Por: Enrique Legorreta
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Para encontrar su camino de regreso a casa a través de miles de kilómetros de océano, el salmón memoriza el campo magnético que existe en el punto por el que entró al mar por primera vez.
Después de haber transcurrido un par de años en el mar, la percepción del campo magnético de la Tierra es lo que les permite orientarse de un modo tan asombrosamente bueno.
Ésta es la conclusión a la que han llegado los autores de un estudio tras analizar datos recolectados a lo largo de 56 años sobre los salmones Oncorhynchus nerka, que en su etapa juvenil y al alcanzar la madurez, busca la ubicación costera con el mismo campo magnético.
Los científicos que realizaron la investigación sospechaban desde tiempo atrás que algunos animales pueden memorizar los campos magnéticos y usar su “sexto sentido” como una especie de sistema GPS interno, pero verificar la existencia o no de este sentido magnético en otras especies ha sido sumamente difícil.
Nathan Putman, profesora de la Universidad Estatal de Oregon, y sus colegas, realizaron este estudio para indagar sobre la posible existencia de ese sentido magnético en el salmón Oncorhynchus nerka, común en el río Fraser de la Columbia británica, en Canadá. Esos peces dejan el río para ir al mar, tal como hacen otros salmones. Pero los oriundos de ese río se enfrentan a un problema.
Los investigadores realizaron una comparación cuidadosa entre el modelo de predicción del campo magnético cambiante y un conjunto de datos pesqueros reunidos desde la década de 1950. El resultado de la comparación muestra exactamente ese patrón magnético de elección.
Con esta investigación se muestra que los salmones logran desarrollar un sentido de orientación increíble ya que el regresar al punto de origen solo por instinto demuestra que los seres vivos, en el caso de los peces contienen un instinto de adaptación más desarrollado.


