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Hace 59 años nació Hugo Chávez

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Carlos Bauer /@CarlosBauer3_0

(28 de julio, 2013).- Luego de una larga lucha contra el cáncer, el comandante Hugo Chávez falleció el 5 de marzo de 2013. Lo despidieron sus familiares, cientos de funcionarios y millones de ciudadanos que inundaron las calles durante su funeral. Un ciclo había terminado y los venezolanos se prepararon para una nueva etapa en que el bolivarianismo ha enfrentado la prueba de sobrevivir al líder.

Con motivo del fallecimiento del principal impulsor de la integración latinoamericana, REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO publicó la semblanza del mandatario que reproducimos a continuación.

Sabaneta es una pequeña ciudad de los llanos venezolanos que hoy día cuenta poco más de veintisiete mil habitantes. Pero ese pequeño rincón de la provincia vio nacer hace 58 años al ciudadano más ilustre de Venezuela: el teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías.

Nacido en el seno de una familia humilde, Hugo Chávez realizó sus estudios universitarios en la Academia Militar de Venezuela del Ejército Nacional de Venezuela, donde desarrolló una carrera brillante sólo interrumpida por su arresto en 1992 tras el intento de golpe de Estado contra el presidente Carlos Andrés Pérez. Entre 1975 y 1989 Chávez había escalado hasta la cuarta jerarquía más alta dentro de la oficialidad venezolana, pero desde muy joven tuvo inquietudes políticas –incluso estudió una maestría en Ciencia Política, aunque por los acontecimientos en que se vería envuelto no terminó su tesis– y no pudo mirar impasible el Caracazo, una insurrección popular que terminó en una masacre ordenada por el presidente Pérez.

Tras el Caracazo, Chávez comenzó a planear un golpe de Estado junto con otros oficiales de rango medio. Llevada a cabo el 4 de febrero de 1992, la intentona se vio frustrada y concluyó en el arresto de los principales cabecillas, incluido Chávez. Sin embargo, a la postre la sublevación de los oficiales bolivarianos lograría su objetivo, pues un año después el gobierno de Carlos Andrés Pérez se vio obligado a dimitir debido a su extremo desgaste. El nuevo gobierno amnistió a los golpistas y Chávez comenzó a preparar un movimiento político para alcanzar el poder por la vía electoral.

De la mano del Movimiento Quinta República, Chávez gana las elecciones presidenciales de 1998 con el 56.5 por ciento de los votos, en lo que fue la primera de muchas victorias electorales que lograría en los siguientes catorce años. La promesa central de su campaña y eje de su proyecto político era reformar la Constitución de 1961, símbolo y piedra fundacional del pacto de Punto Fijo, un acuerdo político entre los dos grandes partidos políticos de entonces que puso fin a la inestabilidad política pero a cambio creó un bipartidismo oligárquico cuyas consecuencias sociales quedaron dramáticamente expuestas en el Caracazo.

En poco más de un año Chávez convocó a tres elecciones consecutivas, en las cuales su proyecto llegó a obtener el noventa por ciento de los votos. Primero se votó la convocatoria a una Asamblea Constituyente, luego se aprobó la nueva Constitución mediante referendo y por último se ratificó a Chávez en la presidencia ya bajo la legitimidad de la nueva Carta Magna. Para remarcar el simbolismo de la nueva era que comenzaba, incluso se cambió el nombre del país por el de República Bolivariana de Venezuela.

El bolivarianismo chavista no fue una ocurrencia de recién llegado al poder. Cuando apenas tenía 28 años, fundó el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR200) y desde entonces la figura del Libertador Simón Bolívar fue siempre un elemento central  de su discurso y su ideología, completada por el marxismo con el que entró en contacto gracias a su estrecha relación con la República de Cuba. Claro, bolivarianismo y marxismo, sintetizados en lo que Chávez ha llamado Socialismo del Siglo XXI, tuvieron que convivir con la profunda religiosidad católica del presidente Chávez, quien en su juventud fue monaguillo y nunca se desprendió de sus valores cristianos.

