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El Principito, en dos lenguas indígenas mexicanas

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Por: Enrique Legorreta y Carlos Bauer

Twitter: @enriquelego3_0 y @CarlosBauer3_0

 

El 6 de Abril de 1943, Antoine de Saint-Exupéry, aviador y escritor, publicó su ópera prima, El Principito, un libro que se ha convertido en uno de los mayores clásicos de la literatura infantil, aunque la profundidad y la calidad literaria de la obra trascienden esta categoría, muchas veces erróneamente considerada “literatura fácil”.

El Principito es reconocido como una de las fábulas más significativas que el mundo literario ha legado a la humanidad, además de ser el libro no religioso traducido a mayor cantidad de lenguas. La novela narra la historia de un pequeño príncipe que, a través de sus aventuras por varios planetas, plantea metáforas sobre el mundo de los adultos, contrastando su yerma vida emocional con la aparente sencillez de una sabiduría “infantil”.

En el último año, México ha sumado dos lenguas a la universalización de la obra que se hizo emblemática por pasajes como la revelación que el pequeño príncipe recibe de un zorro: “He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos”.

Ra zi ts’unt’u dägandä (literalmente, “El muchachito gran jefe”) es el título que le dio Raymundo Isidro Alavez a su traducción de la obra de Saint-Exupéry al hñähñu, lengua hablada por  300,000 habitantes de los estados de Hidalgo, México, Guanajuato, Querétaro y Puebla. “Príncipe” es un concepto que no existe en la lengua hñähñu, por ello Isidro Alavez tuvo que buscar una traducción que conservara la idea que quiso transmitir el autor y al mismo tiempo cobrara sentido en la lengua de los lectores. “Planeta” o “asteroides” son otros conceptos que la lengua del centro de México no registra, por lo que la traducción fue un reto no sólo técnico, sino de la comunicación intercultural.

Ahora en la lengua totonaca también se puede leer El Principito, que en este idioma hablado en los estados de Puebla y Veracruz se titula  Waxa’aktsúPúxku’. Esto se logró gracias al trabajo de Pedro Pérez Luna, profesor de educación bilingüe del estado de Puebla, quien realizó la traducción con el propósito de acercar esta obra a sus estudiantes.

Pérez Luna tardó alrededor de un año en llevar a cabo la traducción de El Principito ya que, como Raymundo Isidro Alavez, necesitó una ardua labor para traducir no sólo las palabras sino también el espíritu de la obra a una lengua y una cultura tan distantes de las originales: “Pues precisamente traducir no consiste solamente en sustituir las palabras del idioma fuente por las del totonaco. Las palabras se combinan de manera diferente en cada idioma, así como las ideas, que también se expresan de maneras distintas”. En esta labor afirma que recibió una inestimable ayuda de sus amigos.

Dentro de las más de 200 lenguas a que ha sido traducida esta obra de Saint-Exupéry están el maya peninsular, el kaqchikel de Guatemala y el toba del norte argentino.

Ahora, el profesor Pedro buscará conseguir los permisos del gobierno francés para publicar su traducción y tratará de que inversionistas participen en el proyecto para que se logre su difusión.

 

Pedro Pérez Luna El Principito totonaca

Foto: Carlos Pacheco Parra / Notimex

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