spot_img

Howard Zinn: una vida contra la Historia oficial

- Anuncio -

Erick Ampersand / @AmpersandLitera

Fotografía: Redjar

(04 de febrero, 2014).- El lunes 27 de enero se cumplieron 4 años de la muerte del historiador, dramaturgo y activista político Howard Zinn.

Es extraño, por decir lo menos, que la labor de un pensador tan sagaz y comprometido con las causas sociales pasara casi desapercibida.

En nuestro país, es posible acceder a dos de sus grandes obras: La otra historia de los Estados Unidos, publicada por Siglo XXI y Sobre la guerra. La paz como imperativo moral, editada por el sello Debate.

La otra historia de los Estados Unidos apareció en 1980 y desde entonces recibió toda clase de comentarios por parte de la crítica, desde quienes la alabaron como una nueva forma de hacer historiografía, hasta quienes cuestionaban su sentido ideológico de fondo.

En más de una entrevista, su autor explicó que el objetivo principal, no era tanto realizar una investigación histórica al modo académico, sino el de construir una Historia a contrapelo, una que pudiera evidenciar el otro rostro de la versión oficial sin dejar de lado las técnicas precisas y el sustento vía fuentes.

Howard Zinn postuló en sus diversas participaciones políticas y a lo largo de todo su trabajo académico que es a partir de las pequeñas acciones, implementadas a menudo por personajes anónimos, que el mundo empieza a cambiar:

Allí donde se han hecho progresos, en cualquier lugar donde una forma de injusticia ha sido reparada, ha sido porque porque las personas han actuado como ciudadanos y no como políticos. No se limitaron a quejarse. Trabajaron, actuaron, se organizaron y si fue necesario, se sublevaron para llamar la atención de la gente en el poder sobre su situación. Y eso es lo que debemos hacer hoy.

Él luchó por contagiar no sólo su solidaridad sino también su carisma a los distintos grupos civiles que se oponían a las represiones e injusticias. Su amigo, el también activista, Noam Chomsky, lo recuerda como alguien que contagiaba a los jóvenes con un sentimiento de esperanza a la vez que los impulsaba para no bajar los brazos. Al respecto, el lingüista del MIT escribió: “No es exagerado decir que cambió, literalmente, la percepción y también la conciencia de toda una generación. No es un logro menor y continúa expandiéndose.”

Zinn provenía de una familia de inmigrantes judíos que se establecieron en Brooklyn, Nueva York, a principios del siglo XX. Cuando era aún muy joven fue invitado por sus amigos a una protesta pacífica en Times Square. De pronto, la policía apareció montando caballos y empuñando macanas, las sirenas sonaron, las mujeres gritaron y la represión fue incontrolable. Él no podía creer lo que veía. Un grupo de personas en completa paz y cuya única arma era el poder que concentraban sus palabras, se veían agredidos por oficiales blindados de acero y empuñando armas de fuego.

En algún momento, el joven Zinn recibió un golpe en la cabeza que lo dejó inconsciente sobre el asfalto. Cuando por fin recuperó el sentido, descubrió una ciudad que parecía no haberse enterado de lo ocurrido. Times Square lucía limpia, sin protestantes ni represores, sin memoria ni indignación. Era clara la hipocresía.

No olvidaría este hecho y durante su juventud creyó ver en el ascenso del Nazismo una versión amplificada de este fenómeno. Entonces se integró a las tropas norteamericanas de la Segunda Guerra Mundial. Después del conflicto volvió a casa y estudió Historia hasta alcanzar el doctorado.

Mucho antes de graduarse, viajó de regreso a los lugares en donde su escuadrón de bombardeo había atacado y entrevistó a algunos de los sobrevivientes. Decidió nunca más apoyar acciones bélicas y fue uno de los primeros intelectuales en oponerse de manera enfática a la invasión de Vietnam.

Durante esos años impartió clases en el Colegio Spellman. Ahí organizó acciones directas, pacificas y creativas en contra de la segregación racial. Junto a miembros del Comité Coordinar Estudiantil No Violento -SNCC, por sus siglas en inglés- asistían a restaurantes y cafeterías, y de manera organizada se colocaban en las zonas exclusivas para blancos.

El historiador era bastante insistente a la hora de impulsar a que sus alumnos acudieran a bibliotecas en donde la segregación racial era sólo un disfraz para censurarles el conocimiento, para mantenerlos en la ignominia y la precariedad.  Les motivaba a que no sólo pidieran los libros sino que también los leyeran ahí mismo, de tal modo que evidenciaran los prejuicios de las supuestas clases ilustradas.

“Yo deseaba que mis estudiantes se fueran de mis clases no sólo mejor informados, sino más preparados para abandonar la seguridad del silencio, más preparados para responder en voz alta, para actuar contra la injusticia donde ésta se presentara. Esto, claro, era una receta para atraer problemas.”

Poco después de estas acciones, Zinn fue expulsado por las autoridades del colegio, alegando una “insubordinación” de su parte. Lo cierto es que, con sus acciones, el historiador sólo ponía en evidencia la poca participación de las autoridades educativas contra el racismo, dentro y fuera de las aulas.

