Laisa
(27 de noviembre, 2013).- Por décadas se ha debatido qué se necesita para ser una mujer independiente. Diversos autores han propuesto rasgos distintivos de personalidad, actitudes o conductas hasta el punto de caer en estereotipos.
Es momento de humanizar este debate.
A lo que me refiero: enfocar esta perspectiva a que a final de cuentas somos humanos que habitamos una sociedad altamente demandante y compleja. Donde cada uno de nosotros tiene un carácter y personalidad definidos por distintas circunstancias a lo largo de nuestra vida.
Obviamente, sí es válido motivar a las mujeres a buscar su propia autonomía en su sexualidad, vida profesional y personal. Pero es cierto que la palabra independencia ya lleva consigo un estigma muy peligroso que llega a ser confundido con la indiferencia.
Especialmente en el caso de México, en ocasiones las mujeres que son jefas de familia y emprendedoras de microempresas han tenido que encontrar su propia independencia económica por una situación de abandono. Han sido víctimas de una sociedad gobernada por un modelo actual blanco y burgués que tiene una actitud hasta cierto punto apática a cualquier situación que no encaje en este esquema.
Entonces, antes de debatir que hace a una mujer independiente o no:
Recordemos la situación actual de nuestra sociedad.
Cada uno con diferentes conflictos personales, laborales y económicos que cargar. Cada uno cargando nuestra propia indiferencia hacia los problemas actuales que acontecen en el país.
¿Cuándo encontraremos nuestra propia autonomía que nos hará personas más integras y libres?
Hoy los invito a que nos conozcamos un poquito más.
Aprendamos qué no nos gusta y cómo decirlo. A recordar qué nos hace sumamente felices y vivirlo. Acordarnos de nuestras virtudes y talentos para explotarlos al máximo. Darnos cuenta de qué manera podemos hacer de este mundo un lugar un poquito más agradable y así de una vez por todas terminar con la indiferencia para encontrar nuestra propia independencia.


