Cuando analizo el origen letal del ejército de Israel empieza a detectarse un ligero aroma ruso. Dentro del catálogo de atrocidades vistas en el genocidio de Israel contra Gaza destaca la masacre del hospital de Al-Shifa. Reportes oficiales hablan de más de 1,000 muertos, entre ellos doctores y personal médico, todos maniatados y con disparos en la cabeza y el torso; además del dato de al menos 22 pacientes graves asesinados a sangre fría en sus propias camillas. A esta letalidad le continuó un infierno sobre los propios cuerpos de las víctimas semitas.
La cadena estadunidense CNN y la agencia Wafa comprobaron que excavadoras militares israelíes, conocidas como bulldozers, pasaron por encima de los cuerpos de las víctimas civiles en los patios del hospital. El nivel de destrucción dejó un rastro de restos humanos triturados y fusionados con el lodo de la zona. Hay pruebas de que bebés prematuros murieron sin electricidad y sin atención después de que se dejara al hospital entero, y más precisamente las incubadoras, sin energía. En los cadáveres recuperados pueden verse decenas de niños asesinados con el tiro de gracia en la nuca, algunos de ellos maniatados. Este testimonio de la capacidad sádica del ejército israelí sobre sus enemigos no puede entenderse sin mirar el ADN de las propias fuerzas armadas. Para esto viajaremos más de siete décadas al pasado.
¿De dónde proviene esta brutalidad en el ejército de Israel? ¿Cómo es que, a diferencia de otros ejércitos sumamente agresivos, es precisamente el de Israel el que indigna incluso a países cuya brutalidad histórica es bien conocida? La violencia ejercida durante décadas por parte del ejército de Israel a sus vecinos ha sido condenada ya por la ONU, la OMS, la propia Unión Europea, UNICEF, Amnistía Internacional, HRW, Médicos Sin Fronteras y Euro-Med Monitor. En el plano geopolítico, Israel y el comportamiento brutal de su ejército han sido condenados por sus propios aliados. Gobiernos de Estados Unidos, Francia, España, Bélgica e Irlanda no han dejado de condenar los actos de guerra atroces de su gran aliado hebreo. Incluso gobiernos regionales e internacionales como Sudáfrica, Qatar, Egipto, Jordania, Turquía y Arabia Saudita han alertado a la comunidad internacional sobre la letalidad y la total falta de humanidad en los actos del ejército de Israel, o mejor conocidas hoy en día como las Fuerzas de Defensa Israelíes (IDF, en adelante).
Desde antes de conformarse como ejército, las IDF obtuvieron su letalidad de ataque gracias a un importante e inquieto militar, campeón de lucha libre y condecorado en Rusia por el zar. Hablo de Yitzhak Sadeh (originalmente llamado Izaak Landoberg), el hombre que formó en la letalidad a las futuras fuerzas de Israel. Su nombre se escribe con letras doradas dentro de la milicia hebrea, ya que Sadeh apuntó técnicas que hoy mismo distinguen al ejército de Israel por sobre otros del mundo. Sadeh imprimió capacidades militares novedosas a las primeras tropas judías armadas, especializándolas en: emboscadas, ataques en campo abierto, la tendencia a romper cercos e ignorar líneas rojas, la movilidad incesante y ese característico ataque a las líneas de suministro de los pueblos rivales que tanto gusta a las IDF hoy mismo. Además, aprendieron a profundidad tácticas paramilitares desiguales como: golpear primero, no dejar testigos, sembrar el terror como herramienta de disuasión y, mayormente, disolver la línea entre combatiente y civil, hasta generar un marco discursivo en donde se pueda atacar con libertad a ambos ante la ley internacional.
