(4 de diciembre, 2021. Revolución TRESPUNTOCERO).— Durante casi 26 años Christopher Phillips ha divulgado la filosofía con el afán de que las personas nos demos cuenta de que todos tenemos la sabiduría que se necesita para filosofar un poco sobre cuestiones como la vida, el amor, el perdón y el sufrimiento, entre otras cosas.
Su libro Hacia un alma de bondad, de Editorial Planeta, tiene precisamente esa intención, está escrito con empatía para personas que día a día trabajan y luchan por sobrevivir y en la medida en lo hacen, ven como un lujo el hecho de poder hablar sobre filosofía.
“Creo que originalmente todos las otras disciplinas dieron a luz a partir de la filosofía y eso es muy interesante porque ahora, por lo menos en el mundo académico, la filosofía ya está reducida a una disciplina muy especializada.
“Eso una gran lástima porque la filosofía necesita respirar y necesita las iluminaciones de personas a las que llamamos ‘cotidianas‘, pero que no lo son, cada persona tiene su sabiduría y lamentablemente estamos viviendo en un mundo en que un gran porcentaje de personas no tiene la oportunidad de filosofar o reflexionar, para ellos es como un lujo porque están trabajando, tratando de sobrevivir en este mundo, algo cruel”.
… y vivir en un buen poema
La frontera entre las ciencias y las ciencias sociales ha sido remarcada durante mucho tiempo, a partir de esto se han creado muros y fronteras que llevan a que el gran “desafío en el mundo sea conectar las disciplinas y vivir una vida más poética en lugar de crear muros”.
“A veces tenemos que crear nuestras categorías y todo eso, pero al fin y al cabo queremos crear algo más especial para nosotros y para el mundo y vivir un buen poema”.
Verónica: la muestra de que cada ser humano es un filósofo
La lucha por sobrevivir en esta sociedad ha hecho que la gran mayoría de las personas se olviden de cultivar todas las dimensiones que tenemos: “creo que cada ser humano es un filósofo, pero no tienen la oportunidad de construirse a ellos mismos, ni a esta faceta filosófica porque están tratando de sobrevivir un día tras otro”.
“En eso estoy tratando de hacer mi parte para que todos puedan participar en la magia de filosofar”.
Phillips y su esposa tienen una serie de libros en diferentes idiomas, los cuales fueron escritos con el propósito de ayudar a cultivar el pensamiento crítico y creativo en los niños. Durante un tiempo vivieron en San Cristóbal de las Casas, ahí él conoció a Verónica, una joven de la comunidad tzotzil que entonces era una niña.
“Yo aprendí mucho más de ella, que ella de mí; ella tiene fuentes de sabiduría súper profundas. Estuvimos en un diálogo en una plaza bonita en San Cristóbal de las Casas, donde ella vende sus cosas: cinturones, rebozos, pulseras, cosas así.
“Yo lancé la pregunta: ¿Qué es un buen ser humano? y ella dijo ‘no te puedo decir, Chris, qué es un buen ser humano, pero te puedo decir qué es un ser humano verdadero’.
“Yo dije, ¿qué es?, y me respondió: ‘pues entramos al mundo como seres humanos, pero para ser un bats’il winik —”un ser humano verdadero”— es necesario mostrar en tus acciones ciertas virtudes”.
En su libro Chris narra que al pedirle un ejemplo sobre esto, ella le contó su experiencia al tratar de vender cosas a turistas: “que por lo menos cuando les trato de vender algo, me traten con una sonrisa, con cortesía: ‘no, gracias’”.
Ella piensa que los turistas que rondan la plaza no tienen necesariamente que comprarle algo, “pero tienen que reconocerla, porque dice que tantas personas la tratan como si fuera invisible”.
La experiencia de compartir esta y otras historias en el libro, han sido muy lindas para Christopher.
Verónica —esa niña que ahora es una joven de 21 años— “ha sufrido tanto, perdió a su mamá, fue horrible; perdió a su hermano, también de una manera horrible; perdió a su papá por una bala. Pasa todo el tiempo, hay tantas tragedias, pero ella es súper animada y tiene este espíritu para vivir.
“Ella es mi ejemplo en la vida aunque ella tenga 21 años y yo 62”.
“Lo llevo en los hombros no como un ancla, sino como inspiración”
Cuando irreversiblemente perdemos a alguien, hay una prueba: “no hay garantía de que vamos a sobrevivir, porque a veces nos puede pegar tan fuerte que piensas que estás recorriendo un túnel sin luz y no sabes si vas a llegar al otro lado, donde hay más luz de otro tipo”.
En entrevista con Revolución TRESPUNTOCERO, Christopher cuenta que todos los días en el periódico hay noticias sobre tragedias, él es “miembro de esta familia de personas a las que cosas horribles han pasado”. La muerte de su padre lo llevó a preguntarse qué tipo de ejemplo se puede ser para las personas que queremos.
“En lugar de preguntarme ‘¿por qué yo, por qué yo?’, me pregunté ‘¿por qué yo no?’”
