Por: Zazil Carreras
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Cada vez más periodistas entierran su pluma en México, amenazados por los cárteles del narcotráfico y los ataques a sus periódicos, una situación que, según expertos, deja a la sociedad sin un derecho básico, el de la información.
En la última semana, el diario mexicano El Siglo de Torreón, ubicado en el estado de Coahuila, sufrió tres ataques contra sus instalaciones, en los que murió una persona y otras dos resultaron heridas.
Horas después de los hechos, su director editorial, Javier Garza Ramos, aseguraba a Efe que pese a su preocupación se seguirá informando con “calidad y veracidad”, aunque extremarán las precauciones.
Muchos otros rotativos de la zona hace tiempo que dejaron de escribir sobre temas de seguridad, como El Mañana de Nuevo Laredo (Tamaulipas), que en julio de 2012 anunció que dejaba de “reproducir hechos violentos producto de la guerra entre grupos delictivos”, luego de que sus instalaciones sufrieran un ataque con granadas.
Según la organización de defensa de la libertad de prensa, Artículo 19, cada vez son más los periódicos de estados como Chihuahua, Tamaulipas o Michoacán en los que los medios dejan de informar en aras de la supervivencia.
Y no es para menos, pues según datos publicados recientemente por la asociación Campaña Emblema de Prensa (PEC, por su sigla en inglés) desde 2000 unos 93 periodistas han sido asesinados en México, 78 desde fines de 2006, cuando el entonces presidente Felipe Calderón lanzó una lucha frontal contra los carteles de las drogas.
Como alertó hace unos meses la ONG Reporteros Sin Fronteras, México es el segundo país más peligroso del mundo para ejercer el periodismo, detrás de Afganistán.


