico, “en realidad es eso y otras formas. Por ejemplo, yo en Sinaloa no tengo el nivel de opresión que tienen los periodistas en Tamaulipas o en Veracruz, estoy haciendo periodismo bajo un solo cartel, el cártel de Sinaloa, porque no es una zona pugna”, explica a Revolución TRESPUNTOCERO, Javier Valdez Cárdenas, quien recientemente ha publicado su obra: Narcoperiodismo (Penguin Random House, 2016).
El autor afirma que el narcotráfico no permite realizar un trabajo libre, porque se sabe que van a reaccionar de manera violenta, sin embargo, también están aquellos periodistas que son orejas de los narcos, comenta, los infiltrados que están en las redacciones, algunos reciben dinero otros no, quienes lo hacen se involucra mas allá, incluso en actos delictivos, y cita como ejemplo, el poder convocar a un reportero para que acuda a una “reunión”, por medio de engaños, pero en realidad, asistir a un encuentro con el sicario, donde será levantado, golpeado, desaparecido o torturarlo.
Javier Valdez, explica que, son distintos los niveles de penetración del narco, “en general podemos decir que el narcotráfico manda en las redacciones en este país, por ello no existe una libertad de expresión, además quien gobierna no es la autoridad, si no el delincuente, y es quien impone, Tamaulipas por ejemplo, vive una condición de periodismo del silencio, de reportear la nada, reportear el baldío, la oquedad y lo que se publica no tiene nada que ver con lo que está pasando en las calles”.

Para Javier, lo anterior, es hablar de la rendición del periodismo, el periodismo como un oficio en peligro de extinción o en estado de coma, que asegura, es una realidad generalizada, donde el naco está colocando un suelo lleno de cuchillos filosos, de arenas movedizas, donde si te mueves para un lado equivocado te hundes, si eres imprudente en tus coberturas te puedes cortar, te puede pasar algo o te pueden asesinar, “es una condición muy complicada”, asevera.
En Narcoperiodismo, Javier Valdez, narra de manera cruda y directa historias que no solamente tienen que ver con el periodismo, sino con la política, el ser humano débil, ante la brutalidad de un emporio criminal que lo supedita a sus necesidades.
En la obra describe pasajes de mujeres y hombres periodistas que en Tamaulipas, Torreón, Durango, Sinaloa, Veracruz, la Ciudad de México y Jalisco, hacen del duro oficio del periodismo, una lucha incansable por crear conciencia en un país devastado.
Javier habla desde su experiencia sobre el narcoperiodismo que le ha tocado padecer y afirma que, debe tener información de contexto para escribir una nota, saber quién manda en la ciudad, con quien se entiende la policía, “es importante que a partir del contexto se mida la información y ubicar qué parte de ese material no puede ser publicado. Sólo de esa manera sobrevives.
No te quedas contando muertos, no guardas silencio, vas más allá, tratas de contar historias de vida en medio de la muerte, pero hay una parte que tu rasuras, te autocensuras, como una forma de sobrevivencia, de resistencia, para seguir vivo”, asegura.
Además, agrega que, si se pasara esa línea, ya no estaría aquí, porque existe una acechanza implícita del cártel de Sinaloa, “no necesito que me llame y me amenacen como pasa en Tamaulipas, yo estoy amenazado porque vivo en Culiacán, porque ellos mandan, porque reaccionan de manera beligerante, salvaje, entonces tengo yo que mamar esa realidad, conocerla muy bien, caminar despacio con pies de plomo, pero no quedarme callado”.
Aun cuando el margen de publicación es pequeño en Sinaloa, es mayor que el de regiones como Tamaulipas, la única ventaja que tienen en la primer región, es que los pistoleros, sicarios, narcos son de ahí, aunque “es un factor a favor, siempre tienes miedo de vivir ahí, entonces si el terror es tu forma de vida, tampoco hay libertad expresión, yo vivo así y en esas condiciones hago periodismo posible en condiciones imposibles, en Sinaloa”, añade.
Sin embargo, el periodista, quien forma parte de uno de los pocos medios de comunicación que aún mantienen una línea crítica y sin concesiones en el norte del país, Río Doce, comenta que existe información que se queda guardada, pero no por esto se cancela, por el contrario, se espera, a que ese capo que no se pudo mencionar sea detenido o sea asesinado o tenga que huir, para que se publique esa historia, para ellos es importante mantenerla en tregua.
