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“Ana” y “Joaquín” se hospedaron en un hotel al norte de la CdMx; jamás imaginaron que durante las siguientes 12 horas estarían secuestrados y vivirían los momentos más angustiantes de sus vidas

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(16 de junio, 2021. Revolución TRESPUNTOCERO).- Una noche de abril, Ana y Joaquín* se hospedaron en un hotel ubicado al norte de la Ciudad de México, cuando ingresaron al lugar jamás imaginaron que durante las siguientes 12 horas estarían privados de su libertad y que sus familias serían víctimas de extorsión.

La pareja de jóvenes llegó al lugar alrededor de las 10 de la noche. En la recepción tomaron sus datos y les asignaron una habitación. Estando en ella, Joaquín y Ana recibieron una llamada del mismo hotel, en las que les pidieron más datos personales, como sus números celulares y los de sus familiares, y les dijeron que no podían abandonar el cuarto ya que fuerzas federales realizaban un operativo en el inmueble, para rescatar a una persona secuestrada.

También comentaron que iban a cortar la línea en el teléfono de la habitación, por razones de seguridad. Asustado, Joaquín brindó la información requerida y colgó.

Minutos después, ambos recibieron una llamada en sus celulares. Con el mismo pretexto del supuesto operativo, la persona al otro lado de la línea les ordenó meter un código, el cual bloqueó los dos teléfonos para hacer llamadas y solo podían recibir de un número.

De esta forma, los jóvenes quedaron totalmente incomunicados y a merced de quienes decían ser los encargados del hotel y las autoridades.

Entre las 11 de la noche y las 2 de la mañana, Joaquín y Ana recibieron varias llamadas telefónicas. La primera de ellas fue una videollamada para Joaquín, en la que le pidieron mostrarse ante la cámara junto con Ana bajo el pretexto de confirmar que ellos no eran los secuestradores que buscaban. Ana recibió otra llamada en la que le pidieron más datos personales.

En todo momento, los jóvenes cooperaron creyendo aún en la versión inicial, aunque con el paso de las horas las dudas sobre el supuesto operativo aumentaron, ¿por qué tendrían que quitarles la señal de sus celulares? y ¿por qué no se escuchaba ruido en los pasillos del hotel?

Pasadas las 2 de la mañana, Ana y Joaquín decidieron salir de la habitación y bajar a recepción. Cuando estaban por abordar el elevador, Joaquín recibió otra llamada en la que le advirtieron que si intentaban bajar matarían a ambos y les ordenaron regresar a su habitación. En ese momento supieron que se trataba de un secuestro, pero las víctimas eran ellos y evidentemente no había ningún operativo de rescate.

El criminal al otro lado del auricular advirtió a Joaquín que los tendrían vigilados por las cámaras de los pasillos y por el personal del hotel. Para comprobarlo le dijo que volteara a su lado derecho, el joven lo hizo y observó que a unos metros había un ‘empleado de limpieza’ que vigilaba sus movimientos y portaba una pistola.

La pareja regresó a la habitación y al mismo tiempo, los extorsionadores comenzaron la comunicación con sus familiares. En las siguientes horas, Ana, Joaquín y sus respectivas familias, pasaron los momentos más angustiantes de sus vidas.

Un delito al alza en México

En los últimos años, el delito de extorsión en México se ha diversificado y multiplicado, principalmente los casos relacionados con llamadas telefónicas, que por lo regular provienen de celulares ubicados al interior de centros de reclusión.

De acuerdo con información de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) y del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), tan solo en el primer trimestre del año, a nivel nacional, se han registrado mil 995 extorsiones, con un incremento mensual de casos. En enero fueron 552 denuncias, en febrero 639 y en marzo 804.

En lo que corresponde a la Ciudad de México suman 126 denuncias de extorsión en el mismo periodo, siendo marzo, el mes con más casos, con un total de 65 extorsiones. Por otro lado, los delitos contra la libertad personal, que incluyen las diversas modalidades de secuestro, el rapto y el tráfico de menores, ascienden a 4 mil 829 casos a nivel nacional durante el primer trimestre del año. En la Ciudad de México, suman 509 casos en el mismo periodo.

Durante las 12 horas que estuvieron en el hotel, Ana, Joaquín y las familias de cada uno, fueron víctimas de los delitos antes mencionados.

Luego de la amenaza de muerte si intentaban escapar, a eso de las 3 de la mañana, los jóvenes recibieron otra llamada en la que los extorsionadores se identificaron como integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación y les advirtieron que “no le jugaran al fregón” ya que los pasillos estarían vigilados, no solo por uno, sino por varios sujetos armados. Desde ese momento la pareja siguió todas las órdenes de los criminales.

