1. Las calles
Alcides Ferreira (Facultad de Filosofía y Ciencias Humanas – Universidad de São Paulo)
Traducción por Armando Escobar G. / @Escarman
Hace mucho tiempo que no vemos tanta movilización, tanto interés por ideas nuevas, tanta creencia en la fuerza de la descreencia, en la fuerza del desencanto, como hoy.
Vladimir Safatle (hace dos meses, antes del inicio de las manifestaciones).
Las manifestaciones en São Paulo, la ciudad más habitada de América del Sur y uno de los principales polos financieros de Brasil, han despertado la curiosidad de mucha gente. Tanto la opinión pública como los creadores de opinión, así como los medios serviles y conservadores aún no han conseguido analizar lo que sucede en la ciudad. Más allá del ámbito nacional, las protestas han intrigado a la prensa internacional, así como a los movimientos populares en Europa que han manifestado su apoyo al pueblo brasileño.
Mundialmente conocidos por su cordialidad, fiestas y fútbol, los brasileños vuelven a las calles después de largos años de “desmovilización”. La última gran manifestación, la de los “cara-pintadas” de 1992, llevada a cabo por los estudiantes y el Partido de los Trabajadores, fue un movimiento en contra de la corrupción y la exigencia de renuncia del ex presidente Fernando Collor de Mello. Ese movimiento llevó a las calles a miles de personas en todo el país, incluyendo a São Paulo.
Las movilizaciones pacíficas actuales, surgidas inicialmente contra el aumento de las tarifas de transporte urbano, fueron abordadas por una policía sin preparación y quizá heredera de la represión de una férrea dictadura de más de veinte años (1964 – 1985).
Los gobernantes, tanto el presidente municipal de la ciudad, así como el gobernador del Estado de São Paulo, estaban ausentes; se encontraban de viaje de negocios en París. Alineados en su discurso, ambos se pronunciaron declarando que se trataba solamente de un “grupillo de vándalos”. El detalle es que aquello que llamaron “grupillo de vándalos” estaba representado en las calles por más de 10 mil participantes en las manifestaciones al inicio y por 100 mil al momento de escribir estas líneas.
Hoy, vamos para la sexta protesta organizada y la violencia policial sólo hace aumentar el número de personas indignadas con las penurias del Estado y la barbarie militar. Los medios masivos, condescendientes con el autoritarismo del Estado, han exigido más “energía” para contener las manifestaciones, alegando que los insurgentes no pasan de simples sinvergüenzas de la clase media blanca, mimados y sin una causa justa aparente. Sin embargo, la cobertura internacional ha reportado las confrontaciones, si es que las podemos llamar así, ya que la violencia parte generalmente de la policía, con mucha más cautela y crítica. En cambio, observan, por ejemplo, el desencanto y la desconfianza, principalmente de los jóvenes, en los políticos brasileños.
El presidente municipal, Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT), en más de una ocasión se rehusó a escuchar sus orígenes, pues desde el comienzo de su mandato fue exigido por una huelga de profesores que, históricamente, conforman la base electoral de su partido. Finalmente, no hubo diálogo, y las dificultades de organización, así como las propias debilidades del sindicato, llevaron a la huelga al fracaso. Ahora, sería su turno de escuchar a los estudiantes, a los trabajadores y a parte de la clase media en vez de aliarse con el gobernador del Estado, Geraldo Alckim (PSDB), y su ya reconocida truculencia. Así, hasta ahora no ha tenido a lugar el diálogo de facto y el presidente municipal, perplejo y presionado por el nuevo escenario, no sabe qué hacer, tratando un caso político como uno puramente policial.
2. Sólo 20 centavos
Marcelino Freire /@MarcelinoFreire
Traducción por Armando Escobar G. / @Escarman
20 centavos costó la Arena Pernambuco. 20 centavos la Arena de la Amazonia. El nuevo estadio Mané Garrincha, en Brasilia. 20 centavos el Castelão, en Fortaleza. Este fue el precio del nuevo Maracaná. 20 centavos también la Arena de las Dunas, en Natal. El Itaquerão en São Paulo. En Curitiba, 20 centavos costó la Arena de la Baixada. La Arena Fonte Nova, en Salvador, salió en lo mismo. La Copa Confederaciones le costó al gobierno: 20 centavos. Éste es el millonario salario de Neymar en el Barcelona. Ya sé que él nada tiene que ver con el rumbo del erario: 20 centavos en los últimos años. Todo el presupuesto de la Copa del Mundo: 20 centavos. Todo en este país. Las tierras de los indios. Los intereses. Los salarios. El precio del pasaje de camión: 20 centavos. Una marcha. Una rebelión. Una lucha armada. Sólo. 20 centavos. Por una causa. ¿Y entonces, mi hermano? ¿Quién es el que paga?