Río Doce, comenta, tiene información archivada, y recuerda que en una ocasión el director del medio, Ismael Bojórquez, dijo que “el 70% de la información que no se publicaba era mucho más grave que la que se publicaba”.

Sin embargo, no por ello las historias que Río Doce publica dejan de ser riesgosas, y atreverse a publicar información que nadie más pública, dice el periodista Javier Valdez, “es una mezcla de locura, de imprudencia, inteligencia, valentía, dignidad, huevos, es demencial, hay gente que nos reclama, que nos dice cómo se atreven, nos aconseja que tengamos cuidado, pero lo que no saben es que lo que nos guardamos es mucho peor”.
El autor, durante la conversación con este medio, recuerda un episodio periodístico de Río Doce, cuando publicaron, que el cártel de Sinaloa había operado para que el actual gobernador ganará la elección, “nosotros escribimos sobre el tema hasta tres veces, los otros medios no lo retomaron, no se mencionó en la tribuna del Congreso del Estado, ningún analista, articulista y/o académico escribió al respecto.
Ningún medio nacional, ni radio, ni televisión retomaron el tema, entonces te quedas solo, desnudo en medio del páramo, y si estás solo, e hiciste lo que hiciste, significa que pueden ir por ti, te van a hacer daño y no va a pasar nada”.
Es ahí cuando no queda más que ir frenando, comenta, ya no solamente se puede pisar el acelerador, pero no por eso se deja de publicar lo que otros medios prefieren ignorar, “esa mezcla demencial, de locura pero también inteligencia, un poquito de colmillo, de sensibilidad, de humanidad es lo que nos hace hacer este periodismo”, señala.
Hoy, los grandes medios tradicionales, están supeditando el periodismo al negocio, añade Javier Valdez, y como está agarrando otros giros, invirtiendo en otros giros de la economía, ya el periodismo lo dejan en segundo o tercer término, siempre y cuando sea negocio, “ya no se habla de periodismo sino de negocios”.
Este tipo de medios, comparte, son controlados por empresarios que no son periodistas, “Río Doce sí, nosotros somos los dueños del medio, nosotros los periodistas dirigimos Río Doce, seleccionamos la información, decimos que se publica, cómo y dónde, a pesar de esta influencia del narco, todavía nosotros podemos movernos en un espacio aunque sea acotado por la criminalidad, pero nunca estamos pensando en hacer periodismo para vender más periódicos”.
Además señala que en Río Doce, “nos damos ese lujo, tenemos ese derecho ha hacer periodismo que cuenta historias, tenemos ventajas, por ejemplo cerca del 70% de los recursos que entran al medio son por venta de ejemplares, es un caso chingonsisimo que incluso debe contarse, porque pocos son los periódicos que tienen ese dinero, y no es porque sea mucho, nuestra plantilla es delgada, pero tampoco es una empresa que esté creciendo, nosotros nos mantenemos en la sobrevivencia”.
Sin embargo, reitera, “nosotros decidimos contenidos en medio de este escenario de violencia, es como un espécimen raro Río Doce, entre tanto mercader, de la muerte, de la guadaña ensangrentada, es como un oasis en medio del desierto”.
Privilegio, que asegura, se logra a punta de chingadazos, así han aprendido a ser empresarios, aunque no les cae ‘el 20’, han aprendido a punta de chingadazos la cobertura del narco, y a punta de chingadazos a resistir, a mantener el medio, “poner los huevos por delante, la dignidad, tenemos una redacción muy dinámica, muy cercana, valoramos mucho el trabajo de los reporteros y hay mucha confianza, profesionalismo y amistad”, afirma el autor.
Los golpes han sido severos, de repente encuentran puertos seguros y de repente han naufragado, hace agua el barquito de papel que es Río Doce, “pero ahí estamos sacándole el agua y fortaleciéndonos como equipo, como periódico, porque lo que menos hacemos es ser empresarios, pero por algo funciona”, puntualiza.
Javier Valdez, regresa a los peligros que implica el narcoperiodismo, y señala que sí, es frustrante, causa impotencia y es triste el tener que guardar información, un ejemplo de esto es la historia de cuando detuvieron a El Chapo, por segunda vez; “yo reconstruí parte de su recorrido por el centro – norte de Sinaloa, Salvador Alvarado, Mocorito, Culiacán, Angostura, ahí hay un capo muy fuerte, que mandó matar a uno de sus hermanos, corrió a toda su familia, por el negocio y estaba buscando a uno de sus sobrinos para matarlo.