Cinco horas después, a las 8 de la mañana, los supuestos secuestradores les dijeron que llamarían a la madre de Ana e indicaron a la joven la versión que debía dar, algo totalmente distinto a lo que estaba sucediendo. Los extorsionadores también estarían en la línea.

“Mi mamá recibió una llamada de un número desconocido, al contestar reconoció la voz de mi hermana, ella le dijo que estaba bien pero que unos sujetos que se identificaron como policías de investigación los habían ‘levantado’ a ella y a su novio, para comprobar que no eran malas personas”, relató Cristina*, hermana de Ana.

Cuando la mamá de la joven preguntó las características de la camioneta y de los sujetos, uno de los extorsionadores contestó y dijo que si querían volver a ver sana a su hija deberían hacer todo lo que él dijera.

De manera agresiva e intimidante, nuevamente el sujeto se identificó, ahora ante la familia de Ana, como integrante del CJNG y exigió la cantidad de 250 mil pesos para dejar libre a la pareja.

Al saber que se trataba de un secuestro, la madre puso el altavoz y grabó la conversación. En la plática pidió una hora al presunto criminal para reunir todo el dinero que le fuera posible.

La familia se movilizó y avisaron a los padres de Joaquín, quienes de inmediato acudieron al Ministerio Público más cercano para denunciar el hecho.

El mensaje que les salvó la vida

En la actualidad, México padece las consecuencias de años de programas o estrategias de seguridad, implementadas por el gobierno federal y locales, que resultaron insuficientes o ineficaces para combatir y erradicar la violencia.

Uno de los sectores más vulnerables por los malos resultados en seguridad, es el de las mujeres. De enero a marzo de 2021, a nivel nacional, se han registrado 234 feminicidios, siendo marzo el mes con más casos: 92.

Si bien, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha emprendido acciones para contener y acabar con cualquier tipo de violencia contra la mujer, en algunas entidades, delitos como los feminicidios y las violaciones siguen al alza.

Es el caso de la Ciudad de México. Cifras de las autoridades capitalinas revelan que en el mes de marzo los feminicidios aumentaron un 85% con relación al mismo periodo de 2020, al pasar de 7 víctimas de feminicidio a 13.

Mientras que las violaciones pasaron de 146 en marzo de 2020 a 205 casos en marzo del presente año. Estos datos fueron parte del Informe de la Alerta por Violencia contra las Mujeres en la CDMX, presentado a finales de abril.

Ante este panorama, las mujeres tanto de la capital, como del resto del país, han adoptado medidas de prevención para evitar ser víctimas de algún delito. Una de las acciones, es compartir constantemente su ubicación con familiares o amigos.

La persona de confianza de Ana es su hermana Cristina. Siempre que sale con su pareja o amigos suele mandarle su ubicación, más si se trata de un lugar desconocido. En medio de la desesperación y la angustia, Cristina revisó los últimos mensajes intercambiados con su hermana una noche antes, y afortunadamente ahí estaba la ubicación del hotel.

Cristina avisó a sus padres, pero antes de salir de la casa los extorsionadores marcaron nuevamente para saber si ya tenían la cantidad exigida. Ellos pidieron un poco más de tiempo, sin mencionar nada sobre la posible ubicación.

Revolución TRESPUNTOCERO tuvo acceso a los audios de las llamadas de extorsión a la familia de Ana.

En cuanto colgaron la llamada, los padres de Ana se dirigieron al hotel, ubicado a unas tres cuadras de la Calzada de Guadalupe, en la alcaldía Gustavo A. Madero.

Por su parte, la familia de Joaquín seguía con los trámites de la denuncia, aportando todos los datos necesarios para la investigación.

Al llegar al hotel, poco antes de las 10 de la mañana, el padre de Ana se dirigió a la recepción y preguntó por su hija. El encargado en turno aseguró que no había ninguna persona registrada con ese nombre. Molesta, la familia exigió que les mostraran los videos de las cámaras de seguridad.

Cuando el personal del hotel estaba por mostrar las grabaciones, Ana apareció en la recepción pidiendo ayuda. Ahí se encontró con su familia y fue el final de la pesadilla.

Las últimas horas de encierro

Entre las 8 y las 10 de la mañana, mientras las familias de Ana y Joaquín se movilizaban para rescatarlos, los jóvenes siguieron siendo amedrentados por los extorsionadores.