Chávez nunca tuvo fácil el ejercicio de su gobierno. Menos de dos años después de haber sido ratificado en la presidencia con el sesenta por ciento (59.76%) de los votos, la oposición, respaldada por Estados Unidos, intentó derrocarlo mediante un golpe de Estado acusándolo de ser un dictador, epíteto que no dejó nunca de colgarle. Curioso, este “dictador” que en catorce años participó en trece procesos electorales y perdió uno solo de ellos: el referendo sobre reforma constitucional de 2007. Además, este “dictador” es el único de la historia venezolana que se ha sometido, mediante una ley que él mismo propuso, a un referendo revocatorio de su mandato, del que salió triunfante con 59.1 por ciento de los votos.

Uno de los elementos más importantes e icónicos para la consolidación de la Revolución Bolivariana fueron las Misiones, programas sociales que buscan incidir en varias situaciones, desde algunas muy específicas hasta otras de enorme complejidad. La Misión Milagro, muy conocida y publicitada, incluso se exportó a naciones aliadas de Venezuela. Desarrollada con el apoyo de médicos cubanos, consiste en la realización de operaciones oculares gratuitas que devolvieron la vista a pacientes de glaucoma que no tenían acceso a servicios médicos. Ése es un ejemplo de una misión exitosa pero muy acotada, como lo fue también la Misión Robinson, cuyo éxito en erradicar el analfabetismo de Venezuela fue reconocido por la UNESCO. Pero también hay otras Misiones más ambiciosas en cuanto a la complejidad de sus objetivos, como las Misiones Hábitat y Mercal, que buscan abatir el rezago en materia de vivienda y proporcionar alimentos a sectores populares con precios accesibles, respectivamente. Como característica central de las Misiones destaca la participación de las comunidades y barrios en la implementación de los distintos programas, mediante lo que se ha denominado Poder Popular, una forma de democracia directa que no se suele mencionar en los medios masivos de comunicación.

Capeando tormentas internas y externas, entre el golpeteo mediático de la oposición y un panorama sudamericano que seguía cada vez más la senda de la integración regional y la ruptura más o menos violenta con el dominio estadounidense, Hugo Chávez llegó a 2011 con la vista puesta en las elecciones del siguiente año, en las que habría de decidirse si lograba un cuarto mandato que le permitiera liderar la Revolución Bolivariana hasta 2019. Sin embargo, aquel año la atención no estuvo puesta en los preliminares electorales sino en la salud del presidente, quien emitió un mensaje el 30 de junio desde La Habana anunciando que 20 días antes había sido operado de cáncer.

Desde ese momento, la salud del presidente sería el tema central de todas las especulaciones y los análisis políticos. Entre idas y venidas a La Habana, donde se realizó todo su tratamiento, finalmente inscribió su candidatura a la Presidencia el 11 de junio de 2012, casi un año después de haber anunciado su lucha contra el cáncer. Aunque fue notoria la diferencia en su ritmo de trabajo y en su encendido estilo de confrontación, permaneció en Venezuela durante toda la campaña electoral que culminaría con su victoria en las votaciones del 7 de octubre. Pero el cáncer no le permitiría asumir el mandato que recibió con el voto del 55 por ciento de los venezolanos: apenas dos meses después, el 8 de diciembre, anunció su partida a Cuba para recibir un nuevo tratamiento. En un gesto que ya dejaba vislumbrar la gravedad de su condición, designó al vicepresidente Nicolás Maduro como sucesor.

Aquel 8 de diciembre fue la última vez que se le vio públicamente. Aunque el 15 de febrero de 2013 el gobierno venezolano difundió fotografías donde se le veía sonriente en compañía de sus hijas y el 18 del mismo mes anunció a través de Twitter que se encontraba de vuelta en Venezuela, su regresó sólo avivó los rumores por no haberse realizado en los mismos términos que las ocasiones anteriores: con un gran despliegue social y una apoteósica reaparición pública. Entre la incertidumbre y la esperanza el pueblo venezolano vivió los últimos días de un líder que se distinguió de todos los mandatarios anteriores por su carisma y su auténtica comunión con el sentir popular.

Entre significativos triunfos –la erradicación del analfabetismo, la reducción de la pobreza, la conversión de Venezuela en el país de América Latina con menor desigualdad, la integración sudamericana, el Poder Popular y la toma de conciencia del pueblo– pero también con preocupantes pendientes –la industrialización siempre postergada, la dependencia absoluta de los ingresos petroleros, la corrupción y corporativización de los cargos públicos, la inflación y la devaluación–, Chávez deja a Venezuela un legado único, lleno de matices y con bases que podrían usarse tanto para el despegue como para la ruina de la patria de Bolívar.

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