NOTA DEL EDITOR: Del 15 al 19 de julio, REVOLUCIÓN TRESPUNTOCERO publicará cuatro textos sobre poesía relacionada con la guerra contra el narcotráfico que empezó en el sexenio de Felipe Calderón y continúa en la administración de Enrique Peña Nieto. Ésta es la primera entrega del reportero Arturo García.
Arturo García / @SoyArturito
(15 de julio, 2013).- Así inicia el poema de 197 versos titulado “Los muertos”, escrito por la mexicana María Rivera.
Allá vienen
los descabezados,
los mancos,
los descuartizados,
a las que les partieron el coxis,
a los que les aplastaron la cabeza,
los pequeñitos llorando
entre paredes oscuras
de minerales y arena.
Allá vienen
los que duermen en edificios
de tumbas clandestinas:
vienen con los ojos vendados,
atadas las manos,
baleados entre las sienes.
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La voz de María Rivera está al otro lado del teléfono. Hace una pausa al ensayo que está por terminar para hablar sobre su poema.
– ¿Cómo concretaste tu poema Los Muertos?
– Escribí esto porque me parecía que el discurso instaurado era falso. Por un lado los medios de comunicación banalizaban una realidad trágica, y por el otro, el poder también tipificaba esos hechos trágicos. Lo escribí porque había leído mucho en los periódicos sobre lo que estaba sucediendo (sobre la violencia de la guerra contra el narcotráfico).Poco antes había sido la masacre de San Fernando, Tamaulipas. Tenía que escribir un poema para el Día de Muertos y creí que, de alguna manera, la poesía tenía que admitir una realidad que no le es ajena.
—Tu poema lo escribiste a finales del 2010 y desde los primeros meses del gobierno de Felipe Calderón al poder ya existían poetas escribiendo poemas sobre la violencia contra el narco. ¿Coincides que el caso de Javier Sicilia hizo que los medios se enfocaran en la poesía?
—Son dos cosas distintas. Una cosa es la escritura y otra es todo el fenómeno que ocurrió con Javier Sicilia. Lamentablemente fue una tragedia, mataron a su hijo. La importancia pública de Javier fue su discurso de las víctimas, el que las personas se unieran para recorrer el país, pero no creo que eso tenga mucho que ver con la poesía; es decir, no con la poesía concreta, no con lo que se publicó en ese momento. Los poemas y el Movimiento por la Paz de Javier Sicilia fueron dos cosas distintas. Me parece que su movimiento tiene que ver con la justicia, con cosas mucho más elementales que la poesía. Obviamente todo mundo empezó a hablar de poesía porque era un poeta quien encabezaba el Movimiento por la Paz, pero poemas que hayan surgido de la Caravana, como tal, no recuerdo muchos.
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El poema “Los Muertos” continúa:
Allí vienen los que se perdieron por Tamaulipas,
cuñados, yernos, vecinos,
la mujer que violaron entre todos antes de matarla,
el hombre que intentó evitarlo y recibió un balazo,
la que también violaron, escapó y lo contó viene
caminando por Broadway,
se consuela con el llanto de las ambulancias,
las puertas de los hospitales,
la luz brillando en el agua del Hudson.
Allá vienen
los muertos que salieron de Usulután,
de La Paz,
de La Unión,
de La libertad,
de Sonsonate,
de San Salvador,
de San Juan Mixtepec,
de Cuscatlán,
de El Progreso,
de El Guante,
llorando,
a los que despidieron en una fiesta con karaoke,
y los encontraron baleados en Tecate.
María Rivera –explica– no tuvo miedo a decir lo que ocurría en el país durante el sexenio de Felipe Calderón, aunque abordar el tema de la violencia en su poema “fue una elección personal y estética”, en torno a qué puede y qué no puede decir la poesía en circunstancias como las vividas en México.
“Tuve la intención de que este mundo pudiera entrar en el poema y que la poesía pudiera dialogar con su momento, con el mundo de los muertos y desaparecidos”, agrega. Es por eso que en cada verso están presentes los migrantes centroamericanos extraviados en su paso por México y el país de los juarenses desplazados y de los huérfanos y de las madres sin hijos y de los hijos sin padres.
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María Rivera nació en el año de 1971 en la ciudad de México. Es poeta y promotora de la lectura. Con sus libros Traslación de dominio y Hay batallas obtuvo el premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 2000 y el Nacional de Poesía Aguascalientes 2005, respectivamente. Y aunque creció en un contexto de movimientos sociales, reconoce que eso no determinó la forma de su poesía.
– Una persona dijo en un programa de televisión que los poetas antes hacían poesía, pero que hoy en día hacen activismo político.
– Los poetas se dedican a hacer poesía, no han dejado de hacer poesía. Los poetas a lo largo de la historia han participado en sociedad; algunos, otros no. Los poetas siempre han tenido un vínculo con lo social y han decidido cómo participar, pero el vínculo con la sociedad entera no desaparece para nada. Eso es una confusión porque hay poetas que hacen activismo político, eso no los hace ni mejores ni peores poetas, pero los poetas son poetas, fundamentalmente, porque escriben poesía.
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Todos los nombres de personas incrustados entre los 197 versos del poema forman parte de una ficción. Fueron sustraídos de periódicos centroamericanos. “Pero los nombres son una representación de cualquier persona. Lo que hice fue denunciar los hechos más que a los protagonistas”, aclara la poeta.
– Cuando ves a largo plazo tu poema, ¿siente que le faltó algo?
– Creo que no le faltó nada —responde—. Hice lo que pude y dije lo que pude. Me parece que en esencia están puestas las cosas que a mí me preocupaban en ese momento respecto al país. Para mí era muy importante escribir todas las atrocidades que estaban pasando. No era posible que esas cosas estuvieran ocurriendo y que la poesía no dijera nada. Pero lo veo a la distancia y lo que espero es que este poema ya no hable de México en unos años, eso sería lo mejor que podría pasar. Que no sea así, que el poema ya no corresponda con la realidad.
“En el pasado histórico, de que pasó, pasó, y sigue pasando desgraciadamente. Diario aparecen personas asesinadas. Sabemos que el país está lleno de cementerios clandestinos y ni siquiera conocemos realmente la verdadera fisonomía del horror. Y la poesía es una forma de salvación y destino”, concluye.
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Allá vienen
los muertos tan solitos, tan mudos, tan nuestros,
engarzados bajo el cielo enorme del Anáhuac,
caminan,
se arrastran,
con su cuenco de horror entre las manos,
su espeluznante ternura.
Se llaman
los muertos que encontraron en una fosa en Taxco,
los muertos que encontraron en parajes alejados de Chihuahua,
los muertos que encontraron esparcidos en parcelas de cultivo,
los muertos que encontraron tirados en la Marquesa,
los muertos que encontraron colgando de los puentes,
los muertos que encontraron sin cabeza en terrenos ejidales,
los muertos que encontraron a la orilla de la carretera,
los muertos que encontraron en coches abandonados,
los muertos que encontraron en San Fernando,
los sin número que destazaron y aún no encuentran,
las piernas, los brazos, las cabezas, los fémures de muertos
disueltos en tambos.



