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Islandia: existen otras formas para el crecimiento económico a las planteadas por el FMI

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Por: Angie López

@anjukie3_0

 

La forma en la que Islandia manejó la crisis económica y financiera del 2008 fue opuesta a las políticas de restricción presupuestaria y de rescate bancario propuestas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), mismas que han sido seguidas por la Unión Europea. A la fecha, la estrategia de Islandia, ha mostrado resultados más alentadores de los que se han visto en otros países europeos azotados por la crisis.

“Se dijo que Islandia sería un paria para la comunidad inversora, que los fondos internacionales se retirarían, que su forma heterodoxa de afrontar el estallido de su sistema financiero provocaría un incendio a largo plazo que terminaría por arrasar su idea del estado de bienestar”, escribó Inés Abril en el medio español Cinco Días.

Sin embargo, su caso demuestra que hay otras formas de sanear la economía que distan mucho de las que suelen aplicarse que van directamente en contra de los intereses de los ciudadanos.Las medidas propuestas por el FMI han mostrado ser ineficientes además de desatar gran descontento social y en el caso de algunos países, como los europeos, altos costos polítcos para sus gobernantes. Islandia puso los interses de la gente por encima de los de los mercados.

Los tres bancos más importantes de Islandia se fueron a la quiebra en 2008. Los activos de estos bancos eran equivalentes a diez veces el PIB nacional. La pérdida neta ascendía a 85 mil millones de dólares. Islandia se negó a pagar la deuda que correspondía a los banqueros y en vez de eso, el gobierno entró a regular la actividad bancaria.

“La diferencia es que en Islandia dejamos que los bancos quebraran. Eran instituciones privadas. No inyectamos dinero para salvarlas. El Estado no tiene por qué asumir esta responsabilidad”, declaró el presidente Olafur Grímsson.

Los bancos privados fueron obligados a cancelar los créditos con tasas de interés variables que fueran mayores al 110 por ciento del valor real de los bienes inmuebles, para impedir que los ciudadanos se vieran forzados a pagar cantidades imposibles por sus bienes obtenidos a crédito.

Los banqueros involucrados en prácticas fraudulentas que conllevaron a la crisis financiera han sido perseguidos por la justicia, algunos incluso enjuiciados, aunque al final, los que llegaron a ser recluídos, tras unos meses fueron puestos en libertad, como fue el caso del exprimer ministro Geir Haarde.

Otra de las áreas más afectadas fue la del empleo, ya que siendo Islandia uno de los países donde prácticamente todos los ciudadanos económicamente activos tenían trabajo, el índice de desempleo alcanzó el 9 por ciento.

La deuda islandesa alcanzó el 900 por ciento del PIB y la moneda nacional se desplomó 80 por ciento con respecto al euro. El PIB disminuyó aproximadamente 11 por ciento.

Ante la crisis, el gobierno quiso implementar en 2009 las medidas propuestas por el FMI, el cual, prestaría 2 mil 100 millones de euros para la recuperación a cambio de que el país siguiera las medidas de austeridad. Una gran movilización popular, la mayor protesta en Reikiavik desde que la Islandia se integrara a la OTAN en 1949, obligó al gobierno a renunciar y por consecuencia, la propuesta no fue aceptada. La izquierda se quedó con la mayoría en el Parlamento.

El nuevo gobierno, en contra de lo que los ciudadanos demandaban, aceptó la ley Icesave, la cual, obligaba a los islandeses a pagar la deuda que dicho banco adquirió con sus clientes (principalmente ingleses y holandeses), al quebrar. Se trataba de una deuda que representaba el 40% del PIB islandés: 9 mil euros por habitante a pagar en 15 años. Los ciudadanos se manifestaron en contra y el Presidente se vio obligado a negarse a ratificar la propuesta parlamentaria. La ley se sometió a un referéndum en 2010 y el 93 por ciento de los islandeses la rechazaron. En 2011 hubo un nuevo referéndum y volvió a ser rechazada, aunque esta vez por un 63 por ciento de la ciudadanía.

Se formó una asamblea constituyente conformada por 25 ciudadanos elegidos de entre 522 candidatos mediante sufragio universal. Éstos redactaron una nueva constitución en la que se destaca el derecho a la información, haciendo los documentos oficiales de acceso público.

