Por: Valentina Pérez Botero
Twitter: @vpbotero3_0
Mientras el mundo se preguntaba si Kim Jong-un detonaría oficialmente la tercera guerra mundial en la península coreana, los tours de un día que parten de Seúl, la capital de Corea del Sur, a la Zona Desmilitarizada (DMZ) con Corea del Norte, nunca se detuvieron.
La atracción turística conjuga a los tres principales involucrados en la crispación del mundo: Corea del Norte, el último régimen estalinista hereditario, del que los turistas aspiran a tener un destello; Corea del Sur, de donde parten y se organizan los tours, y Estados Unidos, acusado por Corea del Norte de conspirar en su contra y dueño de la agencia USO, la empresa más popular para llevar a los turistas a la frontera.
Lo anuncian como una reliquia de la guerra fría: visitar el último país que representa esta tensión histórica y la línea fronteriza más militarizada del mundo. Los turistas pagan de 80 a 100 dólares por un tour de un día que incluye la visita a sitios de relevancia histórica en el camino, como a uno de los cuatro túneles que los norcoreanos construyeron para ingresar a Corea del Sur bajo la excusa de que eran mineros de carbón.
Las empresas turísticas enfatizan: “Podrás mirar a un oficial norcoreano directamente a los ojos”, ver su organización, uniforme y conocer la historia de cómo Corea ha estado dividida desde hace más de 60 años.
La necesidad de crear una zona que amortiguara el abismo ideológico que separa a la península, generó una zona vacía de actividad humana constante que ha permitido la creación de reservas naturales y santuarios de la biodiversidad, que los turistas también visitan.
Desde que a finales de marzo el joven líder norcoreano decidió enfatizar que Corea del Norte y Corea del Sur –junto con su aliado EE.UU.-, no han dejado de estar en estado de guerra desde la perspectiva de su país, Kim Jong-un movilizó misiles y la tropas militares. Más de 20 días después de las declaraciones del mandatario, la comunidad internacional busca que China, aliado de Corea del Norte e interesado en que EE.UU. no recupere la porción de Corea que colinda con su país, presione al jefe máximo norcoreano para que modere sus amenazas.
En el intervalo entre que las palabras amenazantes se concreten, los turistas siguen visitando lo que se explota como una “rareza” por un operador turístico estadounidense -el más importante- en territorio surcoreano.


