(19 de abril, 2015).- Wolfgang Peters, ex tripulante de un barco alemán Hamels, describió en una carta enviada a sus familiares, que era prisionero en un campo de detención en México y las condiciones eran insalubres y de exclusión:
“Aquí sólo vemos desde el patio muros de 60 metros de alto, y el cielo. Después, principalmente, ¡¡¡nada de agua potable, y ya hemos tenido tifo!!! Hay aquí algunas fotografías del campo de concentración en ‘Arauca’, Estados Unidos. Allí viven mejor que en una colonia de una gran ciudad. Pero nosotros aquí, dicho en buen alemán, vivimos en un ¡¡¡CHIQUERO!!! La mitad de los internados padece del corazón o de enfermedades del estómago; el resto, de otros achaques. Un enfermo de verdad muere, pues ningún médico se preocupa por él (…) En tiempo de aguas hace un frío terrible y la lluvia se mete por todas partes”.
En la misma carta, el prisionero relata un caso de una persona que falleció por falta de atención médica:
“Un interno, marino, se golpeó la cabeza contra el piso, hace dos años, al jugar futbol. La herida le fue suturada por el médico de aquí, un mexicano. A fines de enero de este año, cayó enfermo y se quejaba de dolores de cabeza y de malestar. Así estuvo este individuo aquí dos semanas, sin que se preocupara por él ningún médico. Por presión de sus compañeros de cuarto fue trasladado al hospital más cercano en Jalapa, donde fallece después de una semana. Pusimos el grito en el cielo y nuestro jefe de campo, el capitán, nos dijo: “Yo no sabía que el difunto estuviera tan grave”.
Además, todas las cartas que enviaban los presos a sus familiares en Alemania, eran interceptadas y abiertas por el Departamento de Censura del Gobierno mexicano. Aquellas que consideraban que eran ofensivas a México, simplemente eran destruidas.
El interno Wolfgang Peterse relató a su familia que de 31 cartas que había escrito en dos años, ninguna había pasado la censura del Gobierno.
En México existió un campo de detención para concentrar a presuntos espías nazis de Alemania, historia poco conocida del país. El lugar se ubicó en Perote, un municipio rural de Veracruz en el sureste y funcionó entre 1942 y 1945.
Durante la Segunda Guerra Mundial México peleó contra los países del Eje: Italia, Japón y Alemania. Razón por la cual se creó una estación migratoria que finalmente se convirtió en prisión, donde fueron encerrados ciudadanos de esos países.
El principal delito atribuido a algunos casos fue la violación de leyes mexicanas, sin embargo la mayoría no habían cometido delitos, según han documentado académicos e historiadores. Y tampoco está claro si algún espía fue verdaderamente encarcelado.
Sin embargo a México sí fueron enviados una buena cantidad de espías de buen nivel, profesionales a establecer un centro de avanzada en México. Según el periodista Juan Alberto Cedillo, hubo una gran presencia de operadores del Tercer Reich en el país.
Cedillo asegura que Adolf Hitler parecía obsesionado con el país incluso antes que iniciara la Segunda Guerra Mundial. Una de las razones era el petróleo que Alemania e Italia compraban para sostener su ejército y fuerza aérea.
El abastecimiento se puso en riesgo en 1938, cuando el gobierno del entonces presidente Lázaro Cárdenas nacionalizó la industria de hidrocarburos. Fue entonces que el ejército alemán envió al país a un equipo especial para asegurar el envío de crudo a Europa, explica Cedillo.
Sin embargo el petróleo no era el único interés de los miembros del Eje, también les interesaba conocer el respaldo que Estados Unidos daría a Inglaterra y asegurar el respaldo hacia Alemania de funcionarios, militares e intelectuales mexicanos.
Según Cedillo la entrada de espías alemanes se facilitó porque “a los militares mexicanos les fascinó la marcialidad, el uniforme, lo que se conocía de la maquinaria de guerra de Hitler”. A decir por el periodista un elemento importante fue la actriz Hilda Krueger.
Quien se relacionó con la clase política mexicana, especialmente el entonces secretario de Gobernación, Miguel Alemán. Sin embargo, el panorama empezó a cambiar cuando Estados Unidos entró en la guerra. Y se complicó aún más cuando México se incorporó al conflicto armado en 1942. La Casa Blanca presionó al gobierno del entonces presidente, Manuel Ávila Camacho, para impedir el espionaje de los aliados del Eje, así como cancelar las ventas de crudo a Europa.
Y una de las primeras acciones de las autoridades mexicanas fue establecer el centro de detención en Perote, Veracruz, donde se concentraron unos 500 ciudadanos japoneses, italianos y alemanes.
Oficialmente no se trató de una prisión, y el sitio tenía incluso espacios deportivos, aulas y servicio médico. Pero a la mayoría de los allí concentrados no se les permitió salir hasta el fin de la Guerra, en 1945.