Está operando ahí y le han cateado la casa, es un tipo poderosísimo, muy violento, salió en la historia, tengo su nombre y como le llaman pero no pude escribirlo, escribí todo lo demás pero esa parte no, porque si el Ejército, la Marina y la policía sabe que existe y está fortaleciéndose, manda matar a su familia, qué va pasar conmigo y con Río Doce, si yo publico esa parte”.
Así es como el periodismo se vive, describe, como un rompecabezas de sangre, de huesos, de carne, de dolor, de tristeza, de miedo “y tu le quitas piezas, va doler y va dar miedo, pero hay que evadir un poco las balas, la guadaña, al pinche político que también es narcotraficante, que se somete al narco o le hace el trabajo sucio a éste, es algo que nosotros hemos aprendido en el camino, rodando, quebrándonos a veces en el insomnio, el terror y la congoja”, afirma.
Javier comenta que a Narcoperiodismo, le dedicó sus fines de semana por casi un año, donde “correteó” historias, viajó a todos esos lugares, siempre manejando un bajo perfil, en cada sitio tenía ya un plan, a quien ver, donde llegar y a qué hora, asegura, “fue puro tiro de precisión como francotirador, entraba a la escena el crimen en estas regiones, golpeaba, me salía, yo llegue así a lo que tenía que hacer”, cuando escribía lo hizo encerrado, sin vida pública y sin decir dónde estaba.
En cada historia, la realidad fue distinta a la que esperaba. “Entonces te duele porque te estás diseccionando como periodista, viendo el periodismo que hacemos te disecciones, te haces una autopsia en vida y encuentras en el diagnóstico: al narcoperiodismo, narcopolítica, corrupción, mediocridad, pero también valentía, esperanza y arrojo. Sin duda hay desolación, hay un gobierno cómplice o sometido al narco, empresarios que forman parte de otro crimen organizado, junto con el gobierno represor, y siendo crítico, todo ese escenario es espinoso, te enfrentas a una encrucijada.
Por eso, repito casos como el periodismo de Tamaulipas, se convierten en un periodismo en estado de coma, en una redacción sin vida, una redacción en estado vegetativo, pero además no hay opciones o te vas de ahí o te quedas y juegas ese juego, en donde un cartel te habla para que publiques la nota, el otro te llama para que no la publiques y uno más te habla para que la publiques en portada y le pongas foto”, declara el autor.

Sobre el periodismo de Veracruz, lo describe como el que resiste a pesar de la muerte, el que de repente se asoma y dice “aquí estoy vivo”, pero que también está en una encrucijada laberíntica, en un callejón sin salida, aunque, dice, eso representa a todo el periodismo que está sucediendo en México. Cruzados siempre de arriba hacia abajo y de lado a lado, cruzados siempre por el narco y los políticos que están coludidos con el crimen organizado.
“Y Los sacrificables son los periodistas, el dueño de los medios dice yo cuido mis bienes, mi familia, voy a poner escoltas en mi casa, voy a traer un carro blindado, pero no plantea una perspectiva de seguridad para el reportero, ellos siguen en la calle con esta vulnerabilidad espantosa.
Con la misma fragilidad de Rubén Espinosa, esa desolación en medio de la ciudad de México, sin dinero expuesto, dando declaraciones sin ninguna protección y luego con el brazo criminal que lo persigue desde Veracruz, que lo alcanza y lo mata”, explica el periodista.
Pero en medio de ese narcoperiodismo, también se entrelazan aquellos negocios empresariales ‘lícitos”, comenta, que en medio del contubernio, son protegidos por el crimen organizado, entonces, ejemplifica, “ya no puedes escribir en Guadalajara sobre el desarrollo inmobiliario porque ahí están narco, porque ahí está el otro crimen organizado, el de los políticos con los grandes empresarios; el narco fue acotando no sólo la información sobre seguridad pública, sino también información de carácter político, económico, porque ahí chocaban los intereses periodísticos con los empresariales, de dinero sucio y dinero limpio”.
Así es como el narco tiene ahora el monopolio del crimen y también tiene el monopolio de la vida lícita, comenta Javier Valdez, “porque si hay paz en algunas regiones, es una paz narca, es una paz que te dice tres muertos diarios, que te dice no me calientes la plaza, no me estés robando carros, si hay secuestros ve y mata a los secuestradores”.