Ana relató a Revolución TRESPUNTOCERO que alrededor de las 9 de la mañana, uno de los criminales llamó a Joaquín y le ordenó salir de la habitación y tocar de puerta en puerta, hasta que alguna otra pareja le abriera para repetir el mismo proceso.

El joven pasó media hora así. Cuando por fin abrieron en una habitación, Joaquín les dijo que había un operativo en el hotel para rescatar a una persona secuestrada y entregó su celular para que la nueva pareja siguiera las indicaciones de los extorsionadores.

En todo momento, a la distancia, una persona armada vigiló que Joaquín obedeciera las órdenes. Luego regresó a la habitación y encontró a Ana llorando. En el tiempo en el que él estuvo ausente, los extorsionadores le hicieron una videollamada y la obligaron a desnudarse para que mostrara tatuajes y marcas en la piel. Unos minutos después hicieron otra videollamada para efectuar el mismo proceso con él.

Las imágenes de sus cuerpos servirían para continuar la extorsión con sus familias.

Finalmente, casi a las 10 de la mañana, cuando sus familiares ya estaban en la recepción, los extorsionadores llamaron a Ana y ordenaron que, sin colgar el teléfono, los dos salieran del hotel y se dirigieran al Oxxo. En este punto, la familia tiene dos hipótesis. La primera, es que la orden de ir a la tienda de conveniencia era para que obtuvieran una tarjeta en la que la familia depositara el dinero que exigían por el rescate. La segunda teoría es que los hicieron salir porque el personal del hotel avisó a los criminales que la familia de Ana ya estaba en el lugar.

Los jóvenes obedecieron y cuando avanzaban hacia la recepción, Ana vio al guardia de seguridad del hotel y por instinto le pidió ayuda a gritos, diciendo que los querían matar. Fue en ese momento que sus padres la escucharon, salieron de las oficinas de la recepción y se encontraron con ella. En ese mismo momento, los extorsionadores colgaron la llamada.

Ya juntos, los jóvenes y sus familiares salieron inmediatamente del hotel, sin pedir más explicaciones. Lo único que Ana y Joaquín querían era abandonar ese lugar.

Afuera, pidieron ayuda a los primeros policías que vieron, quienes les dijeron que su denuncia no procedería pues “solo hubo daño psicológico y no se depositó el dinero”.

La respuesta del Ministerio Público a la familia de Joaquín fue similar, solo les ayudaron a identificar el número de los extorsionadores. Resulta que todo el tiempo, las llamadas se hicieron desde el interior del Reclusorio Sur.

“Lo importante es que los encontramos a salvo. De las autoridades tuvimos muy poca ayuda, y los encargados del hotel en todo momento nos dijeron que no sabían qué estaba sucediendo (…) Nosotros pensamos en que hay complicidad entre las tres partes, no puede ser posible que personal de limpieza del hotel, esté armado”, comentó Cristina.

La hermana de Ana también platicó que un trabajador del Ministerio Público les comentó que no era la primera vez que denunciaban un delito así en esa zona.

¿Un nuevo modus operandi?

Al tratarse de un caso ocurrido en los límites de la Ciudad de México con el Estado de México, Revolución 3.0 consultó a las autoridades de ambas entidades para conocer si tenían identificada esta modalidad de extorsión.

En el caso del Edomex, fuentes de la Fiscalía relataron que hace más de año y medio atendieron algunos casos de extorsiones en hoteles ubicados al oriente de la entidad, cerca de Texcoco.

Dicha extorsión consistía en lo siguiente: los criminales se ponían en contacto con una persona a la cual amenazaban diciendo que si no seguía sus instrucciones harían daño a su familia.

Por temor, las víctimas cedían, entonces los extorsionadores les ordenaban entrar al primer hotel que vieran y tomarse fotos que comprobaran que estaban dentro de una habitación.

Esas fotos eran reenviadas por los delincuentes a las familias fingiendo el secuestro de su ser querido y exigiendo un monto para su liberación.

Al atender las denuncias de esos casos y hacer las investigaciones correspondientes, las autoridades mexiquenses descubrieron que las llamadas siempre eran hechas desde un penal, y que el personal del hotel no sabía que la persona se había hospedado en contra de su voluntad, para ellos solo era un cliente más que alquilaba una habitación.

Un modus operandi similar al del caso de Ana y Joaquín, con la diferencia de que en CDMX los delincuentes esperaron a que los jóvenes entraran por sí solos al hotel.

En tanto, las autoridades capitalinas mencionaron a este medio algunos casos de extorsiones ocurridos en hoteles en el último año.

