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La independencia ideológica

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Por más que se ha intentado banalizar la discusión sobre la sustitución del monumento a Cristóbal Colón por el de una mujer indígena (o lo que decida el Comité de Monumentos y Obras Artísticas), la decisión de la Jefa de Gobierno no es un asunto menor, se trata ocupar el espacio ganado en las urnas para fijar una posición política e ideológica por la que, aunque a la derecha y otros sectores conservadores no les guste, también se vota. En el fondo lo que se está librando es una batalla por visibilizar a las hacedoras de la historia de nuestro país y aunque la derecha no lo diga con todas sus letras, les molesta que el hombre blanco, anglosajón sea sustituido por una persona indígena pero más aún por una mujer.

Claro que se podrá decir que una vez que terminan las campañas se acaba la contienda y se gobierna para todas y todos, pero eso es en realidad un lugar común. La derecha, por ejemplo, no pierde ocasión en tribuna para defender su visión de la familia, de las formas de expresar amor, de como se debe repartir la riqueza, de definir pues lo que esta “bien o mal” según sus postulados en una interminable campaña de ideologización que hemos asumido como normal porque en realidad, lo es.

Sin embargo, cada que la izquierda gubernamental asume una posición que se traduce en acción concreta es atacada con toda la fuerza de los medios tradicionales de comunicación, se le acusa de populista por la atención a los más desprotegidos, se le acusa de promover el libertinaje al defender el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, se le acusa de ir en contra de la naturaleza por compartir otras formas de amar. Se le acusa entonces de ideologizar desde el gobierno. Por esas razones es trascendente la decisión de Claudia Sheinbaum y es además valiente al sostener su decisión a pesar de estar consciente de los ataques que podían venir.

Al emitir un voto (debemos acostumbrarnos) no sólo se elige a una administradora o administrador de nuestros impuestos, elegimos a alguien que también nos representa ideológicamente y también esperamos que no lo oculte por ser políticamente correcta. Hay un sector particularmente del morenismo que ha intentado a toda costa que al partido en el gobierno no se le ubique como de izquierda, hay en algunos sectores casi una prohibición a la discusión del tema. Es tan contradictorio como poco estratégico con una derecha que se compacta y aglutina, tener una izquierda que vacila, que no muestre su independencia ideológica, que intente no molestar al statu quo, que no muestre orgullo de su ideario, que no diga con claridad lo que defiende en lo ideológico, que demuestre que lo puede traducir en lo político y materializar en lo gubernamental, también y quizá sobre todo por eso es tan simbólica la decisión de la Jefa de Gobierno.

Es también de esperarse que la discusión de la independencia ideológica se libre con mucha fuerza al interior de morena como ha sucedido en todos los procesos latinoamericanos y es deseable que tome los mejores cauces para que esa importantísima disputa no se convierta en un fin en sí misma. ¿Es posible la convivencia entre una posición ideológica sólida, crítica y que apoye al gobierno en turno? La respuesta es sí, aunque hay mayor referencia en la derecha que en la izquierda, a la que a la menor provocación se le acusa de canibalismo, quizá la referencia del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST) en Brasil pueda ayudar a ilustrar como se puede tener una posición crítica ante el gobierno y al mismo tiempo ser su más férreo defensor, como se pueden construir relaciones distintas en entre eso que llamamos movimiento y lo que denominamos partido, que es sólo su versión o brazo electoral.

Que haya más espacios legislativos o ejecutivos con decisiones que reivindiquen el ideario del partido que los postuló redundará en una oferta política más clara para la ciudadanía, en una democracia de mayor calidad. Por ello es un gran reto para el partido del Presidente la vigilancia en la actuación de sus diputadas y diputados en las legislaturas de los estados y en las administraciones municipales, resultaría inadmisible (y ya ha ocurrido) tener gobernando personas que llegan al encargo por la vía de la izquierda y gobiernan como la peor derecha. Si no se toman cartas en el asunto, el descrédito afectará no sólo al partido sino al movimiento en su conjunto.

 

 

 

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