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La campaña de los niños resiste

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Elvira Arellano

¿Cuánto vale la vida de un joven, si es afronorteamericano o latino?

Durante la semana pasada, se juntaron miles de personas en cien ciudades en los Estados Unidos para exigir que el gobierno federal tomara medidas para comprobar que la vida de Trayvon  Martin valía algo. También demandaron que se parara la guerra de criminalización de los jóvenes afronorteamericanos y latinos y de que en vez de ella, se invierta en empleos y escuelas.  Dijeron que la fórmula de “empleos no, droga y armas de fuego sí” solo conduce a la violencia, la delincuencia y, inevitablemente, el procesamiento de los jóvenes en el sistema de “justicia criminal”, el complejo de prisiones e industria, y ahora asesinatos cometidos por vigilantes racistas.

La gente que defiende las leyes tipo “Oponga resistencia” (“Stand your Ground”) respondieron diciendo “el problema es la descomposición de las familias”. Mientras tanto, cinco millones de niños ciudadanos de los Estados Unidos y un millón más de “soñadores”, es decir, seis millones de jóvenes con padres y madres indocumentados, pasan todos los días con el temor de que van a ver sus familias hechas pedazos por medio del arresto y deportación de sus padres o madres, o ambos.  Todos los días, cientos de estos jóvenes llegan a la casa desde la escuela solo para descubrir que papá o mamá ha sido agarrado por la inmigración y tiene su cita para la deportación el viernes próximo, mientras que los niños se encaran con la posibilidad de evicción de sus hogares, hambre y sus vidas destrozadas.  Esto sucede 1,400 veces cada día mientras que los políticos en Washington hablan y hablan.

Eso es su famosa preocupación por “mantener las familias fuertes y unidas”.

La mera verdad es que se ha desatado una guerra feroz en contra de los jóvenes. Los atacan desde todos lados—en la calle, en las escuelas y en sus hogares. El motivo de estos ataques queda claro: Tiene que ver con los números.  Juntos, los afronorteamericanos y los latinos constituirán la mayoría en Tejas y pronto lo serán también en muchos otros estados y la nación entera, si es que la próxima generación logre sobrevivir intacta. Las minorías viven bajo la sospecha de que se pueden convertir en una nueva mayoría.

Para los dueños de clase media de armas de fuego que constituyen los que apoyan a las leyes “stand your ground”, esa mayoría potencial es una amenaza para sus vecindarios y sus ciudades. Para los jefes de las grandes corporaciones, amenaza las cosas que ellos suelen hacer en África, Latinoamérica y el Medio Oriente.  Ellos se acuerdan que la comunidad afronorteamericana obligó al gobierno a que cambiara su apoyo por el sistema de “apartheid” en Sudáfrica. Los latinos en los Estados Unidos podrán retar las intervenciones, manipulaciones financieras y pactos de “libre comercio” que han mantenido pobres a los países latinoamericanos y ricos a las corporaciones.

¿Quién habla a favor de estos millones de jóvenes? Se han diseñado las fronteras de los distritos electorales del Congreso de tal forma para asegurar que mayorías blancas eligen suficientes congresistas para bloquear la acción que se necesita. Los “visionarios” del liderato demócrata inventaron su propia formula: La elección de un presidente afronorteamericano calla a los afroamericanos y los latinos mientras que los políticos demócratas gobiernan para competir por los votos de los blancos de la clase media, y mientras que el saqueo de recursos, la droga y la criminalización destruyen a nuestras comunidades y al futuro de la próxima generación.  Mientras tanto el presidente nos comparte su experiencia con discriminación cuando era joven, pero no hace nada.

¿Quién habla para estos millones de jóvenes? Tienen que hablar por si solos, y nosotros los debemos respaldar. Mi hijo Saulito, un ciudadano de los Estados Unidos se encuentra en Washington hoy para presentar el caso de los seis millones de jóvenes que necesitan que se legalicen sus familias. Hablará con congresistas, para exigir que aprueban una reforma migratoria y, una vez más, implorará al presidente a que utilice el poder que le hemos dado con nuestros votos, y que hemos mostrado que de hecho tiene, para extender el programa de aplazamientos que ha otorgado a los soñadores a los padres de ellos y a los padres de ciudadanos estadounidenses, como él mismo.

En Chicago, la Familia Latina Unida se unirá con LULAC para anunciar la Campaña Nacional de los Niños para presionar al presidente y al Congreso para estas mismas reivindicaciones durante el mes de agosto. Los jóvenes están oponiendo su propia resistencia. Si sus familias resultan deportadas, en la mayoría de los casos, los niños serán deportados con ellos, siendo la otra opción quedar atrás en condiciones de pobreza extrema. Si logran permanecer, se formarán parte de la nueva mayoría. Hemos tenido un viaje largo y ya la próxima generación se está levantando.¡Apóyenlos! ¡No los dejen en el abandono!

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