Txus/ Ciudadsomnolienta.org
A casi diez días de la ocupación de Gezi, la gente sigue yendo y viniendo y viviendo en el parque; sigue la música, sigue la gente bailando y cantando y tomando; jóvenes y adultos leen periódicos en los jardines o afuera de sus casas de campaña, leen libros o panfletos de organizaciones de izquierda o de partidos políticos; la biblioteca ya está casi vacía comparada con la primera noche que empezó a funcionar; las parejas se abrazan en medio de sueños comunes, se besan cuando están despiertos; la basura, corrijo lo que escribí anteriormente, no es problema para la ocupación: parece que han logrado sacarla exitosamente: no hay grandes acumulaciones ni en el parque ni en las inmediaciones. El parque y la plaza parecen una comunidad sustentable y orgánica, algunos hasta la han comparado con la Comuna de París, y sin embargo, si la gente comienza a bajarse del tren este, por usar una analogía conocida, todo se puede venir abajo en menos de dos días.
El primer ministro, Erdogan, según medios internacionales, ha seguido su discurso provocador y divisorio. En una acción que demuestra un claro autoritarismo, dicen varios medios independientes que ha mandado a investigar a un imán que le ha contradecido en declaraciones hechas el día de ayer, en las cuales afirmaba el PM, como para incitar a su base electoral religiosa, que, durante las noches de violencia en Beşiktaş, muchos de los manifestantes tomaron cerveza dentro de la mezquita de Dolmabaçe, la cual también sirvió como refugio médico para los civiles heridos durante los enfrentamientos. El imán de la mezquita, no obstante, ha dicho en un comunicado que no era cierto esto: que ninguno de los que ahí estuvieron bebieron cerveza en el tempo. Y por decir eso parece ser que lo han removido, hasta ahora temporalmente, como imán del lugar.
El ambiente de Taksim y Gezi es, por lo general, relajado y festivo, sin embargo, en lo personal, me parece sospechoso, a veces contraproducente para el movimiento, también, por ese simple hecho. En algún lado leí que Erdogan ha dicho que la forma en que van a “aplastar” a los opositores del AKP es en las próximas elecciones, que se llevarán a cabo, si mal no recuerdo, en siete meses. A decir verdad, creo que es bastante hábil decir eso: si el AKP demuestra a través de votaciones que tiene el apoyo de la mayoría de la población turca, de varias maneras deslegitimaría al movimiento de ocupación de Gezi, me parece, en la arena de la política formal internacional. La gente que ha creído en este movimiento (y en estos tipos de movimientos) seguirán apoyándolo, claro, pero las instituciones se verán obligadas a aceptar las consecuencias democráticas de las votaciones, con todas las fallas de representación y ética que éstas puedan tener.
Desde hace dos días corre la noticia, aunque no la he podido comprobar, de que seis policías se han suicidado desde que comenzaron las protestas; esto, dice lo que he leído, a causa de las mismas (recién leo, después de subir este post, que la policía turca admite cuatro suicidios, pero los deslinda de las protestas de Gezi). También hay un vídeo en la red en donde se puede ver a un policía disparándole a un manifestante a quemarropa para después huir de la escena. Dicho manifestante está herido de gravedad y puede ser que muera en el hospital donde se encuentra, no recuerdo en qué ciudad, pero no en Estambul; el oficial, por su parte, ni siquiera ha sido identificado.
Por otro lado, donde parece ser que siguen los enfrentamientos bastante fuertes es en el barrio de Gazi, al norte de Estambul, debido, según El Mundo, a los conflictos de su población aleví y la historia antagónica que tiene esta “secta” con el gobierno. Según el mismo articulo, ya van cinco noches sin tregua en el barrio de Gazi.
Una cosa en la que apenas he caído hoy es en una observación sobre los cajeros automáticos (ATM) parcialmente destrozados a lo largo de la avenida Istiklal y la plaza de Taksim. Digo parcialmente destrozados porque básicamente sólo sus pantallas no funcionan: están rotas o pintadas. La observación es la siguiente: los cajeros automáticos están ahí, casi intactos, con todo el dinero que puedan tener dentro, y nadie ha hecho para saquearlos. Imagino en México una situación parecida y no dudo, ni me sorprendería, que algunos listos encontrarían la forma de sacar los billetes de dentro, aunque fuera a golpes. El hecho de que no pase esto en Gezi habla del tipo de gente y el tipo de movimiento que se ha formado. No quiero pecar de inocente, así que no supondré que los cajeros automáticos siguen ahí por que a nadie se le ha ocurrido robarlos, pero creo que los dispensarios de dinero continúan intactos porque intentar robarlos sería muy mal visto, condenado por el resto de la comunidad ahí reunida. Recuerdo que la última vez que quemaron un carro hubo varias personas gritándole a la multitud que por favor no hiciera eso, que era eso precisamente lo que no necesita la ocupación.
Dicho esto, en el centro de Taksim hay un cajero automático color blanco y rojo que tiene destrozada la pantalla y no parece importarle a nadie: todo mundo pasa por ahí y nadie le hace caso. Qué gran victoria para Taksim: nadie le hace caso.