Después de perder a su padre, este filósofo hizo un descubrimiento que cuenta en su libro: “hay esperanza, amor, gozo, empatía y perdón, formas que descubres después de que una tragedia te pase. Estas formas son muy diferentes a las que se tienen cuando estamos viviendo una vida con felicidad, sin muchos problemas o cosas así”.
“Esto lo encontré en todas partes del mundo, en mis conversaciones filosóficas, las cuales pongo en este libro”. Debido a esto, Chris, como él mismo hace referencia a su persona, piensa que “juntos podemos cultivar un mundo con más comprensión, más empatía, más sentido de obligación social para que cada persona haga lo posible para crear las condiciones más fértiles.
“Todos podemos cultivar y contribuir con nuestros dones o talentos”.
Ahora Christopher sabe que él quiere ser un ejemplo para sus hijas: “tengo una niña de ocho años y una de 15 años y me pregunto qué ejemplo quiero ser.
“Tengo mis defectos, claro, y a veces quiero rendirme, pero no es posible. Incluso sería un mal legado para mi papá también; yo lo llevo en mis hombros, no como un ancla, sino como una inspiración”.
Un consejo para cultivar el pensamiento
Al preguntarle sobre un consejo para cultivar el pensamiento crítico en las personas, Chris es muy claro en su respuesta: “no basta con el pensamiento crítico, hay personas que son expertos en el pensamiento crítico que no tienen mucha brújula ética. Necesitamos más, necesitamos cultivar nuestras emociones en formas constructivas, positivas, con empatía”.
En su libro él habla sobre los espíritus: ¿qué espíritus necesitamos cultivar para ser pensadores con consciencia social, para tener una vista y darnos cuenta de cómo impactan nuestras acciones ahora, en cinco años o más?
Christopher cuenta que en una isla volcánica griega, a lado de su abuela, él aprendió sobre esos espíritus socráticos. “Hay una palabra griega ‘ATOPOS’, que es casi una contradicción: es sentir en casa y al mismo tiempo sentir que no perteneces y estar cómodo con esto”. También está el espíritu de ‘ARETE’, “es un concepto que significa vivir una vida de excelencia en todas las dimensiones de la vida eterna”.
Pensar en términos de legado para tener un propósito en la vida
Chris cuenta que sus abuelos viajaron de Grecia a Estados Unidos con el propósito de tener mejores oportunidades económicas: “no querían salir de su país querido, pero no tuvieron muchas opciones”.
Él, que considera que tiene “ventajas extraordinarias en comparación con ellos”, ha tratado de aprovechar lo que está a su alcance: “pienso en términos de legado, pienso en las personas menos afortunadas que yo, como mis abuelos y muchas otras personas. Entonces trato de vivir una vida con algo de consciencia social, es mi gran propósito en la vida”.
Hace 25 años este filósofo se dio cuenta que era momento de “dejar de culpar a otros, como el gobierno, por los problemas que estábamos enfrentando. Me miré en el espejo y me pregunté, ¿Chris, qué estás haciendo tú para ser parte de la solución y no del problema? Esa es una pregunta muy difícil.
“Es tan fácil ver los defectos de otros, incluyendo tu propia sociedad, pero muy difícil ver tus propios defectos y aceptar algo de la responsabilidad por lo que está pasando.
Desde entonces, se ha dedicado a ocupar lo que él llama su “talento modesto” para “tratar de hacer tertulias, pláticas y exploraciones filosóficas que nos conectan y al mismo tiempo que celebran muchas formas de diversidad, no todas porque hay formas no muy buenas, pero para combatir la intolerancia y para cultivar el arte de escuchar”.
Fue así como creó los Sócrates Café o Cafés de Sócrates, grupos de discusión filosófica de los cuales hay más de 500 en todo el mundo y cuyas páginas están en
Ahí, él trata de escuchar: “es algo que nos falta cultivar, el escuchar, lo necesitamos más que nunca. Todo mundo quiere compartir sus historias sin escuchar”, de ser empático y de visibilizar la importancia de tener consciencia social a la hora de actuar.
“Yo llevo a mi papá, pero también llevo el futuro, llevo a mis hijas y a las otras generaciones que vienen.
“Trato de pensar en un siglo adelante, cinco siglos adelante, porque en este momento estamos en otra encrucijada con el calentamiento global y la desigualdad extraordinaria. Al gran porcentaje de personas aún les falta una vacuna y es muy fácil culpar a Sudáfrica, pero no es su culpa, han tratado desde el comienzo de esta pandemia de conseguir la vacuna, pero los ricos la quieren sólo para sus propios ciudadanos, entonces, ¿qué mundo es esto? es un mundo con muros, con burbujas, sin brújula
No es un mundo para mí, yo quiero un mundo en donde todos los niños reciben la vacuna, donde todos los mayores reciben la vacuna sin importar sus circunstancias económicas, son seres humanos, con sus ilusiones y todo, todos la merecen y esta nueva variante es el resultado de vivir en un mundo de desigualdad, sin empatía.
No lo acepto, no voy a culpar a otros, acepto la responsabilidad y crearé puentes en lugar de muros, es un deber y si cada mañana no me levanto con este compromiso, entonces ¿qué es lo que eso dice de mí? ¿por qué soy papá si no estoy comprometido socialmente?


