La Marina y el Ejército nos intimidan, ojalá que con esa prepotencia trataran a los que nos corren, a esos se les hincan: Desplazado

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(19 de octubre, 2017. Revolución TRESPUNTOCERO).- Vivíamos en Santa Lucía, Sinaloa. Habíamos estado ahí por más de 12 años. En los últimos la violencia se puso dura, grupos armados y policías. Unos por sicarios y otros por hacerse los ciegos, les tienen miedo a los asesinos por eso hacen como si no ven nada. Se habían estado llevando muchachitas y levantado a otros muchachos como carne de cañón.

A mediados de este año las cosas se pusieron más duras. Los que ahí quedábamos ya no dormíamos o nos turnábamos, no para estar alerta y hacerle frente a quien viniera, sino para salir huyendo al menor ruido extraño. Pero eso ya no es vida. Vimos cómo quemaron casas y cómo a punta de pistola fueron seleccionando al azar a la gente y los encañonaban. La gente salía así como estaba, descalza, en ropa de dormir y se iban.

Aquella noche, como las anteriores desde hacia bastante tiempo, me quedé escuchando atentamente, pero como siempre me terminaba por vencer el sueño ya casi para las cuatro de la mañana. No es que con el sol llegara la paz, pero podíamos ver mejor a la hora de escapar y sería más rápido.

Desperté asustado, pensando que algo había pasado, pero aún no, seguíamos vivos, pero ese mismo día, como muchos, preferimos irnos por las buenas. No pretendíamos llevarnos cosas, solo algunas prendas de ropa y algo de comida. Y por supuesto cómo nos llevaríamos a nuestro perro, porque muchos perritos se quedaron en las casas esperando a sus amos que salieron despavoridos.

No era fácil, no lo es para nadie, tomar dos cosas y dejar tu casa ahí abandonada, regalándosela a los delincuentes toda una vida de esfuerzo entregada así de fácil. Nos estaban despojando de nuestro único patrimonio para salvar nuestras vidas, porque se trataba de salvar tu vida a costa de tu propiedad y lo que dentro estuviera. Nos convertimos en los invisibles de todos los niveles de gobierno. Nos estaban matando y corriendo de nuestras casas y a unos les valía y otros ni enterados.

Lo paradójico es que dice Peña Nieto que el combate al narco es por nosotros los mexicanos, es decir seguro aún más por lo que estamos en zona roja. Pero en lugar de eso nos abandona, entonces qué tipo de combate es ese. Porque la Marina y el ejército lejos de ayudarnos antes nos intimidaban. Qué bueno que con esos rostros de prepotencia trataran a los que nos corren. Pero a esos se les hincan.

Ese día vimos como entraron a una tienda y se llevaron las despensas de la Diconsa, a punta de pistola saquearon, pero no era la primera vez ya era de siempre. Estábamos solos, como quien dice robando y matando en despoblado. Las autoridades fueron las primeras en huir.

Los policías llegaron muy tarde y los del ejército más. Les preguntamos que si podían quedarse a cuidarnos y respondieron que no. No estaba dentro de sus posibilidad. No entendía como alguien que su trabajo es cuidar a la gente dice eso. Entonces se les preguntó qué podíamos hacer y nos dijeron: abandonen este lugar, es su única opción para salvarse. Nos lo dijo precisamente quien debería poner orden, detalla a Revolución TRESPUNTOCERO, un habitante de Santa Lucía, Sinaloa que abandonó su hogar por falta de seguridad y prefiere mantenerse anónimo.

A la esposa de la fuente la encañonaron, había salido por la compra semanal. Le pusieron un arma y comenzaron a hacerle tocamientos en el cuerpo. “Reaccioné, nos salimos sin nada, nunca más algo así. Aunque ahora no tenemos nada y tenemos miedo de volver.

A los medios dicen que el DIF nos apoya que da despensas, pero estamos en la nada. Y mucho menos existe una garantía que nos protegerán. Cuando se logró hablar con el presidente municipal de Concordia, Felipe Garzón López, para pedir garantía de seguridad, dijo “Lo que puedo hacer es ayudarlos con camionetas para que se salgan y se llevan algunas cosas”, dijo el edil priista Felipe Garzón López.

“La violencia en Sinaloa se acentúa más en la Sierra y este 2017 fueron algunas de las comunidades de La Concordia pero esta situación se viene intensificando desde 2011, a la CNDH se le hizo de su conocimiento, incluso de homicidios perpetrados por grupos delictivos.

No se buscaba que fueran y los combatieran, se buscaba que como organismo defendiera los derechos humanos, principalmente el de la vida digna de todos los habitantes que se hablara con las autoridades para que cumplieran en salvaguardar nuestra las vidas y sus patrimonio. No sucedió”, comenta a Revolución TRESPUNTOCERO, la defensora de Derechos Humanos Deliré Sánchez.

Y añade, “en este país estamos frente a un abandono total, o las fuerzas armadas ejecutan o desaparecen a los civiles o los abandonan para que otros los hagan o de plano los corran de las zonas calientes donde pueden dominar distintos actos ilícitos, pero principalmente el trasiego de droga.

No es un problema nuevo como tampoco lo es el hecho del abandono absoluto. Ningún nivel de gobierno podía decir ‘vengo llegando no sé de qué me hablar’, porque de 2012 a 2013, fueron asesinadas 50 persona, aún sin justicia, sobrevivientes de la zona serrana, relacionado entonces y ahora con los grupos delictivos que imponen el desplazamiento forzado o la muerte. Además perdieron hasta sus cosechas. Lo perdieron todo”.

Dentro de las más de 10 recomendaciones que engloba en una sola la CNDH, la principal fue que, “de manera conjunta con el Gobierno del estado de Sinaloa, se diseñe e implemente un programa de reparación colectiva que tenga como objetivo brindar a las personas desplazadas condiciones dignas de vida”.

Es decir, comenta, el tamaño del insulto a la inteligencia traspasando límites, la CNDH recomendando que “no se permita que maten a la gente porque tiene derecho a la vida y a una digna”. “La CNDH al menos antes solía disimular la incompetencia que muchas veces es tan evidente. Para cuando terminaron de redactar la recomendación habría qué ver cuántas personas había sido ya desplazadas en Sinaloa o cuántas habrá para cuando se digne -si es que lo hace- a leer las recomendaciones el gobernador”.

En julio pasado se decía que eran 300 familias las desplazadas en La Concordia, se hablaba después que eran 112 familias, después que el número había aumentado, porque a diario salían grupos. “Lo cierto es que, tan solo en La Concordia se desconoce la cifra al menos aproximada de la gente que padeció desplazamiento forzado y que ahora mismo lo están padeciendo”, señala la especialista.

En tanto al inicio de esta semana, el gobierno de Sinaloa continuaba sin saber cuánta población desplazada provocó la entidad. Y es que, el secretario de Seguridad Pública, Genaro Robles Casillas, aseguró que existen 755 familias en sus registros, pero la secretaria de Desarrollo Social, Rosa Elena Millán Bueno, señaló que son 230 familias.

Una alta disparidad en las cifras sobre el número de desplazados, que evidenció la falta de atención que tiene la grave problemática en la entidad, comenta la activista. Quien señala que al visitar otras comunidades a donde se han mudado los desplazados, “se acercan a pedir información de cómo el gobierno puede ayudarlos a ellos que han sido víctimas. No quieren dinero, quieren apoyos para trabajar. Lamentablemente el gobierno federal ni siquiera sabe de los desplazados y el estatal no tiene ni idea de cuántos son”.

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