(11 de noviembre, 2015. Revolución TRESPUNTOCERO).- Gisela Peraza Villa, tenía nueva años de convivir y trabajar como empleada doméstica con la familia del panista Guillermo Padrés, ex gobernador de Sonora. Ella asegura a Revolución TRESPUNTOCERO que recibía un trato digno y la hicieron sentir siempre como parte de su familia. Sin embargo, el 14 de marzo de 2011, como todos los días, terminó sus labores y se preparaba para salir, cuando fue detenida por Ernesto Fernández Portillo, ex jefe de escoltas de Padrés, quien también la encerró en una de las recámaras.
“Se me acusó de robo, dijeron que yo había tomado 3 millones de pesos de la casa de Gobierno y 400 mil pesos en joyas, hasta aquel cuarto llegaron elementos policiacos que me llevaron a la Policía Estatal investigadora, fueron cuatro días los que estuve ahí, incomunicada, sin derecho a llamar a mi familia, y lo que no faltaron fueron los golpes, padecí tortura física y psicológica”, narra Gisela Peraza Villa.
Después simplemente la dejaron ir, así que de inmediato se dirigió a la Comisión Estatal de Derechos Humanos para interponer la queja CEDH/1/22/0529/2011 en donde denunció a policías investigadores por detención arbitraria, abuso de autoridad y tortura. Como parte de las pruebas Gisela Peraza presentó fotografías que mostraban las heridas y hematomas que había padecido en los pies, a fin de demostrar los malos tratos por parte de los elementos policiacos, quienes la agredieron con tablas mojadas.
Aun cuando la Comisión Nacional de Derechos Humanos, en su recomendación 54/2013 señala que la dependencia local sí investigó, esto no sucedió y se abandonó a Gisela en su lucha, a quien también le costó conseguir un abogado, porque temían enfrentarse con Padrés “y su gente”.
En los días siguientes, tanto Gisela como su familia, comenzaron a sentirse observados, se dieron cuenta que eran vigilados y seguidos a cualquier parte a donde salían, “esto vino a complicar las cosas porque empezamos a sentir miedo y temor, pensamos que nos podría pasar algo.
Y pasó un 5 de abril, cuando salía de casa de mi hermana, me detuvieron y de forma violenta me subieron a una patrulla, en donde me golpearon durante el traslado hacia la base de la policía investigadora. Ahí comenzó el calvario de golpes sin cesar. Durante todo ese día y medio más, la tortura física no se detuvo, todo esto porque me seguían acusando de que yo me había robado dinero y unas joyas y había una orden de aprehensión.
La innumerable cantidad de golpes que recibí eran porque querían que yo firmara una declaración que ya tenían lista, me dijeron que firmara un documento donde claramente hacían que yo me auto inculpara, porque de no hacerlo iban a catear las casas de mis familiares y le iban hacer daño a mi hermana y a todos mis seres queridos, pero ni siquiera eso me hizo poner mi rubrica en el papel, porque sabía que de hacerlo todo empeoraría, y de de igual forma, todos padeceríamos el problema”, afirma Gisela Peraza.
La víctima asegura que la tortura física se intensificó y en ningún momento “tuvieron piedad de mí, aún así me mantuve fuerte; después de lo sucedido me mandaron a un hotel de arraigos, un lugar donde estuve dos meses, en ese tiempo a diario aplicaron sobre mí tortura física y psicológica, siempre insistiendo que yo firmara esa declaración incluso llegaron a cambiarla, porque decía que ya no era yo la autora intelectual del robo, sin otra persona pero también tenía culpa. La violencia física la ejercieron en la Procuraduría o en la base de la Policía Estatal Investigadora, donde siempre me insistían en que me declarara culpable”.
Después de aquellos meses fue trasladada a un penal donde los golpes continuaron a diario, las internas le afirmaron después que eran pagadas por las celadoras para que la agredieran físicamente, también estuvo incomunicada de su familia, y fue abandonada por su abogado, quien dejó el caso después de recibir amenazas, “él prefirió irse que luchar en contra del Guillermo Padrés, pues era sumamente difícil aun teniendo la razón, por eso a mi familia le costó encontrar otro abogado que estuviera dispuesto a defenderme.
Aunque fueron momentos que afectaron en gran manera mi integridad física y moral, este lunes celebramos que un magistrado diera a conocer que ya estoy absuelta de cualquier cargo, se demostró que soy inocente, lo que significa que esa parte de la historia ya terminó, sin embargo continúa otra en la que yo lucho para que también la justicia se encargue de quienes me hicieron daño”, afirma Gisela Peraza.
