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Las ausencias entre el bien y el mal

Hay muchas ausencias en nuestros tiempos y son todas las tonalidades entre el mal y el bien, entre el hacer y el no hacer.

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Fue tan sutil su llegada que el mismo tiempo los disfrazó poco a poco ante todos a pesar de sus llamativas características. Los cuervos sin ojos fueron confundiéndose entre la gente, susurrándoles al oído sus propias e inorgánicas falsas verdades. Al principio no tuvieron tanto éxito, pero fueron aprendiendo a disfrazarse, mejoraron sus máscaras y aunque con dolor, lograron mover sus músculos para conseguir sonrisas huecas.

Estas peligrosas aves negras tenían el don hipnótico del habla determinante que a muchos cautivó, pareciendo más una especie de hipnotismo ante la facilidad con la que caían por el veneno de sus palabras, las que creaban una sensación de empoderamiento y una ilusoria superioridad. Este endeble pensamiento los hizo sentir casi dioses, pues era algo nuevo que nunca nadie había experimentado, un sentimiento desconocido hasta entonces y que, como arte de magia, ahora estaba al alcance de todos.

El graznido se hizo popular y dominante por muchos años, todos amaban graznar a cada día y en todo momento, por eso es por lo que estos cuervos se apoderaron hasta de la conciencia de seres que sin estos susurros hubieran podido alcanzar una plenitud para el bien. La maldad con la que estos cuervos nacieron tenía un origen desconocido, pero era claro que ese origen tenía como pilar el resentimiento…

El mal y todos los que lo veneran en este mundo sostienen que no hay alternativas a él y a ellos, son dictadores de la verdad única, para ellos solo hay desastres inevitables, muertes inevitables y todo aquel que mencione o proponga una alternativa simplemente está loco. Aman las profecías, el fatalismo y las crisis, se regodean como puercos en el lodo cuando todo está mal y aunque las cosas vayan bien, ellos son capaces de imaginar todo y escupirlo para seguir revolcándose en la fatalidad. Para ellos cualquier alternativa de estar bien y lograr el bienestar, es un pensamiento demente que hay que exterminar por el simple hecho de que ellos decidieron que eso no puede existir. Tenemos ejemplos por cualquier lado: en la política, en los medios de comunicación, en los libros y en el cotidiano de la gente.

El pilar de todo esto es el odio, muchas veces este odio se da más por costumbre ideológica que por una conciencia plena sobre él y no hace falta buscar mucho, de hecho, ni siquiera hace falta buscar para encontrarse esta maldad, recordemos el absolutismo de la declaración de que la vacunación tardaría 100 años, del incendio del mar, de llamar loco al único presidente que está buscando en medio de todo este mar de negatividad el bienestar para todos.

De alguna forma, han logrado manipular el sentido común queriendo hacernos creer que un pesimista es un ser elevado y noble, un ser centrado y conectado con la realidad y que el optimista es solo un romántico demente que no entiende nada. El maniqueísmo político sólo plantea dos escenarios, el bueno y el malo, sin términos medios, sin espectros de color, sin tonalidades, y es en esta lectura donde muchos caen pues es la más fácil, ya que no necesita análisis de ningún tipo, no necesita búsqueda, solo hay una verdad y una mentira, y solo hay buenos y malos; Córdova sale a decir que la actuación del INE en la consulta fue un éxito, los medios hegemónicos salen a hablar sobre el fracaso de la consulta pero no del INE, siempre bueno y siempre malo, todo maniqueo. Las dos posturas son una manipulación terrible de los que odian las alternativas, de los que aman la maldad porque en medio de estos conceptos de fatalidad y triunfalismo hay muchísimas cosas más.

Eventos como el del Tribunal Electoral podrían tildarse de buenos o malos, pero en realidad lo más importante es su lectura a partir del movimiento, a partir de que la transformación es una realidad y está impactando a todos los poderes, ya su desenlace será digno de un análisis más profundo.

Las buenas noticias no le interesan a nadie pues hemos estado programados durante muchos siglos a la llegada del Apocalipsis, por lo que el miedo, la negatividad y las malas noticias son lo que todos buscan para su regocijo. La aparente ausencia de alternativas es solo una construcción del mal, al igual que la venta mercantil sobre lo que debe ser la felicidad. En pocas palabras, el discurso resumido es: compra y acumula todo lo que puedas para que seas feliz porque ya viene el Apocalipsis. Creo que no hace falta mencionar el origen de esta conceptualización de la vida.

Hay muchas ausencias en nuestros tiempos y son todas las tonalidades entre el mal y el bien, entre el hacer y el no hacer, entre la verdad y la mentira, entre el juicio y la justicia; y así podría mencionar prácticamente a todos los opuestos. Una de estas tonalidades olvidadas o que no quieren ser vistas o analizadas, es la extinción del matrimonio entre el neoliberalismo y la burocracia, donde en estos tiempos transicionales solo se está logrando más rápidamente finiquitar al primero, mientras el segundo va muy lento por el enquistamiento que lo caracteriza. En este mundo sin alternativas no podemos olvidar la frase acuñada por Margaret Thatcher «There is no alternative», la cual resume un mundo analizándolo a partir de quien lo dijo.

México está en transición, luchando contra el mal del falso Apocalipsis, del divorcio de la burocracia con el neoliberalismo, del discurso fatalista y determinista en los medios de comunicación y de los actores políticos del pasado.

Sabemos que es difícil hablar de bienestar, de utopías para empujar el avance, de optimismo y de la lucha por el bien común, pero si no empezamos a cambiar las doctrinas que nos han sido impuestas, el Apocalipsis no solo estará cerca, sino que viviremos en él como lo veníamos haciendo durante muchos años.

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