En cuanto a las fuerzas armadas, Valdez, comenta que el Ejército y la Marina se mueve por intereses regionales y en función de cárteles y coyunturas; agrega que, hay grupos dentro del ejército que están en contra del cártel de Sinaloa, pero hay otros grupos “muy fuertes que trabajan para el cártel de Sinaloa, así se extiende esta nueva aplicación de la ley, se extiende este contubernio con los delincuentes de parte del ejército y de la Marina.
Quienes además son un brazo represor del Estado mexicano, y es que el ejército no solamente sirve para proteger al narco, sino para acallar protestas, ya vimos lo que pasó en Ayotzinapa, el ejército está bajo sospecha, se involucran en asesinatos, en tortura, en ejecuciones extrajudiciales, en cateos ilegales, robos, violaciones de mujeres y hombres, entonces el ejército es también el delincuente sólo que uniformado”.
Dice que, como parte de esta situación decadente también el ejercito avanzó al abismo rápidamente. “En cuanto al gobierno federal yo creo que en general es un gobierno cómplice, corrupto, es un narco gobierno, si es omiso o no para mí es igual, no está el Estado mexicano. No le interesa la aplicación de la ley, no le interesa investigar, no hace investigaciones sobre desapariciones, tampoco destierra a los delincuentes, como tampoco le interesa que niños y jóvenes sigan siendo el alimento, el insumo, la fuerza de trabajo de los cárteles”, añade.
Además señala, que un periodista que habla sobre está grave problemática, no está a salvo en ninguna parte del país, tampoco lo está un ciudadano, “si te metes con el narco el ejército va a aprovechar para hacerte daño y dirá que tú te metiste con el narco, por eso te pasó lo que te pasó.
También debemos ver a los políticos, nuestra clase política es hija del narco, intolerante poderosa, represora sin cultura de medios, cínicos, en los ochentas y noventas todavía les importaba lo que se publicaba, ahora no les importa, no les preocupa que los critiques, pero si te van a responder”, añade el periodista.
Porque asegura, que México tiene una clase política muy pobre en términos de preparación, de legalidad, de humanismo, de servicio público. Al mismo tiempo, no ve una sociedad que acompañe al buen periodismo, al valiente, a los que están en resistencia. Por lo que ahora la tendencia es justificar la muerte. Y luego echarle la culpa al muerto, revictimizarlo, no se investiga homicidas, se investiga al muerto. Y en realidad lo mataron porque era valiente, porque estaba luchando, porque se defendió, “pero nosotros no queremos sufrir y nos explicamos las cosas de manera criminal”, asevera.
A su vez, señala que a Río Doce le han tocado severas críticas, “por parte de otros medios, que en lugar de investigar si es cierto o no, cuestionan lo que publicamos en lugar de ir al lugar de los hechos a preguntar si eso que nosotros publicamos sucedió. Replican el discurso oficial para ahogarnos, asfixiarnos como medio crítico y se olvidan de su oficio, ya no se diga de la solidaridad, porque no se trata de eso, se trata de profesionalismo, de ser éticos, le hacen el trabajo sucio al gobierno y ponen en duda nuestro trabajo, pero no ponen en duda el del gobierno, es increíble”.
Lo que no preocupa a Río Doce, puesto que el equipo sigue haciendo periodismo, nunca les han respondido, lo cual, considera, es la mejor respuesta. Así, el autor de Narcoperiodismo, señala que “en el escenario nacional siempre habrá narco-política, y está determinando el trabajo periodístico en el país, la ausencia de libertad expresión, la sangre en las redacciones, el imperio criminal en las notas no el criterio periodístico, sino el de ellos, mandan en la cobertura de todo tipo de hechos ya no sólo los violentos.
Por eso debemos realizar una refundación del periodismo, ojalá que mi libro sea punto de partida, una especie de puente que llegué al ámbito social, a los académicos, hace falta un ejercicio autocrítica. No se puede hablar de narcoperiodismo si no se habla también de resistencia, hay un periodismo que resiste, el periodismo digital, emergente, viril, es lo que está marcando en buena medida ahora el periodismo mexicano, fuera de los intereses de la publicidad oficial, aunque también muy vulnerables, sobreviviendo pero dando muestras de valentía y de heroicidad”.
Javier Valdez señala que, la sociedad también debe acompañar a este buen periodismo, de lo contrario “estamos aplicando esta condición de vulnerabilidad, de fragilidad, de precariedad del periodismo en México”.


