(26 de abril, 2016. RevoluciónTRESPUNTOCERO).- En su último informe, el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) dio a conocer que hubo lesiones en al menos 17 personas que fueron procesadas. Las heridas, dice el documento, se realizaron antes, durante y después del arresto, lo que supondría evidencia de tortura; sin embargo, las irregularidades de los exámenes médicos, falta de evidencia y la no aplicación del Protocolo de Estambul, dejan sólo indicios que hubo tratos inhumanos o tortura, pero la afirmación no es clara.
Inclusive, expertos que asistieron al GIEI, refirieron que el Estado mexicano excluyó la tortura de los informes que dio.
En tres informes de Mecánica de Lesiones, entregados por autoridades mexicanas y que el GIEI reproduce, no se encuentra tortura, puesto que las lesiones se dieron durante la detención. Sin embargo, esa medición no es acompañada de una entrevista con el procesado, por lo que deja de lado algunas valoraciones que podrían determinar si hubo tortura.
A esto se suma que en los exámenes médicos no hubo fotografías de las lesiones y en las pruebas psicológicas no se le preguntó a los detenidos si habían recibido malos tratos. Es decir, que en los papeles, en lo técnico, el GIEI no pudo hallar a simple vista tortura. Pero halló indicios en todas las irregularidades y en sus visitas a los presos.
En el estudio llamado “Evaluación del conjunto de informes médicos de lesiones en personas detenidas” el GIEI y un equipo independiente de expertos en temas de tortura determinaron que de 80 detenidos, 77 por ciento “mostraban lesiones y frecuentemente cuadros de policontusión con lesiones traumáticas de distinta intensidad y localización”.
De los 80 detenidos, se analizaron sólo 17 casos por considerarse de importante perfil dentro de la investigación. Entre ese universo, cinco personas pertenecían a los inculpados relacionados con la llamada “verdad histórica” que centra la línea de investigación en el basurero de Cocula Guerrero.
Varios inculpados denunciaron tortura en el Ministerio Público e incluso el GIEI pudo constatar heridas cuando visitó las cárceles federales. Pero las autoridades mexicanas no dieron fe de dichas denuncias, ni tampoco aplicó el el Protocolo de Estambul.
Por ejemplo, el informe detalla que la mayoría de lesiones se efectuaron en la detención; sin embargo, hubo policías que se entregaron de forma pacífica.
Indicios de tortura
En el estudio de tortura a detenidos del GIEI, se consultaron a grupos de pares: expertos independientes, miembros del Consejo Internacional de Rehabilitación de Víctimas de Tortura (IRCT, por sus siglas en inglés).
“El IRCT concluye, de las transcripciones hechas en el estudio, que habrían existido indicios suficientes que los detenidos podrían haber sufrido tratos crueles, inhumanos o degradantes o tortura, indicios que deberían haber desencadenado una investigación conforme con los estándares de diligencia establecidos por la normativa internacional de protección de los derechos humanos”, refiere el documento del GIEI.
¿Entonces hubo tortura? Las conclusiones del IRCT no fueron del todo claras porque “la calidad de los informes médicos realizados sería baja, razón por la cual éstos no podrían ser utilizados como garantías efectivas para la documentación de eventuales tratos crueles, inhumanos o degradantes o tortura en los casos señalados”.
El estudio toma punto de partida en documentación preparada en diferentes instancias estatales, consistente en declaraciones ministeriales, informes médicos, documentos de puesta a disposición, evaluaciones psicológicas y documentos de mecánica de lesiones realizados en instalaciones de la Marina, la Procuraduría General de la República (PGR) o Centros Federales de Rehabilitación Social, respecto de 17 personas detenidas en el caso Ayotzinapa.
O sea, todos los documentos donde existen irregularidades, según el GIEI y los expertos del IRCT. Incluso en el documento refiere las autoridades mexicanas, de diferentes niveles, realizaron informes de evaluaciones de lesiones y no exámenes médico-legales, necesarios para determinar si lo que había en documentos era consistente a los hechos relatados.
“En los 17 casos analizados, habría conclusiones notoriamente discrepantes frente a descripciones equivalentes. Excluir tortura de este modo, afirmando que las lesiones sí corresponden a las hechas de manera necesaria propias por actos de sometimiento, inmovilización y traslado de personas con forcejeo y resistencia, aplicándose la fuerza, no es consistente con la aplicación de una investigación diligente sobre los indicios de malos tratos o tortura”.
Por ejemplo, Jonathan Osorio Cortez, “El Jona”, dijo en su declaración que se lastimó al intentar huir, pero esas lesiones no fueron reportadas por la Marina. En una segunda revisión, ocho horas más tarde, presentó 14 heridas.
“Las heridas se produjeron mientras se encontraba bajo custodia de las fuerzas de seguridad”, dice el informe del GIEI, el cual agrega que 12 horas después de su detención, “El Jona” bajó a cuatro lesiones.
A 38 horas de su detención, Osorio Cortez presentó cinco lesiones.
“Es decir, las lesiones se produjeron después su detención y no en el momento de la misma, según el análisis de las evidencias recogidas en el informe del médico de la Marina y los posteriores de médicos de servicios periciales de la PGR. Además, mientras el detenido se halla bajo custodia, en los sucesivos informes médicos se recogen nuevas lesiones que aparecen en diferentes lugares y características, por lo que no pueden corresponder a evolución de las consignadas anteriormente”, refiere el documento.
En el caso de Agustín García Reyes, “El Chereje” en su detención sólo se reportó un moretón; siete horas después presentó 30 lesiones; nueve horas después el detenido señaló que las lesiones se provocaron al momento de la detención, y no se vuelve a presentar lesiones en el informe; horas más tarde, el inculpado declaró que fue torturado; casi 40 horas después, se reportaron 7 nuevas lesiones; y días después se señalan nuevas lesiones; al paso de dos semanas, las autoridades mexicanas señalaron que ya no había lesiones.
Irregularidades como esas son las que se evidencian en el expediente del GIEI; sin embargo, no se logró determinan de forma contundente si hubo tortura o no.


