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La exclusión social, la mayor pesadilla gay (VIDEO)

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J. Arturo García / @SoyArturito

Antonio perdió tres años de escuela a causa de un fenómeno que aqueja a 3 de cada 4 hombres gays en edad escolar en México: el bullying por homofobia. Se trata de una vertiente de abuso poco explorada, pero igual de lastimosa, que provoca en el 30% de los casos que las víctimas sean agredidas físicamente. A golpes, se intentan “quitar” lo “puto”.

(07 de agosto, 2013).- La mayor pesadilla de Antonio, en sus 29 años de vida, ha sido su paso por la secundaria. Ahí, dice, se agravaron los problemas de discriminación y tuvo las peores experiencias que terminaron por derribar su autoestima.

“Fue muy difícil (mi adolescencia) porque no tenía el apoyo de mis padres, porque esos temas no se tocaban en familia, y en la secundaria era un tema de burla. Constantemente me hacían burlas cuando se hablaban esos temas en clases de biología.

“Me acuerdo que en educación física nadie quería hacer equipo conmigo, si había una fiesta pues no podría ir, si dejaban trabajos en equipo me quedaba solo; en la calle era igual, los grupos de vecinos que se juntaban hacían lo mismo conmigo. Lo más doloroso fue eso, la exclusión”, mencionó Antonio.

Si alguien no escuchara su voz o sus movimientos delicados, pensaría que este joven habla de una enfermedad contagiosa, incurable y peligrosa para quienes se acercaran a él.

Pero no. Habla sobre su homosexualidad, que lo aisló de todos.

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De acuerdo con la Primera Encuesta Nacional sobre Bullying Homofóbico, el 90 por ciento de las agresiones para hombres y mujeres homosexuales en edad escolar son comentarios e insultos.

Le sigue el 80 por ciento con humillaciones públicas, 60 por ciento en actos discriminatorios, 30 por ciento en golpes y 20 por ciento en amenazas.

El estudio, presentado en la Comisión Nacional de Derechos Humanos, condensa el acoso en tres años: el 60 por ciento de todos estos casos se originaron en la secundaria, los grados de horror para Antonio.

Te dicen lo de siempre ‘puto’, ‘maricón’, ‘puñal’ y eso te va alejando de la gente. Nadie quiere ser amigo de alguien que es llamado así constantemente. Te aíslan, lo que provocan es que te quedes solo”, contó.

Su historia suena común para el 75 por ciento de los hombres gays en México, quienes han sufrido violencia en un plantel escolar, según el estudio.

Fue tal el nivel de bullying, que Antonio perdió tres años de estudios tras salir de la secundaria. Con su regreso a las aulas, en la preparatoria, continuaron algunos comentarios homofóbicos pero debido a la mayor apertura escolar, con la convivencia de más personas gays, fue que logró superar las consecuencias del abuso.

A sus 23 años, Antonio llegó a la organización Cuenta Conmigo, una organización que surgió en 1999 y, según su descripción en un mensaje presentado en su sitio de internet, “es una asociación civil que trabaja a favor del desarrollo psicoafectivo y sexual de hombres, mujeres, heterosexuales, gays, lesbianas, bisexuales, transexuales y transgénero. así como de sus familiares que requieran apoyo, o bien, desean acompañarles en este proceso”.

Cuando puso un pie dentro de la organización, en su memoria se mantenían aquellas frases discriminatorias por su preferencia sexual.

“¿La discriminación les marca su vida?”, se le pregunta a Antonio.

“No sé si a todas las personas pero a mí sí me marcó, porque yo no tenía apoyo, y antes no existían grupos ni asociaciones de apoyo, ni entendimiento de los padres de familia. Ahora la homosexualidad es más aceptada.

“Las políticas de la Ciudad de México hacen que estemos en una isla privilegiada, pero una vez pasada esa isla es todo lo contrario. Lamentablemente, me parece, la discriminación ahora es por ser homosexual afeminado. Yo lo veo así”, contestó.

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Debido a la vulnerabilidad a las que están expuestas las personas de la comunidad lésbico-gay, Jaqueline L’Hoist, presidenta del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación en el Distrito Federal (Copred), presentó en mayo pasado una iniciativa de ley para incluir como conducta discriminatoria la homofobia y la transfobia.

En el Código Penal de la capital, la discriminación es considerada un delito, el cual es penado de uno a tres años de prisión o de 25 a 100 días de trabajo en favor de la comunidad, y multa de 50 a 200 días de salario mínimo.

Pese a esos cambios legales, Antonio aún no ha salido abiertamente del closet con su familia.

“Hasta la fecha, mi familia no sabe que soy gay, pero ya lo aceptaron porque lo intuyeron desde hace años y lo han reconocido y respetado, me han apoyado sin necesidad de confesarlo.

“Pero un tiempo, hace mucho, si hubo un momento de rechazo (por parte de mi familia), y fue porque uno de los vecinos me vio salir con un chavo. Mi papá me dijo: ‘la verdad esperábamos otra cosa de ti, pero si fue así, qué le vamos hacer'”, se escucha recordar a Antonio desde el otro lado del teléfono

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Toni Reis es presidente de la Asociación Brasileña de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgéneros y uno de los mayores activistas en el mundo contra el bullying por homofobia. Durante sus recurrentes ponencias en la UNAM, el doctor en Educación ha insistido en la situación “poco alentadora” para los jóvenes gays en las aulas.

“En 7 países ser homosexual se castiga con pena de muerte, en 75 países es delito, sólo en 58 países se protege a las personas lésbico, gay, bisexual, transgénero (LGBT)”, señaló en 2012.

Sin embargo, hay una cárcel invisible que escapa a los estudios de Reis: la pena del silencio con la que el bullying aisla a los homosexuales.

 

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