Sin embargo, ella sigue sin tener una respuesta clara, del por qué la familia de Guillermo Padrés la inculpó “con tanto odio, sobre un hecho que yo jamás cometí como ha quedado demostrado, me sorprendió como ni siquiera me dieron el beneficio de la duda, después de tanto tiempo con ellos, sino que inmediatamente me metieron a la cárcel, cuando jamás tuvieron una queja sobre mí, tampoco hubo problema, nunca tuvieron que llamarme la atención, tal vez, lo que pasó fue que pensaron que al tener tanto tiempo trabajando con ellos, escuché y vi cosas que ellos querían mantener escondidas y creyeron que sería capaz de hacer algo en su contra, por eso me metieron a la cárcel, pensando que podría hablar, cuando yo jamás dije qué pasaba en mi lugar de trabajo, a nadie.
Como nunca me permitieron defenderme, realizando una investigación profunda de los hechos, donde evidentemente yo sería inocente, hoy me toca exigir justicia, porque siempre pedí que hubiera una averiguación a fondo, pero se negaron ya que de hacerla habría salido más rápido, pero Padrés estaba en el poder en ese momento y él manejaba las cosas como quería. Ahora demando por todos los años que pasé en la cárcel, basados en mentiras, mi caso debe servir como ejemplo para todos los que aún no se atreven a buscar castigos”, explica Peraza.
Aunque su abogado le advirtió que será un proceso tardado y doloroso, ella decidió seguir adelante, lo último, asegura que lo está comprobando, porque ha tenido que volver a los lugares donde fue torturada y recordar los hechos, como parte del proceso, lo que le ha provocado nuevos daños psicológicos.
En la demanda penal que interpuso Gisela Peraza ante la Procuraduría General de Justicia en el Estado (PGJE), se encuentra como principal acusado el ex Gobernador Guillermo Padrés Elías, le sigue el actual director de Seguridad Pública Municipal de Nogales, Ernesto Fernández Portillo, quien, asegura Gisela, aprovechándose de su poder la encerró en la casa de gobierno y de los constantes golpes que recibió, dos fueron propinados por él, quien también ejerció tortura psicológica.
“Él me decía que podía hacer lo que quisiera conmigo, que el gobernador se lo iba a autorizar es por eso que la policía y los demás elementos hacían caso de lo que él dijera. También demandé al ex Subprocurador Víctor Bonillas Murrieta, porque estuvo presente cuando me torturaron física y psicológicamente.
Cuando yo recibí golpes y estaba suplicándole que por favor pararan, el señor jamás hizo nada. Yo pensé que como era una autoridad se iba apiadar de mí e iba a pedir que me dejaran en paz, pero no, todo lo contrario comenzó burlarse, él tiene mucha culpa porque como autoridad debió detenerlos, pero parecía que tenía un espectáculo”.
Según informes del proceso, es posible que sea a inicios del próximo año cuando Gisela Peraza tenga que enfrentarse en un careo con los acusados, ya que en estos momentos solamente se están llamando a declarar a la parte demandada; Gisela ha pedido 20 millones de pesos como indemnización, aunque su abogado reitera que no existe cantidad alguna que pueda resarcir los cuatro años y dos meses que estuvo en la prisión por un delito que no cometió.
Además de las anteriormente citadas, las personas demandadas por Gisela Peraza son:
Ricardo Ornelas Saavedra, ex Director Estatal de los Ceresos
Jesús Manuel Ibarra Carreón, Juez
Raúl López Peña, Secretario de Averiguaciones
Jesús Francisco Morales Pacheco, Agente del Ministerio Público
Alma Rosa Molina Barrón, Agente de la Policía Estatal Investigadora (PEI)
Alejandro Samaniego López, Agente de la PEI
Epifanio Benítez Ruíz, Agente de la PEI
Teresa Linzón, Agente de la PEI
Germán Félix Labrada, Agente de la PEI
Luis Pérez Ramírez, Agente de la PEI
Isidro Ríos Galaz, Agente de la PEI
Germán Leyva Campa, Agente de la PEI
Álvaro Gaxiola Santacruz, Agente de la PEI
Agustín Rodríguez.
Magda Leticia Figueroa, custodia del Cereso Femenil
Alicia Sánchez, custodia del Cereso Femenil


