En asamblea priistas planearon masacre y a quiénes matar primero; nos dijeron que si nos convertíamos a su partido no moriríamos; si no, nos moriríamos ahí mismo: Sobreviviente

- Anuncio -

(27 de noviembre, 2017. Revolución TRESPUNTOCERO).- Durante seis y siete horas, niños, mujeres, hombres, ancianos, toda una comunidad indígena sufrió la concentración del horror (que había venido viviendo en meses y años anteriores) de lo que ha sido capaz de perpetrar el PRI como gobierno durante todos los sexenios en el poder: las masacres más cruentas de la historia de México.

Durante todo ese tiempo en Acteal, Chiapas los perpetradores tuvieron control total de la comunidad, mientras las víctimas vieron como sus seres queridos eran asesinados y se escondían en medio del terror.

El testigo Vicente Luna, dijo: “Para nuestra desgracia, todos los niños comenzaron a llorar y gritar, y fue entonces cuando nos descubrieron y nos comenzaron a hacer disparos directos. Mientras tanto, yo ya me había movido más hacia abajo y sólo estaba en espera de que una bala me perforara pues era espantoso sentir y oír los disparos y silbidos de bala, que era prácticamente una lluvia.

Cada disparo de sus armas parecía dejarme sordo a ratos. Oía detonaciones leves y unas muy fuertes que hacían eco en mis oídos. Huía descalzo y brincando sobre rocas en donde me golpeaba muy duro sobre las piedras, así, permanecimos en ese lugar por mucho tiempo, mientras pedíamos y orábamos a dios de que no lanzaran bombas o algo que nos matara”.

Por su parte, Juan Vázquez dijo: “Los paramilitares eran priístas. A nosotros nos piden que nos involucremos en el partido PRI, entonces nosotros no queremos eso, por eso nos echaron la culpa que por eso vinieron a matar a las personas”.

Los atacantes ingresaron a la iglesia donde la comunidad de Acteal oraba, “empezaron a matar a los compañeros que estamos ahí reunidos y así murieron, Don Alonso Vázquez vio cómo mataron a su mujer, la vio morir y él dijo: Dios mío perdónalos a ellos porque no saben lo que hacen, pero ya también estaba muriendo”, declaró Diego Pérez Jiménez.

La masacre de Acteal fue una gravísima y constante violación a Derechos Humanos, porque aún cuando finalizó la violencia, se continuó con los daños. Según el relato de diferentes personas que intervinieron y el análisis del acta de levantamiento de los cadáveres, así como muestran las circunstancias, horario y condiciones en que se llevó a cabo, se alteró y no se protegió la escena del crimen, los cadáveres fueron apilados antes de la llegada del equipo forense y no se recogieron las evidencias necesarias para investigar un hecho de la brutal tragedia.

Tres años habían pasado desde aquel 1994, cuando México vivió una de sus peores crisis sociales, política y para finalizar la económica estalló; para 1997 la organización indígena Las Abejas, habían iniciado diálogos para lograr la paz del conflicto armado que pese a haber transcurrido la mitad del sexenio del priista Ernesto Zedillo, no tenía solución.

Grupos paramilitares, conformados por militantes del PRI, señalado por testigos dentro de las investigaciones hechas, comenzaron a presionar al grupo de Las Abejas para dejar de lado el diálogo y unirse al partido en el poder, bajo amenaza que de no hacerlo, serían violentados. Ante la negativa el resultado fue la masacre de Acteal, que dejó como saldo: 45 personas asesinadas, entre ellas niños y mujeres asesinadas.

Luego de 23 años de la masacre, el Doctor Carlos Martín Beristain, quien formó parte del Grupo de Expertos Interdisciplinarios Independientes (GIEI), que se dedicaron a investigar la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, realizó un análisis psicosocial de la masacre de Acteal, documento en poder de Revolución TRESPUNTOCERO, en donde da cuenta del impacto colectivo de dicha tragedia, con base en testimonios nunca antes dados a conocer y otros datos que no salieron a la luz, en aquellos años.

En Acteal: Resistencia, verdad y memoria, se da cuenta que Las Abejas recibieron numerosas presiones y amenazas por parte de grupos priístas y grupos paramilitares que se estaban formando en la región, para que dejaran de promover la paz. Tratando de forzar su adherencia al PRI.

El testimonio de Juan Vázquez es solamente uno de los varios que dieron cuenta cómo los presionaron para pertenecer al PRI, al grado de amenazarlos con que de no hacerlo, sería su culpa el que hubieran asesinatos.

