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Convierten el Zócalo de la Ciudad de México en un territorio comanche donde enseñan a los niños a guerrear

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Por: Carlos Bauer y Jaime Tena

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Fotos por: Jaime Tena

El sol comienza a descender lentamente y una ligera brisa hace que la gran bandera nacional vuele en lo alto, ondeando orgullosamente sobre el Zócalo Capitalino, exaltando el motivo del día, ya que la plaza es anfitriona de la exposición “Fuerzas Armadas, pasión por servir a México”.

El pasado viernes 15 de febrero, Enrique Peña Nieto y el titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena),  Salvador Cienfuegos, inauguraron la exposición con motivo del 100 aniversario de la creación del Ejército Mexicano. En el evento también estuvo presente el jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, quien firmó un pacto de cooperación con la Sedena.

La exposición es de entrada libre y estará abierta al público hasta el próximo 6 de marzo. Concebida con el propósito de reforzar los lazos entre las fuerzas armadas y la sociedad mexicana, en sus dieciséis stands despliega material museográfico y fotográfico, documentos históricos, equipo, uniformes, armamento, vehículos y helicópteros; además de múltiples actividades interactivas en las que los visitantes pueden familiarizarse con el quehacer de los encargados de la defensa nacional.

La gente abunda paseándose por el complejo, por ahí parejas se besan frente a tanques militares, un grupo de chicas de manera nerviosa le piden a un joven militar permiso para tomarse una foto con él. Familias enteras esperan en largas filas su turno para poder montar los grandes jeeps, helicópteros, tanques, botes y poder capturar el momento en sus cámaras o sus celulares. Por allá un niño amenaza a su hermana con que si no se porta bien le va “echar a los militares para que la aplaquen”

Quienes más felices y entretenidos se encuentran son los niños; los militares los maquillan con pintura de camuflaje, les prestan sus cascos y sombreros, los guían por un curso de obstáculos y los preparan para montar la tirolesa. Para ellos es un día bastante divertido y ¿por qué no? Por unos minutos pueden escapar de la cotidianidad de sus vidas y convertirse en hombres de acción, héroes. Fuertes y orgullosos, sirviendo a la nación y protegiéndolos del enemigo.

 Pero ¿quién es el enemigo? ¿ a quiénes sirven esos hombres de verde? , el niño en su inocencia no piensa en estas preguntas para él es un juego y diversión. Aquellos hombres de verde representan el honor y la gloría de la nación. Mientras esperan a que sus padres los retraten al lado de un misil, ignoran la capacidad destructiva que tiene aquel artefacto, al montar los tanques no son conscientes de los horrores de la guerra, la sangre, las víctimas mutiladas,  los niños que resultarán huérfanos tras los enfrentamientos, la destrucción, las implicaciones políticas.

El propósito de la exposición es revelador de las intenciones del Gobierno Federal respecto a su estrategia de seguridad nacional y combate al crimen organizado. Esta naturalización y glorificación de la presencia militar en las calles lanza una señal de que pese al discurso de campaña, la actual administración no piensa modificar la estrategia de combate al crimen heredada del gobierno de Felipe Calderón.

La gente comienza a hacer camino al centro de la plancha del Zócalo, dejan atrás las puestos donde se exponen las diferentes actividades militares, pronto se escuchan las trompetas y los tambores, inicia la banda de guerra y los honores a la bandera. Todos guardan silencio y toman fotos, sonríen y esperan. El ritual termina y la mayoría aplaude, algunos entonan el himno nacional, están orgullosos y llenos de sentimientos patrióticos.

 Las altas esferas del poder dicen que la guerra continuará pero que la estamos ganando,  pero exactamente ¿qué guerra estamos ganando? En una sociedad donde sonreímos y nos emocionamos al ver armas de gran destrucción, donde no cuestionamos  las órdenes que llevan acabo las fuerzas armadas, donde la linea entre el “enemigo” y quienes nos protegen y están para servir es tan confusa ¿cómo podemos hablar de estar ganando la guerra? ¿Cómo podemos sonreír y aplaudir?

Es también preocupante la apología de la violencia en una exposición fundamentalmente dirigida a los niños. Los cientos de artefactos bélicos instalados para que los niños puedan manipularlas como si se tratara de material didáctico, y las actividades en que miembros de las fuerzas armadas brindan a los niños una inmersión en sus labores al estilo de un viaje escolar, constituyen peligrosos precedentes a la conformación de una sociedad que llegue a ver en la violencia un elemento cotidiano, y una respuesta lógica a sus problemas.

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