Por: El Víctor Salcido
tw: @ElVictorSalcido
LA SILUETA
Y pensar que todo comenzó años atrás. A los jefes no se les entrega así nomás porque sí. Y mucho menos a los extranjeros: la ropa sucia se lava en casa, es un principio básico de caballeros, aunque la caballerosidad se ha perdido mucho desde que inició el sexenio 2006… Todos los valores y códigos se han ido por las mismas urnas “electoreras”.
Una semana antes de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, el Gobierno mexicano entregó a la Interpol, en cooperación con la DEA, al Gran Jefe Arellano; así se le limpiaba el terreno al Chapo. El candidato Obama veía con buenos ojos el acontecimiento. Sin embargo Juan Camilo estaba molesto, él conocía mejor que nadie los alcances de esa medida. Aunque, por otro lado, era el segundo hombre más poderoso del Gobierno, al menos de manera oficial. Prácticamente era intocable, ni el gran jefe ni nadie podía quitarle el cobijo de la figura presidencial. Sin embargo, el instinto de sobrevivencia es más poderoso, así fue como Juan Camilo le entregó a la persona en quien más confiaba un USB.
Al siguiente día, los demócratas celebraban el inminente triunfo de Obama, mientras en México el Lear Jet 45 se estrellaba fulminantemente entre Periférico y Reforma.


