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El son jarocho, música que se hace en comunidad

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(25 de enero, 2014).- “Un encuentro no es una fiesta”, decía tras bambalinas uno de los conferencistas que dieron inicio al 2º Encuentro de Son Jarocho con el que el Centro Nacional de las Artes (Cenart) celebra su vigésimo aniversario.

La frase no tenía una connotación negativa sino, más bien, casi nostálgica. Porque el son jarocho inmediatamente remite a la alegría del fandango, esa fiesta con música, danza y poesía que, como bien repitieron los ponentes a lo largo de las conferencias, está pensada para compartir.

El encuentro abrió con tres conferencias que retomaron temas relevantes sobre la cultura jarocha, desde sus construcciones antiguas de inspiración indígena y africana, hasta las celebraciones más recientes que incluyen elementos tradicionales y aportaciones de las personas de distintas regiones y costumbres que llegan hasta el fandango.

El arquitecto Francisco García Ranz se enfocó en la arquitectura de la región de Sotavento (conformada por distintas zonas de Oaxaca, Tabasco y Veracruz). Si bien fue difícil encontrar un vínculo directo entre los materiales y las técnicas constructivas locales con el son jarocho, sirvió como un parteaguas para navegar con el espectador en las aguas saladas y dulces que colindan con los pueblos donde ha tenido un auge esta música ya conocida a nivel mundial.

Samuel Aguilera, abogado, músico y versador, fue enfático al aclarar que, si bien las tradiciones del son jarocho se pueden explorar en la historia antigua de la región sotaventina, dichas tradiciones no se mantuvieron presentes todo el tiempo en todos los poblados y, por el contrario, fue en las últimas décadas en las que tuvo un auge, una especie de rescate por parte de jaraneros y personas interesadas en la difusión cultural.

En Tuxtepec, municipio oaxaqueño que tiene frontera con Veracruz, la tradición del son jarocho presenta dualidades que bien podrían retratar algunos de los problemas sociales comunes de la zona. Para Samuel Aguilera, originario de dicho municipio, en las festividades locales en donde está presente el son hay dos tipos de divisiones: la primera, entre la clase baja que ha luchado por ganar espacios para la difusión del fandango y de sus elementos tradicionales, y la clase alta que se ha encargado de borrar paulatinamente de sus festejos cualquier rasgo indígena o negro, empezando por los mismos exponentes del son jarocho y los bailes tradicionales que, en su mayoría, comienzan a poblarse por personas de tez blanca.

La segunda división se da por la localización geográfica de Tuxtepec: entre la defensa de la identidad local por parte de los más conservadores, y la xenofobia cotidiana en comunidades pequeñas, aún existen personas que se debaten entre si el son jarocho debe o no pertenecerle también a esta región oaxaqueña. Aguilera aclara: no todos los jarochos son veracruzanos, ni todos los veracruzanos son jarochos.

Es, de hecho, gracias las aportaciones de las personas de las distintas comunidades que el fandango ha permanecido y hasta evolucionado, al paso que evolucionan las tradiciones locales. En eso coinciden Samuel Aguilera y Joel Cruz Castellanos, músico del grupo Los Cojolites.

Joel habló sobre los colectivos que se han formado en la región del Sotavento, con el fin de rescatar y promover el son jarocho y, al mismo tiempo, construir comunidades más sólidas. Contra ese esquema individualista que se hace común en las culturas de la globalización, los jaraneros y versadores tratan de reconstruir el tejido social mediante clases de música, fandangos caracterizados por ser inclusivos y respetuosos, y acciones que puedan construir un cambio en los ciudadanos.

Sin embargo, en esa tarea, músicos de distintas zonas que solían trabajar en solitario, e incluso estar enemistados con personas de otras comunidades, han necesitado replantearse sus propósitos frente a la falta de apoyos gubernamentales. Ahí, fieles a los principios del son jarocho, han limado asperezas y trabajado en conjunto para poder llegar más lejos.

Al evento asistieron entusiastas del son jarocho, además de músicos y expertos del tema. Contra esa idea de que el encuentro no es una fiesta se fue luchando durante casi seis horas, lenguaje mediante, mientras los espectadores conocían elementos típicos de las diferentes culturas que dan vida al son.

El 25 y 26 de enero, a partir de las 14 horas, habrá distintos conciertos de son jarocho. Cualquiera puede unirse a la fiesta en la Plaza de las Artes del Centro Nacional de las Artes. Para más información consulta el cartel del evento.

 

 

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