“Tanto los testimonios de testigos clave y sobrevivientes de la masacre de Acteal recogidos en el expediente judicial unos días después de los hechos, como las personas entrevistadas para este estudio, muestran relatos reiterados y coincidentes de dicha coerción contra Las Abejas para que colaborasen, tanto económicamente como a través de trabajo forzado para dichos grupos, y las amenazas cuando se dio el rechazo a participar”.

Antonia Pérez, una sobreviviente, indica, “cuando nos encontraron los paramilitares, estábamos reunidos en la iglesia de Tzajalucúm. Los priístas nos dijeron si salíamos de Tzajalucúm y nos convertíamos en priístas, entonces no moriríamos. Nos decían que nos fuéramos a Pechiquil a organizarnos, pues si no, nos moriríamos ahí mismo.

Los priístas nos decían esto mientras nos mostraban sus armas. -Antes- los paramilitares llegaban a robar casas, mataban pollos, y nos obligaban a cocinar. Si no aceptábamos, nos metían a la cárcel o nos amenazaban de asesinarnos. Cuando estábamos como prisioneros en Pechiquil, llegó la prensa, pero los paramilitares no querían que nosotros diéramos nuestro testimonio.

Los paramilitares organizaron quién iba a dar su palabra entre los ahí presentes. Juan [su hijo] dio su palabra ante la prensa y se dieron cuenta los priístas; entonces los priístas pensaron qué acciones iban a tomar en contra de Juan. Pero Juan se escapó y se vino por veredas hasta llegar por Acteal”.

Un acompañante del caso, indica que la raíz del problema es que los priístas los obligaban a que cooperaran para comprar armas; era la estrategia que estaban utilizaban los priístas y los que no entraban en ese acuerdo, creían que era zapatista.

Entonces así se empezó a generar el conflicto interno, y el que no cooperaba lo metían a la cárcel o quemaban sus casas para después obligarlo a ser un desplazado. “Esto estaba avalado por los funcionarios porque los policías recibían instrucciones, por eso actuaban libremente sabiendo que estaban respaldados”, señaló Marcelino Hernández Gómez.

A partir de mayo de 1997 que la situación en la zona empeoró y se llevaron a cabo numerosos asesinatos y amenazas a las comunidades. Si bien dichos hechos afectaron también a comunidades priístas o algunos de sus líderes, la violencia se desarrolló sobre todo contra sectores considerados zapatistas y contra los integrantes de Las Abejas de diferentes comunidades, se señala.

El 27 de mayo de 1997 se publicó en los diarios la noticia de una balacera ente zapatistas y priístas en Unión Yaxgemel, Chenalhó, lo que provocó desplazamiento de indígenas de ambos grupos refugiados en comunidades aledañas, y donde el profesor Cristóbal Pérez Medio fue asesinado.

Según la información proporcionada por el Frayba, para el estudio, el 26 de mayo integrantes del grupo Las Abejas se entrevistaron con el Presidente Municipal, Jacinto Arias Cruz, para hablar sobre el problema en Yaxgemel, a lo que éste respondió que pronto llegaría el ejército para “exterminar al EZLN de la región”, pues ellos eran quienes promovían las agresiones. En una reunión que se llevó a cabo el 30 de agosto, miembros de Las Abejas dijeron que no querían más problemas, ni más muertos, pero no fueron escuchados.

Cabe señalar que Las Abejas no compartía la idea del EZLN de enfrentar al gobierno por medio de las armas, esto porque era un grupo pacífico y un proyecto muy cercano a la Iglesia y que era acompañado por la Diócesis de San Cristóbal de Las Casas. Sin embargo, se había señalado que no podían estar de lado de la violencia del gobierno.

La masacre de Acteal, como se ha presentado, no fue un momento fortuito, desde inicios de aquel 1997 se habían intensificado los ataques puntualmente sobre Las Abejas. “Entonces ya estaba muy fuerte la acción de grupos paramilitares, habían: asesinatos, desplazamiento, quema de casa, quema de ermitas, y con la postura del gobierno de querer manejar esto como un conflicto interreligioso, intercomunitario y obviamente también Las Abejas queriendo encontrar una salida pacífica a la situación de violencia a la que estaban siendo sometidas, aceptaron tener dialogo con el gobierno […] era un pacto de no agresión, pero las únicas que estaban siendo violentadas de esta manera eran Las Abejas no la otra parte”, declaró Blanca Martínez
Bustos, Ex directora del Frayba.

Las víctimas siempre fueron Las abejas, por ser un grupo de paz, que la única labor que mantenía era buscar la tranquilidad y seguridad de las comunidades indígenas, el cese al fuego y a las ejecuciones, lo que les costó que los masacraran a final de aquel año. Fue el 19 de diciembre que el diálogo con el gobierno se rompió, derivado de la situación de violencia que nunca cesó y por el contrario fue en aumento, con los ataques armados y quema de casas.