Uno de los más sonados ocurrió a mediados del año pasado contra personal de salud. En ese entonces, el gobierno de la CDMX emprendió un programa que consistía en brindar hospedaje gratuito para el personal de salud de primera línea de atención COVID, que no quisiera dormir en sus casas para no arriesgar a sus familias.

En total se habilitaron 212 hoteles en la Ciudad, en los que se hospedaron miles de trabajadores y trabajadoras de la salud.

El 20 de mayo de 2020, semanas después de haber anunciado el programa, la Fiscalía General de Justicia de la CDMX y la Guardia Nacional informaron sobre el ‘rescate’ de 14 enfermeros y enfermeras del IMSS cuyas familias habían sido víctimas de extorsión.

Las y los enfermeros estaban hospedados en dos de los hoteles habilitados, ubicados en la zona de Tacubaya.

En un comunicado, la dependencia informó que las familias del personal de salud fueron extorsionadas vía telefónica “por personas que les informaban que tenían retenidos a sus familiares y que, si no les depositaban cierta cantidad de dinero, les harían daño”.

En otro informe, el IMSS detalló que su personal de salud también fue amenazado por teléfono a través de llamadas o videollamadas. “Los delincuentes les advirtieron que tenían el control de las cámaras del hotel donde se hospedaban y que si salían a la calle atentarían contra sus vidas”, relató el Instituto.

Fue gracias a la denuncia de uno de los familiares, que las autoridades de la CDMX y la Guardia Nacional implementaron un operativo para sacar a los 14 enfermeros y enfermeras de los dos hoteles.

No hubo daño físico pero, según la versión de la Fiscalía, algunas de las familias sí depositaron dinero a los extorsionadores. La mayoría de este personal venía del estado de Nuevo León, habían llegado a la capital del país para apoyar en la atención de la crisis sanitaria.

La Fiscalía de CDMX identificó que las llamadas de extorsión provenían del penal de Altamira, Tamaulipas.

A finales de julio, tres mujeres que presuntamente cobraron el dinero depositado por algunas de las familias, fueron vinculadas a proceso en la Ciudad de México por los delitos de extorsión y secuestro.

https://twitter.com/FiscaliaCDMX/status/1287753204101308417

Sumado a estos antecedentes, Revolución 3.0 solicitó a la FGJ-CDMX información sobre denuncias de extorsión en hoteles en la zona donde ocurrió el caso de Ana y Joaquín. Al cierre de esta edición se sigue en espera de respuesta.

Padrón de telefonía: ¿Una solución para las extorsiones?

El Padrón Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil es un proyecto planteado desde 2019 por el exsecretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo.

El ahora candidato a la gubernatura de Sonora propuso en noviembre de ese año la creación del padrón como una solución para combatir delitos como el secuestro y las extorsiones.

Durazo argumentó que el tener los “datos mínimos” de los usuarios evitaría la fácil obtención de tarjetas SIM, que suelen ser usadas por integrantes de grupos criminales.

Pese a que Durazo dejó su cargo en octubre del año pasado, la propuesta quedó sobre la mesa, y en diciembre fue retomada por la bancada de Morena y presentada como iniciativa en la Cámara de Diputados.

El dictamen propuesto por Morena establece que el Padrón Nacional de Usuarios deberá tener: el número de la línea telefónica; fecha y hora de activación de la tarjeta SIM; nombre completo del usuario o de su razón social; número de identificación oficial; CURP; nacionalidad; domicilio, y datos biométricos del usuario.

Los datos biométricos son las características biológicas de cada persona que permiten su total identificación, como el iris de los ojos, la huella dactilar, tono de voz y el ADN.

En diciembre pasado, el dictamen fue aprobado en la Cámara de Diputados y el 14 de abril fue avalado por el Pleno del Senado.

Tres días después, el 17 de abril, el Padrón Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil entró en vigor, por lo que ahora las y los usuarios están obligados a brindar la información personal a las compañías de telefonía celular.

A su vez, las empresas deben entregar los datos al Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), ente encargado de conformar el padrón.

La iniciativa ha sido cuestionada por los partidos de oposición y expertos, quienes argumentan que el pedir los datos biométricos de las personas puede significar una violación a los derechos de privacidad, además de que los delincuentes encontrarán la manera de evadir dicho registro. En tanto, los legisladores de Morena insisten en que será una medida eficaz para contener el secuestros y la extorsión.

*Los nombres de Ana, Joaquín y Cristina fueron cambiados por temor a represalias.

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