(02 de diciembre de 2013).- Cerca de las 6 de la mañana salimos de la catedral de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, hacia el municipio de El Bosque, lugar donde Alberto Patishtan vivió toda su vida y se desempeñó como profesor hasta el día 18 del mes de junio de 2000, cuando fue detenido acusado de participar en una emboscada en la que resultaron muertos siete policías.
Más de 13 años han pasado, en caravana lo acompañamos en su regreso a El Bosque. Viajaron con el profesor sus hijos Gabriela y Héctor, su pequeña nieta de siete meses, Genesis, y el abuelo Francisco Mariano, así como algunos solidarios de la Voz del Amate.
50 personas repartidas en seis desgastados vehículos por el uso y el húmedo clima del sureste mexicano en los que ha hecho mella, fuimos “custodiadas” por una patrulla estatal hasta la localidad, así como por la densa neblina que nos acompañó durante el sinuoso y angosto camino de los Altos de Chiapas, para llegar a nuestro destino.
El frío arreciaba a nuestro paso por Chamula, Pueblo Nuevo y San Andrés Larráinzar donde hicimos una parada en la zona de Tijerilla, para finalmente descender al cálido clima de El Bosque.
El recibimiento
Es la primera vez, desde hace más de trece años, que Patishtan camina libre por su pueblo. A los pies de la puerta del municipio y enmarcada con la leyenda “BIENVENIDO A El BOSQUE, ALTITUD 1080 M.S.N.M , HABITANTES 18569”, le esperan cientos de indígenas tzotziles.
Entre toda la gente destacan las mujeres ataviadas con la típica vestimenta de la región, falda negra, blusa bordada, con una fajilla rosa, el cabello retenido en dos trenzas unidas por un listón.
Algunas personas abrazan al profesor entre risas y lágrimas, otros se asoman sólo por curiosidad. Entre la algarabía y las consignas a viva voz -“Presos políticos, libertad”, “Zapata vive, la lucha sigue y sigue”-, Alberto es arropado por familiares, amigos y vecinos. La caravana se ha multiplicado y decenas de personas avanzan al paso de Alberto.
La banda musical del pueblo acompaña la marcha, los tambores y las cornetas resuenan durante todo el recorrido por las angostas calles de El Bosque.
La primera escala en el andar de Alberto es su casa, que habita actualmente Héctor, su hijo. Pisa el suelo del modesto hogar ubicado sobre la carretera a Simojovel, para luego seguir su recorrido, acompañado por solidarios de la Voz del Amate, Pedro, Rosario, Juan, y sus hijos Héctor y Gabriela lo siguen de cerca.
Luego se dirigió a la casa de sus padres, donde abrazó a su madre y una vez más las consignas de lucha se oyeron, “Alberto, amigo, el pueblo está contigo”, “Patishtan libre”, entre otras. La banda sonora no daba pie a que el ánimo decayera: es un día de celebración.
Tan sólo unos metros calle abajo, el párroco de la iglesia, adepto a la teología de la liberación, lo esperaba para oficiar la misa y dar gracias por la libertad de Patishtan, un logro del pueblo, señaló el religioso.
Alberto Patishtan se dirige en su lengua materna a todos los presentes, entre el olor a copal, el incienso y las velas, la gente guarda silencio y escucha con atención. Una vez terminado su discurso, la gente, al unísono, corea “Patishtan libre”.
La expectativa
En las calles de este pequeño pueblo, algunos comerciantes dicen conocer bien al profesor pero aseguran que él muy probablemente ni los recuerde. Entre ellos, el dueño de la farmacia con quien jugaba cuando niños a las canicas.
A la señora que vende tamales y atole de arroz en el mercado, con su rostro moreno y ajado por el tiempo, le sorprendía no ver la cantidad de personas que se lograron reunir tiempo atrás en las marchas para la liberación del maestro.
“Éramos mucha gente, toda las calles se llenaban. Ahora vino muy poca gente. Qué bueno que ya está libre, yo veía a su hijo -Héctor-… Cómo sufrió el muchacho… Sí, afirma mientras dirige la mirada hacia la iglesia, donde la gente acompaña a Alberto.
Jóvenes que nunca antes lo habían visto en persona se acercaron, alguna gente más lo veía de lejos, en tanto subía al podio en la plaza del pueblo para que varios oradores dieran la bienvenida, entre ellos los abogados Sandino y Leonel Rivero, e integrantes del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, y del #YoSoy132.
El profesor tzotzil agradeció a todas y cada una de las personas que ayudaron para alcanzar su libertad luego de esos 13 años recluido a los que comparó con “una larga noche obscura” pero, a pesar de ello, “en la obscuridad se pueden ver las estrellas”.
Entre el público, alrededor de 600 personas, Patishtan recordó lo que es ser indígena en El Bosque: “Es cierto, somos pobres quizá, pero somos ricos en principios y valores… Pero ricos en dignidad”, y continuó hablando en tzotzil para toda su comunidad.
La lucha sigue
El vocero del Movimiento del pueblo de El Bosque por la libertad de Alberto Patishtan, Martín Ramírez López, expresó que el objetivo de esta entidad se cumplió: “Ya ganamos, aquí está Patishtan”.
Pero el compromiso es más grande y seguirán trabajando, por lo que ahora esta organización en defensa de los derechos de los pueblos indígenas se llamará Movimiento de El Bosque en Defensa del Pueblo. Coinciden: ser pobre y ser indígena se castiga con cárcel. Cabe recordar que aún permanece preso uno de los solidarios de la Voz del Amate, Alejandro Sántiz López.
Por lo que “la lucha no termina” y como Héctor expresara -en la noche previa a la liberación de Alberto Patishtan-, si su padre y los solidarios de la Voz del Amate lograron avanzar en la justicia para los indígenas estando presos, “imagínate lo que harán fuera”.




