Alejandra Moreno / @achearta81
*Opinión
(8 de enero, 2014).-Me encantan los nuevos hombres. A pesar de nacer y crecer en un sistema patriarcal ellos decidieron tomar otro camino.
Muchos hombres hoy bañan a sus hijos, cambian pañales, conviven con ellos y dejaron de creer que es responsabilidad femenina el hacerse cargo de los críos en común. Van al súper, meten la ropa a la lavadora. Algunos deciden quedarse en casa a criar a los niños y que su compañera sea la que salga a trabajar. Hace unos años esto era poco frecuente hoy es más común.
Amo a esos hombres que no tienen problemas con su masculinidad, y que no tienen que estar todo el tiempo demostrando lo machos que son. Es un verdadero placer compartir la vida con este tipo de hombres porque se puede hablar de cualquier cosa, ya que no tienen complejos de inferioridad ni la necesidad de pisarte para que no brilles, no creen que eres un objeto de su propiedad, no te celan mientras ellos le tiran la onda a otras, no te mienten sin necesidad, no dependen de ti porque estén contigo, y están contigo mientras se sienta bien. En pocas palabras, no se sienten “condenados” a estar contigo: son libres para quedarse a tu lado y libres para irse y saben y además disfrutan que tú también.
Por si eso parece poco Los nuevos hombres tienen muchas otras cualidades, son más independientes, hablan de sus sentimientos y resuelven sus emociones, se comunican mejor. No necesitan una mujer que sea su sirvienta y por eso no “ayudan” en la casa, entienden que es un trabajo en equipo y que cada quién debe asumir sus responsabilidades. Son muy atractivos por que no sufren tanto como los hombres tradicionales, saben que no “se tienen” que casar si no quieren aunque sus papás o abuelos les enseñaran lo contrario, disfrutan que las mujeres vivan su sexualidad plenamente, pueden inventar nuevas formas de hacer pareja y viven su masculinidad de manera creativa y feliz. No tienen que demostrar cuan machos son, así que se sienten más relajados que los hombres que viven de manera más patriarcal.
Cuando yo misma cambié mis creencias de lo que creía que debería ser un hombre empecé a rodearme de “nuevos hombres”. Amigos que se relacionan en sistemas más igualitarios y que practican nuevas formas de ser en su profesión, disfrutan y viven su paternidad y relaciones de pareja. Muchos de ellos además trabajan día con día por los derechos de las mujeres y de las niñas.
Tristemente aún son pocos, muchos trabajan mejor por su cuenta porque ya no encajan en lugares donde el machismo se desborda, muchos no encuentran aún una mujer que quiera una relación menos tradicional y patriarcal con la cual poder llevar a la práctica esto que han aprendido, mujeres que no quieran al príncipe azul si no al compañero; Si son pocos, pero cada día son más. Es un hecho que no se puede empoderar a las mujeres sin trabajar con los hombres, nadie puede negar que tenemos que hacerlo todos juntos y así finalmente terminar con esta división de la humanidad entre hombres y mujeres.
Nos falta mucho pero cada vez somos más los que queremos una nueva manera de construir nuestras identidades, nuestros afectos y el conquistar el derecho a vivir como mejor nos plazca no como nos dijeron que tenía que ser. Muchos queremos tener relaciones sanas, pacificas, de crecimiento, bonitas. Muchos queremos disfrutar más de la vida y del amor. No sobrevivir si no vivir.
La pregunta es ¿Estamos preparados para renunciar a lo aprendido?


