(14 de noviembre, 2014).- La tesis de la Procuraduría General de la República sobre la calcinación de los 43 normalistas en el basurero de Cocula genera incredulidad y disputas entre especialistas forenses.
Por un lado, la jefa de la Unidad de Investigación de la licenciatura en Ciencias Forenses de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Lorena Valencia Caballero, apunta que para lograr que los cuerpos quedaran reducidos a cenizas los asesinos tendrían que haber tenido conocimientos mutidisciplinarios sobre las condiciones ambientales, geológicas, físicas y químicas.
En contraparte, especialistas de la Red Iberoamericana de Instituciones de Medicina Legal y Ciencias Forenses afirman que, algunos estudios, han confirmado que una llanta quemada genera una temperatura de mil 600 grados centígrados, con la cual es posible que los huesos se fusionen, por lo que estimaron posible el relato de los criminales.
Para confirmar sus dichos, Valencia explicó al diario La Jornada que en los hornos utilizados por las funerarias, “la temperatura oscila entre los 600 y 940 grados centígrados; se trata de hornos cerrados diseñados para quemar un cuerpo, que puede tardar en calcinarse de dos a cinco horas, dependiendo de la temperatura y la complexión del individuo”.
Pese al cuidado y las condiciones específicas a las que se someten los cuerpos, algunos huesos, como la dentadura, no terminar de destruirse, por lo que son sometidos a una trituración. Por ende, la especialista insiste en que quienes realizaron el crimen “debieron contar con conocimientos para calcular la cantidad de material combustible (diésel, llantas, leña) necesarios para mantener por horas encendida una hoguera para quemar tantos cuerpos, y para lograr una temperatura constante en la misma”.
Por su parte, los especialistas internacionales explicaron que “a partir de los 800 grados la consistencia de los huesos se deforma y se cristaliza la estructura interna más sólida, dejando en situación de fragilidad cualquier parte ósea que se exponga a esas temperaturas”.
A partir de los 100 y 600 grados centígrados los restos se deshidratan; al alcanzar temperaturas de 500 a 800 grados, los restos se descomponen, y entre los 900 y los mil grados, el hueso esponjoso se encoje y mantiene su forma, pero el hueso compacto se quiebra”.