Para detectar este aroma militar ruso en el ejército hebreo del siglo XXI tan solo es necesario revisar la estrategia de operación en la guerra Israel-Estados Unidos contra Irán a inicios del 2026:
- El primer ataque de la guerra, el 28 de febrero de 2026, se realizó contra la Escuela Primaria de Niñas Shajareh Tayyebeh en Minab, Irán, cobrando la vida de 168 personas, la gran mayoría de ellas niñas de entre 7 y 12 años que se encontraban en sus aulas. Luego se lanzó otro ataque con misiles para rematar a los padres y ayudantes que rescataban a las niñas. La masacre masiva fue perpetrada de forma directa por las fuerzas militares combinadas de Estados Unidos e Israel y deja ver una marca en la operación israelí: asesinar infancias como mensaje inicial.
- Dos plantas desalinizadoras y depósitos de agua potable en la región de Sirik, Irán, fueron atacadas directamente por las IDF y el ejército de Estados Unidos. Esta acción dejó sin agua a aproximadamente 20,000 civiles en medio de altas temperaturas, en represalia por el derribo de un helicóptero militar estadounidense. Con esto queda claro que la frontera entre militar contrario y civil es prácticamente nula a la hora de coordinar ataques por parte de Israel.
La llegada del ruso Sadeh al primer ejército de Israel cuenta una historia de conexión sionista europea. Fue en Ucrania, a finales del siglo XIX, donde se armaron y organizaron paramilitarmente los primeros judíos de la era moderna. Se trataba de un movimiento europeo nacido entre 1919 y 1921, en plena guerra civil rusa, para defenderse después del colapso del Imperio zarista. Los judíos rusos de la zona vivieron la violencia de los pogromos (linchamiento o masacre multitudinaria, espontánea o premeditada, dirigida contra un grupo particular, en este caso judíos) por parte de nacionalistas ucranianos, contrarrevolucionarios blancos y destacamentos fuera de control del ejército Rojo.

En ese contexto, los judíos de unas cincuenta localidades se organizaron en milicias de autodefensa que llegaron a sumar hasta 15,000 hombres; actualmente esas localidades están repartidas en los territorios de Ucrania, Moldavia, Bielorrusia, Polonia y el oeste de Rusia. Fueron entrenadas y equipadas directamente por autoridades soviéticas, que veían en ellas un dique útil contra los ejércitos blancos. Finalmente estas mareas paramilitares se trasladaron hasta Palestina para repoblarla encima de los habitantes locales, creando el temido y añejo grupo armado Palmach que después formaría parte del brutal ejército de Israel.
Con esta escuela militar de avance más allá de las líneas rojas, no dejar testigos y ataques sorpresivos por la noche a familias palestinas fue como el ejército israelí logró las victorias militares de la Nakba de 1948, la polémica Guerra de los Seis Días (1967) y prácticamente todas las operaciones de colonización en Cisjordania hasta la fecha. Los métodos de la escuela paramilitar ucraniana y la escuela del ejército zarista enseñada de primera mano a los militares judíos por Yitzhak Sadeh fueron usados en cada una de estas batallas claves para la historia de Israel como nación: rodear la localidad de noche, irrumpir por varios flancos simultáneamente, ejecutar a los hombres en edad de combatir y expulsar a los supervivientes, ataques nocturnos, bombardeos sobre barrios civiles, cerco a hospitales y la convicción de que la fuerza desproporcionada no es un exceso, sino el único idioma que el enemigo entiende.
Pero el apoyo ruso no fue solo militar. Basta leer la historia de la creación del propio Israel para ver cómo la Unión Soviética se hizo cargo de mantener vivo el proyecto sionista en Asia Occidental desde el día uno. Dos días antes de que se declarara el Estado de Israel, el 12 de mayo de 1948, Ben-Gurión declaró: “Hay cinco ejércitos árabes regulares, a la espera de la retirada de los ingleses, concentrados en las fronteras de Palestina, con la intención de invadirnos y aplastarnos tan pronto como nuestro país llegue a existir”. En ese momento, Israel se enfrentaba a un embargo internacional de armas y solo una potencia se atrevió a desobedecerlo. Checoslovaquia, parte de la URSS, salvó a Israel de la desaparición hace casi ochenta años. Es decir, sin el apoyo soviético difícilmente hubiera sobrevivido este Israel primigenio.
