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Hacer cine, una batalla que se vence día a día (VIDEO)

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(24 de octubre, 2013).- Igual que con la vida, para un realizador cada película es “una constante batalla por vencer”; eso lo sabe Christian Díaz Pardo, porque como director está consciente de que para hacer cine hay que saber esperar y entender que una película, como bien puntualizó, es “una carrera de largo aliento.

Originario de Santiago de Chile, el director de la película González, que participa dentro de la selección de largometraje mexicano, llegó a México en el año 2001 con la meta de incursionar en el cine. Doce años después compite con su opera prima en la décimo primera edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM).

Tras su paso por la foto fija en Santiago de Chile, Díaz Pardo llega a México movido por la admiración del cine de Oro y el cine contemporáneo mexicano, con el objetivo de lograr lo que incluso pocos mexicanos hacen, que es formar parte de alguna de dos selectas escuelas de cine en este país.

Y aunque estudiar cine es de por sí un reto, hacerlo en un país que no es el propio eleva el nivel de dificultad; “hay que acostumbrarse a los detalles, a la idiosincrasia, aprender nuevos códigos y conocer gente”.

Con este escenario, Christian Díaz logra ser uno de los menos de 20 egresados de su generación de cineastas y de ahí se encamina al sueño que lo trajo a este país, hacer su primera película.

REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO ― ¿Pero qué tan difícil es la realización de una película de 60 minutos o más?

Christian Díaz Pardo ― Es difícil, hacer un largometraje es como una carrera de largo aliento y entonces muchas veces tienes que trabajar en otras cosas, hacer chambas para poder trabajar en lo que te gusta e inevitablemente terminas haciendo de todo y conoces gente.

Pero Christian coincide en que hacer una película es cuestión de perseverancia, requiere de paciencia y saber esperar porque son procesos lentos. Porque, como sabe bien, de pronto pasan hasta seis años para poder llevar una idea a la pantalla, entre el proceso creativo, la búsqueda del financiamiento y la participación del proyecto en múltiples convocatorias.

Rev3.0 ― ¿Es largo el camino que recorre un cineasta?

CDP ― Sí lo es, pero lo divertido es que mientras consigues el dinero la perspectiva y la idea de la película van cambiando, van evolucionando y eso permite que de alguna manera los proyectos adquieran cierta densidad y consistencia justamente por el paso del tiempo. Por eso, paradójicamente, el hecho de que sean procesos largos ayuda a que tu trabajo sea más concienzudo y reflexivo.

Aunque en el cine, como en distintos procesos creativos, la idea originaria siempre está ligada a la evolución y adscrita a condiciones y circunstancias. Pues “muchas veces las circunstancias que rodean a la creación de una película no son cómodas ni son las mejores pero finalmente el interés por llevar a ser una obra de relevancia es lo que permite concentrarse en un objetivo común”.

Rev3.0 ― Luego las películas cobran vida propia, ¿y entonces?

CDP ― Luego es como loco, son una especie de Frankenstein que cobra vida propia y sigues como acompañándola en lo que le sigue que es vivir la reacción de la gente. Entonces es una constante batalla por conseguir cosas; ya conseguiste terminar una película pero ahora sigue mostrarla y es una batalla, también, porque la tienes que mandar a muchísimos festivales para ver quién te acepta.

Rev3.0 ― En este proceso, ¿el director termina siendo un todólogo?

CDP ― Sí, porque inevitablemente tienes que hacer de todo a lo largo del proceso y cada momento tiene su cosas interesantes; por ejemplo, enfrentar de manera creativa las carencias a la hora de la realización, porque la otra opción es no hacerlo.

Rev3.0 ― ¿Qué tan similares para un cineasta son como reto la vida y el cine?

CDP ― Definitivamente cuando piensas dedicarte a cualquier disciplina, ya sea audiovisual, literaria, u otra, estás tomando una opción y una posición de vida porque todos sabemos que es muy difícil dedicarse a estas disciplinas en la actualidad porque no son valoradas ni lo suficientemente lucrativas”.

Sin embargo hay que enfrentarse a “esta dicotomía en la que vivimos, de que las cosas que más necesitamos como individuos son las que más nos están siendo negadas”. 

Y como quien ama una disciplina, el sueño de Díaz Pardo es seguir haciendo cine y vivir de hacer películas; “y hasta ahora voy ganando la batalla, pero la batalla sigue día a día…”.

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