Alina Rosas Duarte / @ARD3_0
¿Quién es la mano derecha del profesor Alberto Patishtán, el preso político más relevante del sexenio? ¿Quién inspira al hombre que, desde la cárcel, inspira a miles? Esta es la historia de ese apoyo emocional en el cuerpo de un joven delgado que aún no cumple 18 años. Su hijo.
(1 de octubre, 2013).- Cuanto más habla, más vida hay en sus palabras. Apenas son 17 los años que tiene y la historia de su andar no corresponde a la vida normal de un joven. Sus pasos llevan impreso el apellido Patishtán.
Su padre, el profesor tzotzil Alberto Patishtán, logró ponerse en todos los diarios de México a lo largo de trece años debido a una incansable lucha por su propia libertad y la de quienes injustamente están en la cárcel.
Acusado de emboscar a siete policías, Patishtán padre lleva 13 años en la cárcel aunque se ha demostrado que éste se encontraba a kilómetros de ahí reunido con otros maestros y padres de familia aquella ocasión. El verdadero “delito” del profesor fue su oposición a las autoridades priistas municipales contra las cuales se organizaban los pobladores, quienes lo tenían como un líder.
Su disidencia le ha llevado a agotar las instancias jurídicas nacionales para combatir el falso cargo que lo tiene encerrado desde hace más de una década: su último recurso fue el que el pasado 12 de septiembre el Primer Tribunal Colegiado de Circuito en Tuxtla, Chiapas, le negó: la presunción de reconocimiento de inocencia, con lo cual se ratificó su condena a 60 años de prisión.
Héctor suspendió temporalmente sus estudios, dejó el tercer semestre de preparatoria en el Colegio de Bachilleres en el municipio El Bosque, Chiapas, por una batalla familiar que está luchando, pero está seguro de que llegando a la universidad, estudiará la licenciatura en Derecho.

“Quiero estudiar Derecho porque veo cómo están las cosas en el país, cómo mucha gente no tiene dinero para pagar un abogado o para asesoría jurídica en los procesos que están llevando”, dice Héctor tronando sus dedos mientras platicamos en Ciudad Universitaria.
No es difícil llegar a Héctor: en cada mitin, en cada marcha, el joven platica con todos los que se acercan a él.
Al finalizar cada acto donde Héctor suele tomar el micrófono, uno se acerca a un joven sencillo, sincero; como si se le conociera de años atrás, él comienza a narrar su vida, la de su padre, cuenta cómo siembra el café, cuánto le gusta pedir salsa en sus papas e incluso, cuánto barullo encuentra en la ciudad cada que se encuentra lejos de casa.
No hace falta recordarle quién eres una u otra ocasión, Héctor tiene una gran memoria y, cada que me acerco a él, me recuerda en el Monumento a la Revolución cuando se organizó la Caravana por la Libertad de Alberto Patishtán días antes de la respuesta del Tribunal Colegiado que ratificaría la sentencia a su padre… o a las afueras de la Judicatura de la Federación, donde supo que su padre no salía libre, por el momento.
Héctor no duda nunca de quien le hace preguntas, él, siempre con una sonrisa en el rostro, ofrece las respuestas o cuenta historias, como cuando juega todo el día si no tiene una conferencia de prensa, un mitin o una marcha a la cual acudir.
Interrogo sobre quién es Héctor Patishtán a uno de sus amigos, quien a unos metros nos escuchaba hablar al joven y a mí. Después de pensarlo unos segundos, contesta con gran seguridad:
“Héctor Patishtán es un hombre que nació hace 17 años, que vivió sin su padre hace 13, que se volvió huérfano hace 11, que empezó a trabajar hace 11, que empezó a trabajar en los cafetales hace 8 y que en los últimos dos años se ha vuelto adherente a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, vocero del movimiento del pueblo del Bosque y fundador del comité por la libertad de Alberto Patishtán”.
El joven vocero del El Bosque -ubicado entre las montañas del sur de México- no sabe qué será de su futuro. No está en sus manos, pero tampoco sabe mucho de su pasado. Lo que sabe está en el álbum fotográfico que narra su vida desde el 17 de julio de 1996, cuando nació.
“Desgraciadamente, el recuerdo más bonito que yo tengo es mirar las fotos donde una vez estuvimos en familia, mi mamá, mi papá, yo” dice tranquilo Héctor.
Piensa sobre sí mismo y después de varios silencios, narra cómo desde los ocho años su madre se alejó de él y de su hermana, dejando de lleno en los niños toda la responsabilidad de salir adelante.
“Los recuerdos que yo tengo son de mirar las fotos y recordar que una vez en mi familia estuvimos juntos”.
Si bien desde los cuatro años no ha estado con su padre y a los ocho su madre se alejó, sus abuelos viven también en el municipio del Bosque y son quienes le han enseñado gran parte de sus saberes, como el conocimiento de cultivar café.
Además de esa habilidad, también es un buen jugador de futbol y patea el balón cuando sea con sus amigos del Bosque o con sus amigos de la Ciudad.
Neftalí es uno no sólo de sus amigos sino de sus compañeros de lucha. Cuando Héctor va al Distrito Federal, Neftalí está con él.
“Héctor es alguien que sabe escuchar, es muy callado, pero cuando habla, procura que sus palabras no estén vacías”, describe Neftalí, un amigo que se entiende con Héctor a pesar de no ser de la misma generación, éste podría ser su hermano mayor.

“Cuando va a una asamblea en el D.F., dice que la gente no sabe escuchar, son muy diferentes a las de su pueblo”, dice Neftalí, un joven que desde hace quince años es activista y amante de rodar en bicicleta.
Los compañeros de Héctor, a diferencia de un joven de su edad, no necesariamente están en las aulas o en las calles cercanas a su hogar. Sus compañeros están en diferentes trincheras, desde sus compañeras América del Valle y Trinidad Ramírez que están en Atenco, hasta sus compañeros del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad que recorren de norte a sur el país. Neftalí , al igual que muchos otros, entre ellos activistas, pertenecen al Comité por la Liberación de Alberto Patishtán.
El joven tzotzil no tiene miedo a los micrófonos, sea en un mitin ante cientos o ante miles, Héctor no teme al hablar y busca, con cada palabra, tejer conciencias que permitan que él, su padre y muchas injusticias, pronto caminen libres.
El historiador y profesor emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México, Adolfo Gilly, ha dicho que el padre de Héctor, el profesor Alberto Patishtán, es actualmente el preso político más importante de México. Héctor está consciente de ello y sigue las lecciones que en cada palabra, en cada carta, en cada paso enseña su padre.

Los golpes en la vida de Héctor no han sido fáciles, sin embargo, la fuerza que ha demostrado en días recientes ante la ratificación de la condena de su padre a 60 años de prisión ha impresionado a muchos.
“Mientras todos nos perdíamos entre la tristeza de la noticia, fue Héctor quien decía que había que luchar, que esta batalla no había acabado”, cuenta Neftalí.
El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, Servicios para la Paz (Serapaz), el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra de San Salvador Atenco, el Frente Popular Francisco Villa, el Movimiento de Aspirantes a la Educación Superior (MAES), diversas organizaciones sociales, defensores de Derechos Humanos, estudiantes y sociedad civil arropan a Héctor.
Y él, de algún modo, arropa al preso político más importante del sexenio de Enrique Peña Nieto.