Las compras de armamente por parte de Israel a la URSS ascendieron a unas 400 toneladas de morteros y otros equipos pesados, bombas aéreas, fusiles, municiones, ametralladoras, lanzallamas, explosivos, tanques y vehículos de combate de los checos. Las cantidades eran increíblemente exorbitantes; el país vendió más de 34.000 fusiles, 5.500 ametralladoras, 10.000 bayonetas y más de 100 millones de cartuchos de munición. Israel pudo construir su fuerza aérea gracias únicamente a la compra de cazas soviéticos. Checoslovaquia vendió 86 aviones de combate: 25 cazas Avia S-199, una versión del Messerschmitt alemán, y 61 Supermarine Spitfires.
Aunque el apoyo a la creación del gran ejército israelí no fue exclusivamente ruso, queda para la historia la gran alianza internacional de ambas naciones al servicio de la milicia sionista. La mayoría de los primeros pilotos de la primera Fuerza Aérea israelí fueron pilotos de la Segunda Guerra Mundial de las fuerzas aéreas de Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá, Sudáfrica y Australia, en un claro ejemplo de apoyo globalista prematuro a la gran colonia sionista en Asia Occidental.
Ejemplos concretos de esta predominancia judía europea en los altos mandos del primer Israel incluyen a David Ben-Gurión (primer ministro, nacido en Polonia), Yaakov Dori (primer jefe del Estado Mayor de las IDF, nacido en Ucrania), Yigael Yadin (segundo jefe del Estado Mayor, nacido en Palestina de padres totalmente europeos) y Moshe Dayán (jefe del Estado Mayor y luego ministro de Defensa, cuyos padres eran originarios de Ucrania). En el Israel más reciente la cosa no cambia: Benjamin Netanyahu (primer ministro en varias ocasiones) tiene su origen genético en Polonia y Lituania, por parte de su padre y madre respectivamente. Yair Lapid (ex primer ministro y ministro de Asuntos Exteriores) es descendiente de húngaros. Benny Gantz (ex jefe del Estado Mayor y ministro de Defensa) desciende de la actual Rumania. Bezalel Smotrich (ministro de Finanzas) tiene ascendencia en Ucrania. E Itamar Ben-Gvir (ministro de Seguridad Nacional) desciende de familias iraquíes, precisamente kurdas. Es decir, ni un solo semita original.

Doce años después de la fundación del Estado de Israel, más del 70% de los miembros de la élite política israelí, la famosa Knéset, habían nacido en países del antiguo imperio ruso (Polonia, Ucrania y la misma Rusia), y otro 13% eran hijos de padres europeos pero nacidos ya en la Palestina ocupada, como bien señala Yakov M. Rabkin, especialista en historia de la ciencia e historia judía, en su libro A Threat from Within: A Century of Jewish Opposition to Zionism. El hijo del imperio ruso Avraham Stern fue quien más hizo por introducir el terror sin control en Palestina, liderando grupos paramilitares como la temida Lehi, después añadida a las IDF, y que se hacían llamar a sí mismos con orgullo “terroristas”. La Lehi de Stern fue clave para decenas de asesinatos políticos en beneficio de los intereses de Israel en el país y en toda la región árabe.
El nexo entre la creación del propio Israel y Rusia también es nítido. El primer contacto formal entre los rusos y los sionistas que crearían Israel se produjo en Londres en 1941. El presidente de la Organización Sionista Mundial, Chaim Weizmann, que hacía campaña por la creación de un Estado judío, se reunió con el embajador ruso en Inglaterra, Ivan Maisky, en donde las pláticas profundas sobre el futuro de Palestina se discutieron desde el principio. El futuro primer ministro de Israel, David Ben-Gurión, gran fanático de Lenin y entonces líder del Yishuv (la comunidad judía de Palestina), se involucró unas semanas más tarde.
