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Falsos negativos

México necesita no solo vacunarse contra el COVID-19, necesita medicina para curar heridas muy profundas en el alma.

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Ya era demasiado el tiempo que llevaba encerrada Julieta, aparentemente su cordura parecía poco afectada gracias a que era maestra y podía tener contacto diario con sus alumnos, aunque fuera virtualmente. Todos los días daba gracias por no estar obligada a salir para ganarse algo de dinero, su trabajo de cierta forma la ponía en una situación de ventaja con respecto a todas las personas que ella sabía que no tenían de otra más que salir para tener algo que comer.

Día tras día conocía nuevas historias de gente cercana y no tan cercana que se contagiaba, y vivir esto —a lo que nadie ni nada nos preparó— es como un infierno callado, sutil, que va abrumando lentamente todos los sentidos, más aún al escuchar miles de historias sobre personas que aún sin salir se enfermaban. Muy en el fondo ella intuía que esta enfermedad era tan inexplicable para cualquiera en el mundo, que a lo único que podía aferrarse era a seguir al pie de la letra todo lo que se daba como recomendación, no había más, ella no podía hacer más; y así el tiempo fue pasando día con día, semana tras semana, mes tras mes, en una batalla en la que no puedes ver a tu enemigo, donde encima de todo tenía que lidiar con seres rotos, con la escoria humana desinformando de todo para poder obtener algo de poder aprovechándose de la desgracia.

No sé enfermo de COVID-19 después de año y meses, logró alcanzar la vacuna y aunque hubo un descanso para su alma en ese momento, algo se había roto dentro de ella, algo que había estado escondido en la sutileza de su conciencia y un día, sin advertirlo, explotó. Odió su vida, se reclamó por ser quien era, sacó los lugares más oscuros de su pasado y terminó con el amor, con la continuidad, odió su forma y todo lo que la rodeaba. Ella nunca tuvo COVID-19, sin embargo, todo lo que engloba a esta enfermedad la enfermó de muchas otras formas, ella se convirtió en un falso negativo.

Esta historia se podría contar de color blanco o azul, podría ser verde o transparente, pero todas acaban igual, con algo roto, con ausencias, con pérdidas, con dolor. Pero el COVID-19 no ha actuado solo en las enfermedades adyacentes de nuestras almas que, aunque le conciernen, han sido realmente fomentadas y engrandecidas por algunos seres que, aunque aparentan ser humanos, generan grandes dudas para llamarlos así.

De estos casi humanos se gestaron dos tipos en los medios de información. Los primeros fueron los falsos; formas de vida repulsivas dedicadas a buscar medios para hacer trascender todo lo que no es real, basados en especulaciones, en el conteo de muertes, únicamente con el fin de crear incertidumbre política y obtener algo de poder, manipulando la opinión pública con miedo creado a partir de mentiras y de verdades torcidas.

Dentro de ellos se encuentra la afamada dentista, a quien incluso le publicaron un libro o, más bien, un compendio de charlatanería, chismes y golpeteo político. También están las Gárgolas de cabecera como Rivapalacio, que no pierde oportunidad para mentir y que aún después de ser desmentido, en lugar de ofrecer disculpas, simplemente sale con un “qué bueno que no fue como yo creí”. Y sutilmente se aleja sin borrar sus mentiras por aquello de impactar en más incautos. López Dóriga, que por alguna extraña razón siempre quiere aparentar ser muy inocente cuando especula, pero no puede controlarse para burlarse de la vestimenta de alguna funcionaria pública, y por supuesto que no podemos dejar pasar a Ciro, con sus supuestas vacunas perdidas en su ya conocida retórica de la ironía apocalíptica.

Por otro lado, aunque en realidad muy juntos a los primeros, están los negativos, estos individuos de menor calibre que los anteriores pero que sirven para muchas funciones, entre ellas, amalgamar todo el conjunto de atrocidades informativas de los primeros y crear una falsa percepción de que estamos perdidos, claro, siempre alegando que todo es por culpa del gobierno y su red de chairos mugrosos (cómo suelen referirse). Entre ellos están Gloria Lara, Luis Alberto Rosas y Héctor Suárez Gomís, con la misión de conectar con toda esta gran horda de aspiracionistas, o bien lanzar odio y desesperanza a través de miles de cuentas fantasmas en el espacio de los unos y los ceros.

Estos falsos y negativos en conjunto han creado tanta ebullición que terminan impactando en todos de manera directa o indirecta, personas sumamente inteligentes creyendo en la mentira de que las vacunas están rebajadas, de que somos el país que más muertes tiene en el mundo, que van a tardar 100 años en vacunar a todo el país, no se diga de los antivacunas con premisas como la del chip de control o extraterrestre.

Estamos todos muy lastimados por esta pandemia, nos ha lastimado el virus y todos estos entes de odio, nos han llenado de dudas y de angustias, de incertidumbre, de ruido, mucho ruido todos los días, y aunque no todos caigan directamente, sí tenemos que lidiar con la bruma creada, con el ambiente, y peor aún con los que se terminan enfermando por la lengua viperina de estos seres.

México necesita no solo vacunarse contra el COVID-19, necesita medicina para curar heridas muy profundas en el alma, en nuestras emociones, en nuestra conciencia, en nuestros corazones, y esa medicina está en abrazarnos, escucharnos, permitirnos, mirarnos, y pensar, pensar mucho para entender que debemos sumar a pesar de las diferencias, necesitamos entender que las cicatrices van a existir y se van a quedar, impedir que los casi humanos sigan entrando en nuestra psique, y comenzar a olvidarnos de ese individualismo que solo nos crea vacío, pues para lograr salir de todo esto ,la respuesta está en el nosotros y no en el tú o en el yo, pues ese es el espacio individual en donde están todos los falsos negativos.

Twitter: @bastianbila

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