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El régimen espía que rompimos

Extraña "dictadura" en la que el "dictador" ordena desmantelar sistemas de espionaje.

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El viejo régimen que no pudo convencer, intentó someter a sus gobernados por todos los frentes. De esta forma, lanzó sus tentáculos espías hasta la invasión de la intimidad; al borde de la asfixia y persecución de todo aquél que representara un potencial peligro para la “estabilidad”.

Ése es el retrato del régimen espía que decidimos romper por completo.

Y es que en días recientes nos hemos sumergido en un escándalo internacional: el viejo régimen autoritario hizo de México un campeón en espionaje ilegal. Ningún otro país en el mundo, incluyendo dictaduras o teocracias en Medio Oriente, espió tanto a sus periodistas, líderes sociales y adversarios como priistas y panistas en el poder. 

Qué vergüenza pero al mismo tiempo qué saludable que se haya desenmascarado el verdadero rostro del autoritarismo cuya paternidad hoy desconocen pero ejercieron a rajatabla.

Solo del capítulo más reciente, hoy sabemos que el peñismo gastó, nada más en un contrato para adquirir Pegasus, 32 millones de dólares de recursos de todos los mexicanos con el fin de asaltar la privacidad de los disidentes y tomar el control de sus teléfonos inteligentes y entrometerse en cada una de las llamadas y mensajes de Whatsapp y Telegram de las víctimas.

Para colmo, quien contrató ese programa nocivo fue el torturador y prófugo de la justicia, Tomás Zerón, el mismo que fabricó las pruebas para forzar la “verdad histórica” del caso Ayotzinapa.

Por supuesto que cuestionados en su momento, los líderes del viejo régimen -que tenían la facilidad del “deslinde”- negaron todo. Como el expresidente Enrique Peña Nieto quien en funciones, el 23 de junio de 2017, aseguró que todo era percepción pero no realidad: “a veces nos sentimos espiados, yo mismo como presidente”.

Por lo pronto, en este 2021 los datos sobre las penosas prácticas de vigilancia ilegal apenas comienzan a ser revelados. De acuerdo a información presentada por el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), Santiago Nieto Castillo, empresas relacionadas con sistemas espionaje recibieron, por contratos con diversas dependencias (de 2012 a 2018), depósitos por más de 5 mil 900 millones de pesos. Contratos que se vencieron en diciembre de 2018 y afortunadamente no fueron renovados.

Hace apenas unos días, otra investigación de Contralínea, reveló que Felipe Calderón, el cínico, también compró Pegasus y gastó la estratosférica cifra de 8 mil millones de pesos para operarlo. Un proyecto de espionaje que fue destinado a la Secretaría de la Defensa Nacional, pero “desde el primer momento” se utilizó para hurgar a líderes sociales, políticos y periodistas.

Por eso, el expresidente panista, ausente en el debate de los temas que le competen, le debe una explicación a los mexicanos, y sobre todo a su esposa Margarita Zavala, quien públicamente ha manifestado su rechazo a la violación de los derechos humanos con sistemas espías.

Peor aún, hoy sabemos que Genaro García Luna, extitular de la extinta Agencia Federal de Investigación (AFI) y de la Secretaría de Seguridad Pública Federal  fue uno de los arquitectos del espionaje contemporáneo y quien se convirtió en proveedor de tecnología y softwares espías mediante una red de empresas que operó en los gobiernos de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

Pero la desconfianza y necesidad de vigilar a propios y extraños, permeó en todos los niveles. Los gobernadores se contagiaron por igual del autoritarismo y se pusieron a espiar como aquel juego de “lo que hace la mano hace el de atrás”. Por poner unos ejemplos, el gobernador de Jalisco Enrique Alfaro reveló que la entidad posee un equipo de espionaje denominado “Galileo” que funciona igual que Pegasus y fue adquirido por 263 millones de pesos en la administración anterior pero que su gobierno supuestamente no utiliza: “Le pedí al fiscal lo guardara e inhabilitara”, dijo Alfaro. ¿Le creemos?

El propio exgobernador de Guerrero, Zeferino Torreblanca, acusa públicamente de espionaje a otro exgobernador de la entidad, el perredista Ángel Aguirre. Y qué decir del sistema de espionaje que montó el exgobernador panista en Puebla, Rafael Moreno Valle, que fue evidenciado por diversas investigaciones periodísticas.

Claro que esto ya se convirtió en el juego de la papa caliente. Miguel Ángel Osorio Chong, exsúper secretario de Gobernación, a cargo del Cisen y Policía Federal asegura que ellos no espiaban “con motivos políticos” y todo lo hacían con una  orden judicial. “Se trabajaba obviamente en el marco de la ley y con órdenes judiciales, solo así”. El problema es que, al igual que a Alfaro, no hay motivos para creerle. 

En días recientes el propio AMLO ha demostrado que fue objeto de un espionaje y vigilancia extrema, desde los tiempos de Miguel Nazar Haro,  extitular de la extinta Dirección Federal de Seguridad, bajo la presidencia de José López Portillo, hasta el peñismo.

La propia Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del presidente padeció el acoso y escribió: “El gobierno quebrantó sistemáticamente nuestros derechos… Por fortuna, lo ha declarado el actual presidente, ya no se realizan violaciones a la ley. Quienes nos han espiado, miren la paradoja, no reciben el mismo trato”.

Pues extraña “dictadura” en la que el “dictador” ordena desmantelar sistemas de espionaje y promete, si es necesario, una supervisión internacional que certifique que los sistemas tecnológicos no se utilizan ilegalmente contra los ciudadanos.

También en esto AMLO está “destruyendo todo lo bueno” que tenían algunos en la cumbre del poder… hasta el sistema de espionaje piensa arrancarles de las manos.

Extraña dictadura en la que el “dictador” ordena desmantelar los sistemas de espionaje que atentan contra la dignidad humana y las libertades que se deben garantizar en cualquier democracia.

Pero ahora se dimensiona con mayor profundidad lo que sucedió en 2018. Los del viejo régimen tenían todo el control político, económico y un férreo sistema ilegal para utilizar en nuestra contra, la información personal. Administraban la información pública y mediática, mientras acosaban a la disidencia. Con todo y ello, no les alcanzó. Fue la sociedad la que decidió romper esos diques autoritarios.

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