Resulta que para entonces el sionismo no era bien recibido. El movimiento comunista se oponía clara e históricamente al gran proyecto sionista europeo, pero Ben-Gurión dejó claro y prometió que el nuevo Estado de Israel no obstaculizaría los intereses soviéticos. Al final, los convenció. No solo se logró un pacto militar y armamentista, sino también político y diplomático entre el primer Israel y los intereses soviéticos. La URSS fue fundamental para la adopción del plan de la ONU para dividir drásticamente a Palestina el 29 de noviembre de 1947. A partir de ese día, Palestina perdió la soberanía sobre el 55% de su territorio histórico, a pesar de que los palestinos constituían el 67% de la población y eran dueños del 90% de esas tierras. Fue en ese momento cuando decenas de miles de familias palestinas entendieron que, por ley, no tenían permitido volver al sitio donde nacieron sus ancestros. Esta Nakba legalizada se logró gracias al fuerte apoyo de la URSS, sin lugar a dudas.

Estos datos nos dejan ver el poder y la influencia de otras naciones en la creación del ADN israelí. La participación rusa en su creación, amortiguamiento y establecimiento es clara hasta el día de hoy. En el Israel del 2026 viven aproximadamente 1,2 millones de personas de habla rusa, lo que representa alrededor del 12% de la población total del país. Esta comunidad está formada principalmente por inmigrantes y descendientes que llegaron tras la caída de la Unión Soviética en la década de 1990, y son sus actuales hijos y nietos quienes aportan casi el 22% de los votos a la fórmula política que mantiena a Benjamin Netanyahu y Ben Gvir en el poder (el Likud). Sobra decir que el ruso es el tercero idioma más hablado de Israel, después del hebreo y el árabe, y muy por encima que el inglés.
Con esta información resulta un poco más sencillo digerir el cómo y el porqué de la brutalidad del ejército israelí. Podemos hablar entonces de la creación de un sionismo laico-soviético que sirvió, participó y ayudó a gestar la imagen militar del Israel actual, pero sería irresponsable pensar que toda la maldad y letalidad de las IDF dependen exclusivamente de su componente inicial ruso. Habremos de entender que el poderío del primer ejército israelí y sus altos mandos de nacionalidades específicas duró hasta cierto punto.
Mientras este ejército creado y entrenado por rusos atacaba solamente a las milicias árabes a la redonda, el componente actual de las IDF es de carácter mesiánico y entre sus nuevos líderes militares no se encuentran excombatientes premium de antiguos ejércitos europeos, sino que ahora da lugar a comandantes rabinos y ha profundizado en su brutalidad e inhumanidad gracias a la implantación militar de la doctrina del Amalek. Con esto, el ejército de Israel pasó de pequeños avances en tierra impregnados de letalidad a arrasar por completo con todo signo de vida palestina, ya sean bebés, ancianos, mujeres, enfermos, incluso plantas, árboles como el olivo y el agua potable misma para desaparecer por completo a sus “enemigos”. ¿Podría decirse que un ejército ya condenado por su letalidad logró aprender aún más en términos de barbarie aplicada?
Para entender el genocidio gazatí y libanés del siglo XXI es necesario rastrear la vena rusa de las IDF pero también su evolución en los 70’s y 80’s a otro tipo de ejército, esta vez religioso. En el siguiente texto profundizaremos en la introducción sádica de la vena mesiánica y tecnológica que rige hoy a las avanzadas militares de Israel, en común acuerdo y comunicación con Estados Unidos. Además, y para rematar, habremos de entender qué es el judaísmo muscular y cómo este término sacudió la forma pacífica de percibir al judío internacional hasta el día de hoy.