La nueva carta magna creó un Comité de Control de Responsabilidad del Gobierno e hizo ley el que un 10 por ciento de los electores es capaz de someter a referéndum las leyes propuestas por el Parlamento. Con esto, se pretende devolver al pueblo la soberanía sobre el rumbo del país a través de la regulación constante del quehacer de los gobernantes.

Los resultados de la estrategia islandesa han sido favorables: en 2011, su economía creció 2.1 por ciento y en 2012 se mantuvo entre 2 y 3 por ciento. Standard & Poor’s espera que ese ritmo de crecimiento se mantenga al menos hasta 2015. Si bien es un crecimiento moderado, contrasta con el que se está dando en otros países de la Unió Europea afectados por la crisis de 2008, que van de 1.5 por ciento en el mejor de los casos, al retroseso en el peor.

La tasa de desempleo en Islandia bajó al 6 por ciento. A pesar de seguir siendo alta, la reducción de 3 por ciento es alentadora al compararse con el crecimiento de 26.2 por ciento que alcanzó España en 2012, el 26 por ciento de Grecia, el 14.7 por ciento de Irlanda, el 7.8 por ciento de Reino Unido, el 10.7 por ciento de Francia, el 11.1 por ciento de Italia, el 16.3 por ciento de Portugal, e incluso el 7.9 por ciento de Estados Unidos.

Otro aspecto positivo de las políticas económicas islandesas, es que pudieron pagar de forma anticipada su deuda con el FMI. Incluso Poul M. Thomsen, subdirector del departamento Europeo del FMI declaro que los islandeses “tomaron el control de su destino e implementaron algunas políticas muy duras que ahora están dando frutos”.

A pesar de que las cosas siguen siendo complicadas en Islandia, mantener el modelo de bienestar social y alcanzar una consolidación fiscal es un gran logro. En Islandia se optó por cobrar más impuestos a los ricos sin alejar la inversión privada a través de un “programa de estímulo económico alternativo y eficiente”, en palabras deSalim Lamrani.

No todo ha sido miel sobre hojuelas. Egill Helgason, periodista islandés advierte que la situación de Islandia sigue siendo un proceso que hay que cuidar no pierda el rumbo. “En este país siempre hay ese peligro. Es una sociedad pequeña, con estos pequeños grupos, estas pequeñas camarillas que pueden tomar el control. Esta ha sido la situación durante casi 20 años antes del hundimiento. Teníamos esta camarilla de políticos, banqueros, liberales, que casi se habían hecho con el control de la sociedad, y hay que estar atentos”, indicó Helgason.

Islandia aún debe enfrentar “una constante inflación (6.5%, la segunda mayor de la OCDE), el aumento de impuestos, restricciones sobre la moneda y el recorte de los presupuestos de salud y educación”, de acuerdo conBerglind Ósk Bergsdóttir, periodista islandés.

De acuerdo con Berglind, Islandia se topa con el problema de empresarios y gobernantes renuentes a transformar el status quo que los beneficia. También señala que muchos ciudadanos quieren volver a tener el nivel de vida altamente consumista que llevaban hasta 2007, sin darse cuenta que fue precisamente eso lo que los llevó a la crisis.

Por otra parte, un sector importante de la sociedad sí transformó sus prioridades en la vida a raíz de la crisis de 2008. Se involucran más en la política y tienen mayor participación y organización como ciudadanos. Sin llegar a considerar el modelo islandés como la panacea, se destaca el valor de la organización ciudadana y la solidaridad.Sveinbjorn, ciudadano islandés afectado por la crisis al quedarse sin empleo, declaró que “fue un shock para todo el mundo y el Gobierno no tenía la capacidad para afrontar la situación. Entonces tuve una idea, aquellos que no teníamos trabajo podíamos formar un grupo, una especie de grupo de apoyo capaz de canalizar nuestras ideas para hacerlas llegar al gobierno, a los que mandan, para que sepan como deben actuar con nosotros”. Indudablemente, dos cabezas piensan mejor que una y si son más de dos, mejor.

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