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“La fuerza del teatro para conectar pueblos, comunidades y culturas”: Willem Dafoe por el Día Mundial del Teatro 2026

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El mensaje con motivo del Día Mundial del Teatro 2026 estuvo a cargo del actor Willem Dafoe, quien enfatizó que, frente a estos tiempos de vorágine tecnológica,  normalización de la violencia y polarización agudizada desde los algoritmos de las plataformas, “social y políticamente, el teatro nunca ha sido tan importante y vital para la comprensión de nosotros mismos y del mundo”.

Arthur Miller decía que el teatro es “el único arte donde la humanidad se enfrenta a sí misma”; Augusto Boal, que es “el arte de mirarnos a nosotros mismos”; Luis de Tavira, que es “el espejo que nos dice quiénes somos”. En esta sociedad del apantallamiento, que advertía Lipovetsky en 2009, las pantallas están cambiando la forma de ver y de vernos. Nuestro tiempo de atención en pantalla se subasta, el morbo y el odio se monetizan y asalta la desinformación.

Dafoe habló de sus raíces en The Wooster Group, que presentaba montajes y trabajos en proceso en The Performing Garage, en Nueva York, y luego por el mundo. Mencionó a directores con los que ha compartido tablas, como los recién fallecidos Richard Foreman (Idiot Savant, 2009) y Bob Wilson (La vida y la muerte de Marina Abramović, 2011, y The Old Woman, 2013, junto a Mikhail Baryshnikov en escena), además de Romeo Castellucci (El velo negro del pastor y varias colaboraciones desde que Dafoe fue nombrado director artístico del Departamento de Teatro de la Bienal de Venecia).

Pero en aquellos primeros pasos neoyorkinos, “solíamos recibir muy poco público en algunas de nuestras funciones —relató en su mensaje—. La regla era que, si había más intérpretes que espectadores, podíamos optar por cancelar. Pero nunca lo hicimos. Muchos de los miembros no estaban formados en artes escénicas, sino que provenían de distintas disciplinas que se reunían para hacer teatro; así que, ‘el espectáculo debe continuar’ no era realmente nuestro lema. Sin embargo, sentíamos la obligación de mantener ese encuentro con el público”.

De manera similar a lo que expresó en la UNAM hace unos meses Eugenio Barba, reivindicó el oficio que se forja con los años y lo que considera la fuerza más evidente del teatro: “la experiencia compartida en tiempo real de un acto de creación, que siempre es diferente aunque siga una pauta y diseño”.

Advirtió sobre los desafíos de esta era tecnológica y digital: “Aunque cierta tecnología puede ser útil, el problema de no saber quién está al otro lado del círculo de comunicación es profundo y contribuye a una crisis de verdad y realidad. Si bien el internet puede plantear preguntas, rara vez capta ese sentido de asombro que el teatro crea. Un asombro basado en la atención, el compromiso y una comunidad espontánea de quienes están presentes en un círculo de acción y respuesta.”

Finalmente hizo un llamado al gremio teatral a fomentar, frente a un mundo “divisivo, controlador y violento”, la fuerza del teatro para “conectar pueblos, comunidades y culturas y, sobre todo, para cuestionar hacia dónde nos dirigimos (…) El gran teatro consiste en desafiar nuestra manera de pensar y alentarnos a imaginar aquello a lo que aspiramos.”

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A continuación, el texto completo:

Soy actor, conocido principalmente como actor de cine, pero mis raíces están profundamente arraigadas en el teatro. Fui miembro de The Wooster Group de 1977 a 2003, creando e interpretando piezas originales en The Performing Garage, en Nueva York y realizando giras por todo el mundo. También he trabajado con Richard Foreman, Robert Wilson y Romeo Castellucci. Actualmente soy el Director Artístico del Departamento de Teatro de La Biennale di Venezia. Este nombramiento, los acontecimientos mundiales y mi deseo de regresar al quehacer teatral han reforzado mi convicción en el poder positivo y único del teatro y su importancia.

En los humildes comienzos de mi etapa en The Wooster Group, la compañía con sede en Nueva York, solíamos recibir muy poco público en algunas de nuestras funciones. La regla era que, si había más intérpretes que espectadores, podíamos optar por cancelar. Pero nunca lo hicimos. Muchos de los miembros no estaban formados en artes escénicas, sino que provenían de distintas disciplinas que se reunían para hacer teatro; así que, ‘el espectáculo debe continuar’ no era realmente nuestro lema. Sin embargo, sentíamos la obligación de mantener ese encuentro con el público.

Con frecuencia ensayábamos durante el día y por la noche presentábamos el material como trabajo en proceso. A veces dedicábamos años a una obra mientras nos sosteníamos con giras de producciones anteriores. Trabajar durante años en una pieza podía volverse tedioso para mí, y los ensayos me resultaban a veces extenuantes; pero esas presentaciones de trabajos en proceso siempre eran estimulantes, incluso cuando el público reducido parecía un juicio contundente sobre el nivel de interés en lo que estábamos haciendo. Eso me hizo comprender que, sin importar cuán pocas personas hubiera, el público, como testigo, le daba al teatro su significado y vida.

Como dice el letrero en una sala de apuestas: “HAY QUE ESTAR PRESENTE PARA GANAR”. La experiencia compartida en tiempo real de un acto de creación, que siempre es diferente aunque siga una pauta y diseño, sin duda es la fuerza más evidente del teatro. Social y políticamente, el teatro nunca ha sido tan importante y vital para la comprensión de nosotros mismos y del mundo.

El “elefante en la habitación” son las nuevas tecnologías y las redes sociales, que prometen conexión, pero aparentemente han fragmentado y aislado a las personas. Uso mi computadora a diario, aunque no tengo redes sociales; incluso he buscado mi nombre en internet como actor y también he consultado la inteligencia artificial para obtener información. Pero habría que estar ciego para no reconocer que el contacto humano corre el riesgo de ser reemplazado por relaciones con dispositivos. Aunque cierta tecnología puede ser útil, el problema de no saber quién está al otro lado del círculo de comunicación es profundo y contribuye a una crisis de verdad y realidad. Si bien el internet puede plantear preguntas, rara vez capta ese sentido de asombro que el teatro crea. Un asombro basado en la atención, el compromiso y una comunidad espontánea de quienes están presentes en un círculo de acción y respuesta.

Como actor y creador teatral, sigo creyendo en el poder del teatro. En un mundo que parece volverse cada vez más divisivo, controlador y violento, nuestro desafío como creadores teatrales es evitar que el teatro se corrompa reduciéndose únicamente a una empresa comercial dedicada al entretenimiento como distracción, o que se convierta en un mero preservador institucional de tradiciones. Más bien, debemos fomentar su fuerza para conectar pueblos, comunidades y culturas y, sobre todo, para cuestionar hacia dónde nos dirigimos…

El gran teatro consiste en desafiar nuestra manera de pensar y alentarnos a imaginar aquello a lo que aspiramos.

Somos animales sociales diseñados biológicamente para vincularnos con el mundo. Cada órgano sensorial es una puerta hacia el encuentro, y a través de ese encuentro logramos una definición más profunda de quiénes somos. A través de la narración, la estética, el lenguaje, el movimiento y la escenografía, el teatro, como forma de arte total, puede hacernos ver lo que fue, lo que es y lo que nuestro mundo podría ser”.

Willem Dafoe

 


Imagen: página oficial de la Bienal de Venecia

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