Dos de sus ex-alumnos, la escritora Alice Walker (premio Pulitzer por la novela El color púrpura) y el activista e investigador, Julian Bond lo recuerdan como un hombre que se enfocaba más en informar que en convencer. Quizá en ello radicase el aprecio con que los jóvenes se acercaban a él. Uno de sus vecinos, el futuro actor Matt Damon, solía platicar con él a menudo en largas caminatas por el vecindario.

Por ello, no fue extraño que sin una gran campaña publicitaria, sino apelando al contagio boca-a-boca, en poco tiempo La otra historia de los Estados Unidos se volviera un éxito entre la población joven. 24 años después de su primera edición, cada año supera su número de ventas, alcanzando hoy las dos millones de copias. Es tan famoso que incluso aparece en un capítulo de The Simpsons.

La otra historia… retrata el camino de las sociedad usamericana como resultado directo de acciones colectivas y no de personalidades o individualidades. Nos demuestra que, a menudo, la Historia se crea en anonimato pero se escribe bajo una autoría. Howard Zinn va en contra de la Historia oficial y reproduce en este libro escenas poco conocidas de los presidentes norteamericanos,  desde Andrew Jackson hasta Franklin Delano Roosevelt.

A su vez, en la recopilación de artículos y ensayos editados en Sobre la guerra. La paz como imperativo moral encontramos a un autor que apela a la ética y al optimismo creativo como verdaderas armas de cambio. En El optimismo de la incertidumbre, el autor afirma:

 En este mundo terrible, donde los esfuerzos solidarios de tantas personas palidecen ante las acciones de los poderosos, ¿cómo consigo mantener el compromiso y aparentemente también la ilusión?

Tal vez no tenga la seguridad absoluta de que el mundo vaya a mejorar, pero sí de que no deberíamos abandonar la partida antes de jugar todas las cartas. La metáfora es deliberada: la vida es un juego. No jugar supone descartar por adelantado cualquier posibilidad de ganar. Jugar, actuar, es crear al menos una posibilidad de cambiar el mundo.

Sobre la guerra… concentra artículos dispersos que de otra manera sería casi imposible leer. Escritos entre 2001 y 2006, estos textos fueron publicados en 8 revistas distintas y 4 libros más. En sus páginas encontramos incisivos análisis sobre la política militar de los EE. UU., desde la Segunda Guerra Mundial hasta Irak, pasando por Vietnam, Kosovo, Yugoslavia, Libia y el 11 de septiembre.

Los últimos dos fragmentos del libro, “Contra los nacionalismos” y “Más allá del maquiavelismo” concentran la visión esencial de este autor frente a las “justificaciones” que casi todos los gobiernos ocupan para enviar ciudadanos a combate: defender la Patria / destruir al Mal.

Esa idea aparece en el discurso que pronunciara en Boston, durante 2006, al recibir el Premio por una Vida de Contribución a la Erudición Crítica. En aquella ocasión, Zinn recordaba las palabras de Hermann Göring, segundo hombre al mando, sólo después de Adolf Hitler, quien en una conversación con Gustav M. Gilbert respondía de esta manera:

GMG – ¿cómo fue posible que Hitler y  los nazis pudieran hacer que el pueblo alemán aceptara políticas de guerra y agresión tan absurdas y ruinosas?

HG –  ¡Vaya! Por cierto, la gente no quiere guerra. ¿Por qué algún pobre diablo iba a querer arriesgar su vida en una guerra? Pero, después de todo, los que determinan la política son los dirigentes del país. Siempre se puede llevar a la gente a seguir las órdenes de los dirigentes. Basta con decirle que está siendo atacada y con denunciar a los pacifistas por falta de patriotismo. Funciona igual en cualquier país.

Howard Zinn no sólo escribió decenas de libros y participó en innumerables actos de desobediencia civil pacífica, también utilizó otras formas de expresión artística para hacerse escuchar. Escribió tres obras de teatro: Emma (1976), La hija de Venus (1985) y Marx en Soho (1999), además de grabar discos compactos con lecturas de sus artículos acompañados de música rock. El documental: “Howard Zinn: You can’t be neutral on a moving train” recoge una parte importante de su quehacer político.

Quizá uno de los principales logros del historiador y activista fue extirparle a la derecha el monopolio del discurso sobre la moral y la decencia. A menudo son las clases altas quienes enarbolar con palabras las buenas costumbres para luego corromperlas con sus acciones. Howard Zinn puso esto en evidencia y demostró que las luchas en contra de la injusticia, de la desigualdad, de la bomba atmosférica y de la amenaza nuclear, son todas ellas unidas por un punto en común: aquel que busca recuperar la decencia entre los más explotados, al tiempo que hace evidente la indecencia del poder:

Algunos pueden decir: “Y bien, ¿qué espera usted?”

Y la respuesta es que esperamos muchas cosas.

La gente dice: “Pero, ¿es usted un soñador?”

Y la respuesta es sí, somos soñadores. Lo queremos todo. Queremos un mundo en paz. Queremos un mundo igualitario. No queremos la guerra. No queremos el capitalismo. Queremos una sociedad decente.

*Agradezco el apoyo de Jessica Muñoz (Penguin Random House), Diana Barreiro (Ediciones Urano) y Luis Galeana (Siglo XXI editores) para la realización de este artículo.

- Anuncio -spot_img

MÁS RECIENTE

NO DEJES DE LEER