“La reacción de Las Abejas a dicha ruptura fue ponerse de acuerdo para hacer oraciones, mantenerse en su posición no violenta y fortalecer su respuesta colectiva. Para ello llevaron a cabo tres días de oración y ayuno 20, 21, 22 en Acteal ‘por la paz de nuestras comunidades y de todos’. Pero el día 22, mientras estaban en la ermita de Acteal se llevó a cabo el ataque y la masacre en Acteal”, de acuerdo con un documento de Frayba.

Durante el alzamiento de 1994, el cual fue durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, de acuerdo con lo mencionado en el documento, la estrategia fue pactar con los alzados, la cual se terminó a la llegada de Ernesto Zedillo, quien “rompe con Salinas y asume una estrategia distinta así como en éste, en otros muchos temas y decide hacer una contrainsurgencia, de desgaste contra los zapatistas y contra todo aquel que simpatice con ellos, incluidas comunidades como en el caso de Las Abejas en el Municipio de Chenalhó que no eran prozapatistas ni simpatizantes de los zapatistas pero que no se habían dejado manipular.

Toda esta estrategia fue muy cruel por agua, por tierras, un puente, por comida, por dinero, empezaron a enfrentar a las comunidad es entre sí, y al mismo tiempo hubo una estrategia del Gobierno de darles manga ancha a grupos muy crueles como Máscara Roja, como los Chinchulines, que fueron grupos que fueron entrenados por el Ejército, financiados por el gobierno estatal y el gobierno federal”.

Así es como la violencia fue clave entre los meses de mayo, septiembre, octubre y noviembre de 1997 como antecedentes a la masacre de Acteal. Entre ellos, están: “Identificación por parte de diferentes personas de líderes de grupos priístas para militares que eran conocidos, algunos incluso reconocidos como familiares por sobrevivientes de la masacre, con descripción del tipo de armas utilizadas de grueso calibre y de uso militar.

De acuerdo con el EXPEDIENTE 224/97 TOMO I (Derivado de Averiguación Previa 596/II/97) Foja 406, el testimonio de Fernando Pérez Arias, indicó que: “Se sabe que las armas las adquieren por medio del presidente municipal de Chenalhó y se llama Jacinto Arias Cruz, este se las envía por medio de camiones que llevan alimento para los niños, y que en los camiones esconden las armas, repartiéndolas posteriormente a todas las comunidades priístas y que sabe y le consta lo anteriormente dicho, porque él ha visto como esconden las armas, siendo éstas: UZI, cuernos de chivo, pistolas calibre 45, calibre .38, rifles M-1.

Sabe que cuando llegan los soldados a revisar a las comunidades, esconden las armas, y que sólo las sacan cuando van a agredir a otras comunidades, normalmente el armamento lo esconden enterrándolo en el campo y que también es su deseo manifestar que una vez que los soldados se retiran de las comunidades antes enunciadas, los dirigentes de las comunidades, sacan las armas, para posteriormente robar a las comunidades aledañas, robando café, aparatos eléctricos, zapatos o diversos objetos, dinero, y posteriormente queman las casas, siendo estas de personas que son perredistas o no son simpatizantes del PRI”.

Por su parte, el sobreviviente Juan Vázquez Luna, reseña que se dio cuenta cómo se organizaron los paramilitares, días antes de la masacre. Dijo que dispararon al aire en varias ocasiones. “Yo sentía mucho miedo porque querían matar a las personas. El que no se quiere involucrar en el partido PRI”.

El documento afirma que la presencia del Ejército y la Seguridad Pública, era en un contexto de guerra contrainsurgente, “era evidente y suponía un control territorial especialmente de la carretera al lado de la cual se encuentra Acteal. Entre San Cristóbal de Las Casas y Polhó había cuatro campamentos militares y además había fuerzas de Seguridad Pública en muchos lugares, incluyendo cerca de Acteal”, indicó la abogada Martha Figueroa Mier.

Pese a que antes de la masacre, ante la ola de violencia perpetrada se entregó al entonces secretario de Gobernación, Emilio Chuayffet, un informe de lo que sucedía en la entidad, siendo el Obispo Raúl Vera López quien se entrevistó con el priista para hablarle de la situación, esto no provocó algún cambio, ni siquiera un intento de evitar lo que sucedería en diciembre de aquel año.

Tres semanas antes de la masacre, el nivel de amenaza sobre la comunidad fue aumentando, lo que también intensificó el miedo y la sensación de desprotección de la comunidad. Por otra parte los asesinatos en comunidades vecinas especialmente contra opositores políticos habían sido también denunciados. Cuatro días antes de los hechos mortales, se perpetró un asesinato en Acteal.

