Por: Valentina Pérez
tw: @vpbotero3_0
Lo explican: es como Facebook y MySpace sólo que hecho por kinksters para kinksters. Te invitan: inscríbete, 98.6% de los usuarios se lo recomendarían a un amigo. Te tientan: casi 2 mil miembros, más de 80 mil videos. Concluyen: bienvenido al cielo Kinky.
FetLife encierra en lo insípido de su acrónimo la protección de la comunidad BDSM (Bonding –acordonamiento erótico-, Disciplina, SadoMasoquismo) y los fetiches. Lo prometen: no compartiremos tus datos ni con tu madre.
Te preguntan: apodo, sexo, orientación sexual –LGBTTTIH, queer, pansexual, heteroflexible, bisexual, homoflexible, fluctuante, asexual–; rol –esclava, masoquista, hedonista, mascota, dominante…–; ciudad. Ya eres parte: puedes participar en los grupos de discusión sobre fetiches, dudas, inquietudes, preguntas específicas. “Mi maestro ha perdido la atracción hacia mí, qué puedo hacer”, “mi esposa y yo tenemos la fantasía de hacerlo con un tercer hombre, dónde podemos encontrar uno”, “Es normal que quiera hacer…”
Tienes un perfil donde aparece: pertenece a x, domina a y, tiene una relación abierta con z, dueño de a; qué crees, qué buscas y tus fotos. Tienes amigos, te mandas mensajes directos, puedes votar por qué quieres que mejore la red social; en suma, conoces a tus pares.
Discuten: ¿Existen límites en la experimentación o simplemente te niegas a hacerlo porque no lo has probado? Especifican: todo es consensuado.


