En 2017, 11 periodistas asesinados, dos antes fueron desaparecidos, uno de ellos torturado; “la diferencia de Afganistán y México es que el primero acepta y acribilla de frente”

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(03 de noviembre, 2017. Revolución TRESPUNTOCERO).- Para muchos en occidente y los países periféricos leer o escuchar de Afganistán es entender: “Sangre, bombas, descuartizados”. Causando un efecto de indignación y rechazo hacia ese país y otros del Medio y Próximo Oriente.

Posiblemente porque se ha mostrado al mundo imágenes como la del chico de menos de 8 años con un cigarro o de las hermanitas con armas. Entonces el mundo grita: “Afganistán ¡qué barbarie! ¡Están locos!”. Sin embargo ahí se vive una guerra abierta. Los militares, los civiles y Estados Unidos saben que existe y aunque no hay igualdad de condiciones en cuanto a armamento saben quién es enemigo de quién es aquel conflicto bélico sin fin.

Ahí se vive una guerra sucia, donde se conjuntan el siglo pasado y el presente reflejado en las estrategias y el tipo de armamento, donde predomina como es lógico la fuerza de Estados Unidos, un invasor por naturaleza, que desde siempre ha hablado abiertamente y sin falsedad de el poder que tiene sobre aquel territorio reflejado en sus miles de Marines.

Ahí hay una guerra donde usan drones, pero también metro a metro, calle a calle, en zonas puntuales la muerte se atraviesa entre fuegos cruzados y bombas. En México la mayoría de esas escenas se viven, pero la diferencia, a decir por expertos en el tema (entiéndase víctimas, familias de víctimas y organizaciones defensoras de derechos humanos), el gobierno lo niega en los discursos y lo demuestra en las calles con las armas de las fuerzas armadas y los delitos del narcotráfico.

Entre 2006 y 2016, 930 periodistas fueron asesinados en todo el mundo, según indicó la Unesco. Solo el año pasado, 102 periodistas fueron ejecutados, indicó la Organización de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Siendo Afganistán y México los que destacan como los países más peligrosos: en cada uno de estos dos países murieron 13 periodistas.

Cabe señalar que de acuerdo a la Unesco, tan solo el diez por ciento de los casos entre 2006 y 2016 fueron resueltos. Además se registró una tendencia ascendente en la proporción de periodistas locales asesinados: en 2016 supusieron el 94 por ciento de las víctimas.

En tanto, durante 2017 reporteros, fotoreporteros, jefes de información, editores o conductores de espacios informativos, “son periodistas a los que la autoridad ha permitido que el único rastro visible sea el de la impunidad”, señala Articulo 19, al indicar que en lo que va de este año, 11 periodistas han sido asesinados. Dos de ellos antes fueron desaparecidos, uno de ellos fue torturado.

“Es la misma cifra que la del año pasado. Estos dos años representan los más letales para la prensa en México. La impunidad prevalece en el 99.6% de los crímenes contra periodistas, de acuerdo con cifras de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE)”, informa.

Sobre la problemática, la especialista en conflictos bélicos, Sara Parraverde señala a Revolución TRESPUNTOCERO, “la diferencia entre Afganistán y México es que el primero acepta y acribilla de frente (no significa que esto esté bien), mientras que en el segundo la violencia se cubre con dádivas miserables, o discursos de la vieja escuela priista bajo el cometido que nada violento que incluso pase frente a los ojos del ejecutivo existe. Todo es negado y todo puede ser atribuible al narcotráfico y cuando se cuestiona que no se logre detener a éste, entonces llegan los falsos positivos.

Hacer justicia a las familias o víctimas tampoco es opción, porque es aceptar que sí existe, sí lo hacen y sí sigue pasando. Estados Unidos aquí también ha invadido y desde hace décadas visualiza un México con Marines en las calles, poco a poco ha ido preparando ese escenario, como un claro ejemplo el Plan Mérida. Y es que con o sin muro, con o sin el rechazo de Trump, México no está consiguiendo independencia, sino un mayor control, la manipulación continuará (dependiendo del presidente en el poder mexicano), pero ahora sin migrantes”.

Los fuegos cruzados, incluso ahora las bombas, los atentados, suceden en ambos países, la impunidad también, señala la especialista. “Años atrás en Medio Oriente se hablaba del respeto a la prensa extranjera, hoy eso no existe, en México jamás ha habido esto ni para los extranjeros ni para los connacionales, sin embargo allá sí se habla de muertes por ser periodistas. Aquí te inventan que fue un asalto, que ‘estabas en malos pasos’, que seguro querían secuestrarte, que incluso porque ‘había un conflicto sentimental’, pero jamás o casi nunca se puede aceptar que es por la profesión que se ejerce.

Y si ese periodista no trataba temas de seguridad, pero sí de política y de vez en vez cuestionó a cierto funcionario, difícilmente se hablará que fue ejecutado por cumplir con su deber para con la sociedad. En Afganistán los políticos no amenazan a los periodistas como en distintas entidades mexicanas se ha observado que ediles golpean e insultan y además amenazan públicamente a periodistas, ‘luego porque los matan’, les dicen con tanto cinismo, porque el oficio aunque es uno de los más importantes del mundo, es donde el periodista (con referencia a los que tocan temas incómodos y por ello peligrosos) vive en la constante orfandad”, puntualiza.

Sin investigaciones efectivas, la impunidad es un mensaje hacia los agresores: en México se puede matar a un periodista y no pasa nada, afirma la organización internacional. Quien este 2 de noviembre, en el marco del Día Internacional para poner fin a la Impunidad en los Crímenes contra Periodistas, ARTICLE 19 recordó y exigió verdad y justicia para Cecilio Pineda, Ricardo Monlui, Miroslava Breach, Maximino Rodríguez, Javier Valdez, Jonathan Rodríguez, Salvador Adame, Edwin Rivera, Luciano Rivera, Cándido Ríos y Edgar Daniel Esqueda.

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