El sobreviviente, Diego Jiménez, declaró: “Yo recibí amenaza de los paramilitares antes de la masacre, por eso salí de mi casa se quedaron todas mis cosas; mi caballo, gallinas, todas mis pertenencias”.

Después regresó con algunos de sus compañeros, “con miedo porque habían disparos, fuimos a sacar mis cosas, mi caballo, mi gallinas. Pero ya habían roto la ventana de mi casa y ya habían entrado y pues ya no encontré nada, ya lo habían sacado todo”.

Cabe señalar que por miedo a morir, algunos integrantes de Las Abejas obedecieron a los militantes del PRI, quienes los obligaron a robar las casas. De acuerdo con el testimonio de José Méndez, “en la reunión en Quextic del 21 de diciembre, los paramilitares les dijeron: ‘Ustedes, los que no tienen arma, tienen que ir ustedes. Ustedes van a robar las cosas, tenemos que tener listos los camiones en la cancha. Ustedes van a robar, nosotros vamos a tomar armas.’ Así pusieron el acuerdo en la noche.”

“Entonces los que llegaron a Chimix (Las Abejas) también ahí dieron multa otra vez de 5 mil 500 pesos cada uno”. Eran seis los integrantes que habían intentado ayudar a otros compañeros a liberarse de la zona donde estaban los priistas pero ya no lo lograron. “Ahí los obligaron a quedarse en el PRI, les dijeron: ‘Ya no van a seguir en su organización. Las Abejas están obligados a quedar en el PRI y tienen que dar multa. Ahí levantaron un acta que ya todos van a quedar en el PRI.”

En el EXPEDIENTE 224/97 TOMO I (Derivado de Averiguación Previa 596/II/97). Foja 414 testimonio RAMIRO PÉREZ PÉREZ, 25 diciembre 97, San Cristóbal de Las Casas, versa cómo se planeó la masacre, como primer punto, los militantes del partido en el poder, durante una asamblea se informó cómo robaban el café, el segundo punto planearon a quiénes iban a matar y los primeros eran los zapatistas y luego la sociedad civil de Acteal.

“Para que se realizara dicha operación dijeron que sería el día 22 de diciembre, terminándose dicha asamblea a las 10 de la noche del día 21 de diciembre y que una vez terminada dicha asamblea, a ninguno de los presentes les dejaron irse a sus casas, porque iban a salir muy temprano todos a llevar a cabo la matazón en Acteal y robar las casas vacías”.

Según todas las informaciones de testigos de los hechos y la información oficial (Recomendación 1/1998 CNDH), el ataque a Acteal empezó alrededor de las 11horas del 22 de diciembre de 1997 y se prolongó hasta las 17 – 18 horas. Aproximadamente a la misma hora en que se iniciaba el ataque, las autoridades de la Secretaria de Gobierno conocían ya la existencia de incidentes ya que enviaron una patrulla a la zona desde Majomut a las 11 horas que regresó a la 13 horas, reportando que “no había ningún incidente, mientras ya se estaba dando la masacre”.

Según refiere el informe de la CNDH, a las 11 horas, habitantes de Acteal se trasladaron al destacamento de Seguridad Pública ubicado en las proximerías de esa comunidad y reportaron que se escucharon disparos en la zona a las 14 horas.

Además, una persona referida como “el telefonista” de Acteal acudió al mismo destacamento y manifestó que los disparos continuaban. Es decir, la comunidad afectada y los sobrevivientes trataron de detener el ataque avisando a las autoridades, mientras se estaba produciendo la masacre.

Sin embargo, “los elementos de Seguridad Pública tuvieron conocimiento de los hechos pero omitieron intervenir en defensa de los habitantes de Acteal”.

Con la publicación de este documento se da cuenta, más de 20 años después que, las fuerzas de Seguridad Pública, se encontraban a una distancia de 2 kilómetros, es decir a 4 minutos por carretera y pudieron auxiliar a los heridos, detener a los agresores o evitar la masacre.

Se señala también que “frente a la pasividad e indolencia manifestada por la actuación del Estado, se permite pensar que la masacre se planeó por los agresores a sabiendas que la población se encontraba inerme y no habría respuesta de las autoridades del Estado”. Además señala la falta de colaboración de autoridades en el esclarecimiento posterior de los hechos.

Aquel 23 de diciembre de 1997, “los funcionarios del gobierno permanecieron en la escena del crimen una o dos horas, acompañados por 150 efectivos de la policía. Sin embargo, no se realizó ninguna investigación de la escena del crimen, ni un estudio fotográfico de la zona, ni recogida de pruebas, ni protección del lugar”.

- Anuncio -spot_img

MÁS RECIENTE

NO DEJES DE LEER