ARTÍCULO DE OPINIÓN.
Iván Pedroza /@ivanpedrozar
(05 de septiembre).- Muchos han manifestado preocupación por la tendencia de los partidos políticos de izquierda de separarse de los movimientos y organizaciones sociales. Rencores y orgullos aparte, hoy hemos llegado a un punto de inflexión. Este divorcio socava las bases mismas de una ciudadanía organizada con incidencia en los espacios institucionales.
Ha sido evidente la división entre simpatizantes y militantes de la izquierda ante el Pacto por México. Ello fue especialmente dramático en las dos fases de la llamada “reforma educativa”, a nivel constitucional y de legislación secundaria.
Conocimos las imágenes de los manifestantes de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero destrozando la sede del Partido de la Revolución Democrática (PRD) estatal en protesta por la “traición” de haber aprobado la reforma educativa. Ahora contemplamos una creciente movilización de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación ante los dictámenes aprobados con el voto del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido Acción Nacional (PAN) y una buena parte del PRD.
La aprobación al vapor de un addendum magisterial de la reforma laboral –que no reforma educativa– tuvo por objeto servir en bandeja de plata un decreto de reforma a Enrique Peña Nieto para el festín mediático denominado Primer Informe de Gobierno. Por más que se insista en que la CNTE participó en la negociación de la última versión de la Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD), después de su retiro del periodo extraordinario de sesiones, la convocatoria a una “insurgencia magisterial” contradice ese argumento.
En la votación de este domingo 1 de septiembre y la madrugada del día siguiente, la confusión privó entre las diputadas y los diputados del PRD. Con menor eco mediático, pero con la misma gravedad, la franca división entre los votos a favor y en contra prevaleció en las recientes discusiones de las reformas sobre el arraigo penal en el pleno y sobre transparencia en las comisiones.
Asistimos al triste espectáculo de burocracias partidistas que obligan a legisladores a votar contra su conciencia, como dijera el senador Alejandro Encinas en su brillante intervención en la discusión de la LGSPD, y como revelara la excelente crónica de La Jornada, “Aplanadora PRI-PAN y aliados avalan la ley del servicio docente”. La votación efectiva fue de 53 perredistas a favor, 40 en contra y 4 abstenciones en lo general, en la que pueden fácilmente detectarse la pertenencia de diputadas y diputados a las corrientes políticas del partido.
El ejercicio se repitió en la aprobación de la minuta en la Cámara de Senadores, pero con cifras distintas: 17 senadores del PRD en contra, por 5 a favor. Votos que, junto con los del PT y Movimiento Ciudadano, fueron insuficientes para frenar la expedición de la Ley.
Es así que el debate y el equilibrio que en algún momento representaron las corrientes hoy se ha convertido en un lastre que convierte a los representantes populares en simples correas de transmisión de la voluntad de los líderes de sus respectivas expresiones. Los acuerdos políticos de éstos con sus contrapartes en otros partidos, con el Ejecutivo Federal o con gobiernos locales, determinan el comportamiento de sus integrantes en el Legislativo.
Se ha consolidado una dinámica política perversa, en que los legisladores se deben más a los jefes de las tribus que a sus electores. En una buena medida, esto se explica porque las diputadas y los diputados en funciones se encuentran en etapas incipientes o declinantes de sus respectivas carreras políticas, que sería fácil truncar por decisiones superiores en un horizonte de tres años de funciones.
Por otro lado, la mayoría de los senadores se encuentran en una etapa consolidada de sus carreras políticas, o bien ocupan espacios con un fuerte respaldo de sus propias expresiones dentro del partido. Además, el hecho de que su mandato se extienda durante seis años inhibe las posibles amenazas contra su futuro político.
Más allá de un análisis puntual sobre el origen, significado y alcance de las reformas educativas, conviene tener presente la manera en que el juego político dentro de la izquierda partidista puede contribuir a su separación con las bases sociales y simpatizantes, en este caso, el sindicalismo magisterial disidente. Deberá impulsarse un debate amplio sobre el peso de los liderazgos hegemónicos al interior del PRD, a fin de que se pueda revertir la atomización de las izquierdas y, lo más importante, el posible abandono de las izquierdas no partidistas de los canales electorales e institucionales de la política.


