(14 de julio, 2014).- En un mismo vagón del metro de Río de Janeiro se encontraron de frente y con sorpresa dos mundos paralelos y distintos que compartían una misma cosa. En la estación de metro Saens Peña, cerca del estadio Maracaná, en Río de Janeiro, se veía a estudiantes, profesores y trabajadores bajando las escaleras, saltando los torniquetes y refugiándose en los vagones a toda velocidad para escapar de las macanas y el gas de la policía militar.* Los que lograron escapar del cerco y los golpes, en el último tren que salió de la estación, se encontraron con algunos argentinos y turistas que se encaminaban a Copacabana para presenciar la Final de la Copa en compañía de la masa de otros 50 mil connacionales. En un mismo vagón se acompañaban decenas de argentinos y aficionados y también decenas de personas obligadas a llorar por los efectos del gas azul y por algo más que eso; unos 80 rostros llorando a lágrima forzada y lamentando a gritos: “¡esto es Brasil! ¡Brasil de mierda!”.
Conforme el metro iba alejándose de Saens Peña, los argentinos comenzaron a ser mayoría y las lágrimas y el miedo disminuyeron. A tan sólo unas pocas estaciones de distancia, de camino a Copacabana, se encontraban dos mundos tan distintos: en uno las personas van con mantas, máscaras y cascos mientras lloran, corren y gritan bajando escaleras a toda velocidad; en el otro las personas suben lentamente las escaleras con banderas, playeras color celeste y cantando “que de la mano de Lio Messi, toda la vuelta vamos a dar”. La tos del gas y los gritos por un lado; la risa y los cánticos por otro.
Eventualmente, todos somos compañeros de lágrimas forzadas por una u otra razón. Tanta alegría no sabía lo que le esperaba en la noche del mismo día. Al final la tristeza alcanzaría a los latinoamericanos, pero en esta ocasión las lágrimas forzadas brotarían a causa de un gol de Götze en el fatídico minuto 113. Más allá de las rivalidades ficticias, ya sea por el gas, por un gol, por el precio del transporte, por el costo de los estadios o por la educación, todos terminamos con lágrimas en la cara y lamentándonos en español, en portugués o en tantos otros idiomas de nuestra tierra. Eran dos mundos distintos que tenían algo en común: la FIFA y sus amigos que hicieron llorar a tantos.
* La manifestación no fue violenta y aún así hubo un cerco que duró hasta el final del partido y mantuvo atrapadas a cerca de 100 personas. Hasta ahora se habla de cerca de diez personas detenidas, agresiones contra la prensa y 32 detenciones preventivas antes del día de la Final. Durante el cerco hubo agresiones por parte de los policías que verbalmente negaron que el derecho de tránsito estuviera en la Constitución de 1988. Además, se escucharon frases como: “Ustedes sabían lo que les esperaba por venir a protestar.”




