Roberto Saviano es un escritor italiano que saltó a la fama en 2007 con Gomorra, un libro llevado a la pantalla que revelaba los más íntimos aspectos de la mafia italiana y por el cual ha debido vivir escondido desde entonces debido a las amenazas de quienes se vieron expuestos por las revelaciones ahí contenidas. En Nunca debajo de una mujer, artículo escrito para el diario español El País, Saviano hace un retrato sucinto y contundente del papel de la mujer en las sociedades regidas por N’drangheta, Camorra, Mafia y Sacra Corona Unida –es decir, Calabria, Campania, Sicilia y Apulia, todas en la parte más meridional de Italia.
La mafia es definida por el Centro Siciliano di Documentazione Giuseppe Impastato como “un conjunto de organizaciones criminales […] que operan al interior de un vasto y ramificado contexto relacional, configurando un sistema de delincuencia e ilegalidad con el fin de acumular capital y adquirir y gestionar posiciones de poder, que se avala de un código cultural y goza de un cierto consenso social. Para Saviano, una parte fundamental de ese “código cultural” que avala a las asociaciones mafiosas está contenida en la máxima “Nunca debajo de una mujer”, bajo la cual se condensan “reglas complejas, ritos rigurosos, vínculos inquebrantables”.
El Centro Impastato señala que “la literatura existente, de aquella folklórica a la más reciente, en gran medida concuerda al definir el rol de la mujer en la sociedad meridional como subalterno y pasivo, reducido al espacio doméstico e interpretado preferiblemente, aunque casi exclusivamente, a través del esquema antropológico del código de honor”. Academia y periodismo coinciden, pues Saviano encuentra que la vida de las mujeres en los contextos donde rige el código de las mafias es “un mantenerse en precario equilibrio entre modernidad y tradición, entre jaula moralista y total libertad para afrontar asuntos de negocios. Pueden ordenar una muerte pero no pueden permitirse tener un amante o abandonar a un hombre”.
Tanto hombres como mujeres se ven sometidos a esta lógica implacable, pues es tan peligroso cortejar a la prometida de otro como cuidar el arreglo propio cuando el marido está en la cárcel. “Amar, decidir hacer el amor, besar, hacer un regalo, sonreír, tocar una mano, intentar seducir a una mujer o ser seducido puede ser un gesto fatal.”
Con información de El País


