En Hidalgo no vendía fierros ni reparaba cerraduras. Elías “C” tenía un taller donde no salían llaves, sino armas. Y ahora, después de una investigación bien armada y un proceso sólido, ya no hay tornillos ni taladros: hay una sentencia condenatoria de nueve años y dos meses tras las rejas.
El caso fue trabajado por la Fiscalía General de la República (FGR) a través de la Fiscalía Especializada en materia de Delincuencia Organizada (FEMDO), y es un ejemplo de lo que pasa cuando la ley se aplica con fuerza y sin rodeos.
Del taladro al penal
Todo comenzó en febrero de 2023, cuando la Policía Federal Ministerial, apoyada por el Ejército Mexicano, ejecutó un cateo autorizado por un juez en Pachuca de Soto, específicamente en la colonia Lomas de la Plata. Allí fue detenido Elías “C”, quien tenía bajo su control 531 cartuchos, 14 cargadores y dos armas de fuego.
Pero eso era apenas la punta del iceberg. Con esa misma orden, las autoridades intervinieron otro inmueble en la carretera Tula–Refinería, en Tula de Allende, donde el hallazgo fue más que revelador: piezas para armas, una memoria USB con forma de bala, maquinaria especializada, laptop, taladro de banco, lijadora industrial y varias cajas y bolsas con componentes de armas.
¿Taller clandestino? Más bien una fábrica ilegal de armamento camuflada en plena zona urbana.
Pruebas, proceso y sentencia
El Ministerio Público Federal (MPF) no dejó cabos sueltos. Aportó pruebas sólidas, peritajes, evidencias físicas y digitales. Resultado: el Juez del Centro de Justicia Penal Federal en Hidalgo dictó sentencia condenatoria por los delitos de:
- Posesión de armas de fuego, cartuchos y cargadores de uso exclusivo del Ejército, Armada y Fuerza Aérea
- Fabricación de armas de fuego sin autorización
- Transmisión ilegal de la propiedad de armas de fuego
Elías “C” purgará su condena en el Centro de Readaptación Social de Pachuca de Soto. La fábrica quedó desmantelada, y el camino de los fierros ilegales, detenido.
Este caso demuestra que sí se puede desactivar el mercado ilegal de armas desde el origen: la fabricación. No solo se trató de decomisos aislados, sino de una cadena que fue rota con trabajo de inteligencia, cateo legal y pruebas contundentes.

