Dicen que Tony Blair está obsesionado con la paz en Gaza. Dicen que su think tank considera a Gaza después de la guerra como la nueva Dubai. Una Dubai en Asia Occidental creada por Estados Unidos, Israel y una pizca de Londres. Se basa, dice, en una demanda del propio pueblo gazatí. Estos argumentos, que parecen el guion de una muy mala película de Netflix, son una opción real que las élites anglosajonas han colocado sobre la mesa para decidir qué proyecto colocar encima la actual Gaza en un mediano plazo. Quieren un Cancún en el Levante mediterráneo, en donde puedan relajarse entre tanto caos en el planeta.
El Tony Blair Institute (TBI) asegura que incluso los gazatíes quieren formar parte de este plan. Afirman haber entrevistado a habitantes de Gaza, cara a cara, sobre la situación actual y que ellos desean vivir en una Gaza similar a los Emiratos Árabes Unidos, Turquía o Singapur. Además de señalar que el apoyo de los gazatíes a Hamas era sólo del “4% y cayendo”. Este volumen de datos fue planeado estratégicamente por el audaz y setentero Tony Blair, el ex premier británico que logró generar acuerdos sagaces en cuestión de acuerdos de paz en el pasado. Esta Gaza imaginaria en la mente del más añejo colonialismo británico le fue narrada a Donald Trump el miércoles pasado en la Casa Blanca, acompañados por el magnate de negocios Jared Kushner. El chiste suena trágico: Trump, Tony Blair y Jared Kushner entran a una cantina, ¿qué podría pasar?
El sir británico le contó al presidente de Estados Unidos cómo será la Gaza de las siguientes décadas. Después del genocidio y encima de un descomunal cementerio semita, Blair y su equipo se imaginan un sitio en donde habrá estacionamientos, un puerto hermoso, centros de negocios y olas tranquilas para despejar la mente. Irán y llegarán diariamente vuelos internacionales en ese paraíso en control de Estados Unidos y vigilado a tope por Israel. Pero para lograrlo hay que deshacerse de casi 2 millones de personas que están pasando una hambruna brutal. Por lo que no será sencillo aplicar este modelo de resort dorado. Primero se necesita un acuerdo que genere una paz permanente para poder desarrollar inversiones inmobiliarias, cambio político para crear las condiciones de vida suficientes para recibir habitantes y turistas, desmilitarización de la sociedad para evitar nuevos sietes de octubre y un consenso general que parece completamente imposible. Todo esto para convertir en una riviera turístico-financiera a todo el territorio de Gaza (365 km2), un terreno un poco más grande que la alcaldía de Tlalpan (340 km2), en la Ciudad de México. El capricho de Netanyahu le está saliendo carísimo a Donald Trump.
Trump, quien se mira a sí mismo como el gran pacifista del siglo XXI, imagina autoridades palestinas aprobadas por la Autoridad Palestina y, aquí viene lo gracioso, financiados por fondos internacionales.
Para la mirada británica y estadounidense no hay nadie mejor que la administración Trump para imaginar una mejor Gaza para los gazatíes, basándose en entrevistas que fueron a hacerles en el primer semestre del 2025, en plena guerra y hambre. Lo curioso es que el propio TBI se deslinda de cualquier intención de reubicar a los gazatíes, como pretenden Estados Unidos e Israel. Se los imaginan ya reubicados en Somalilandia, una nación creada en 1991 en el cuerno de África. Otros imaginan enviarlos a Sudán del Sur, una nación con 14 años de edad y sin estabilidad política. Ambos escenarios no son una mejor vida para los gazatíes en absoluto, quienes podrían terminar emigrando de rebote a Europa, en última instancia.
Se prevé que el plan arranque después de cinco años de limpieza de Gaza, así es, prometen limpiar Gaza en cinco años. Este es un dato intrigante porque limpiar Gaza tomaría hasta 14 años, según el Servicio de las Naciones Unidas de Actividades Relativas a las Minas (UNMAS). Recordemos que no hay vecindarios inmunes en Gaza y que las bombas israelíes han eliminado arquitectónicamente del mapa a toda una ciudad viva, generando 500 millones de toneladas de escombros. Y miles de desaparecidos dentro. Y sus fotografías. Y sus espejos. Y sus vidas.
La imaginación de Tony Blair dibuja una policía palestina capacitada por Egipto y Jordania, sin posibilidad de que Hamas gobierne ni pueda ser una opción a elegir mediante voto popular, aunque con cierta tolerancia incómodo a una posible capacidad de conservar sus armas. Los planes que llegaron a oídos de Trump, que se mira a sí mismo como el gran pacifista del siglo XXI, imaginan autoridades palestinas aprobadas por la Autoridad Palestina y, aquí viene lo gracioso, financiados por “fondos internacionales”. Para lograr todo esto parece necesario reconocer a Palestina como estado y es justo ahí donde el paraíso truena.
No hay posibilidad de avanzar en esta Gaza con tufo a Dubai con Netanyahu aceptando a Palestina como un estado. Eso le obligaría a dibujar fronteras que no podrá cruzar en el futuro. Lo cierto es que si este plan avanza o cualquier otro, el pueblo gazatí está viviendo en sus huesos y sus pieles el primer genocidio snuff de la historia.
@SaavedraNiet


