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Les Six, de música y sobrenombres

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Pablo Hernández

(13 de marzo, 2014).- Si realizáramos una encuesta sobre cuántas personas han elegido libremente su apodo, el mismo que llevarán por el resto de su vida, no me queda duda que los resultados a favor del libre albedrío serían mínimos. Por lo general es algún “listo” el que define el apodo que inclusive sustituirá tu nombre. Además, a este “listo” se le ocurrirá el más “brillante” pseudónimo de todos, como los clásicos, La flaca, El chino, El mascarita, Angustias, Chorejas, y demás entes.

Fue precisamente el crítico Henri Collet el “listo” que, en 1920, dio el nombre de Les Six a seis compositores franceses de principios del siglo XX, en un par de publicaciones que realizó en la revista Comoedia.

Un sábado 5 de abril de 1919, después de un concierto donde se presentaron las composiciones más recientes de Georges Auric, Louis Durey, Arthur Honegger, Darius Milhaud, Francis Poulenc y Germaine Tailleferre (la única mujer del grupo), Milhaud realizó una reunión a manera de festejo, donde acudieron estos y más invitados. Entre los presentes estaba precisamente Henri Collet, que al verlos juntos decidió nombrarlos Les Six Français, o simplemente Les Six.

En palabras del mismo Milhaud: “Collet escogió seis nombres de manera totalmente arbitraria… sólo por el hecho de que nos conocíamos y éramos compañeros, además de aparecer en el mismo programa musical, sin importar que  nuestros temperamentos y personalidades no fueran las mismas…”.

Pero hay que ser condescendientes con ese “listo” de los apodos, ya que en ocasiones nos viene conviniendo. Talvez si no fuera por que te decían el Cometa nadie se acordaría de ti. Y efectivamente, bajo las circunstancias en que aparecieron estos Nuevos jóvenes (como ya los había bautizado antes el compositor Erik Satie), el sobrenombre Les Six les cayó como anillo al dedo.

A pesar de las diferencias entre los autores, el grupo en sí tuvo éxito. Y aprovechando la ocasión, el escritor, pintor, crítico y cineasta francés Jean Cocteau se autonombró promotor y portavoz, utilizando como manifiesto su escrito Le coq et l’arlequin (El gallo y el arlequín) donde fijaba una postura contra la música impresionista francesa y la post-romántica alemana, en búsqueda de una francesa nueva. Un representante musical de esta postura fue precisamente Erik Satie.

Además, los compositores sí tenían ciertas afinidades, aunque no eran los únicos que las compartían. La trágica Primera Guerra Mundial influyó en sus temas, además de que incorporaron nuevos estilos a la música clásica, como el jazz y la música de salón (de baile), acompañado de un experimentalismo frívolo.

El sexteto comenzó a dar conciertos juntos en 1917, pero fueron dos obras las que hicieron realmente en conjunto, el Album des Six, de música para piano, y el ballet Les Mariés de la tour Eiffel (donde no participó Durey).

Finalmente, el tiempo pasa y los apodos son cada vez menos correspondientes o contradictorios, La flaca embarneció, y El melenas ahora es calvo. Así sucedió con el grupo francés, las diferencias entre ellos empezaron a aflorar, y fue cada vez más difícil encontrar afinidades, asimismo, otro suceso los marcó para siempre: la Segunda Guerra Mundial.

Honegger, Milhaud y Poulenc se consagraron como compositores de prestigio, cada uno en estilos diferentes. Mientras que Auric se dedicó a la música para cine, Durey se volvió activista del comunismo y Tailleferre, aunque siguió componiendo, se perdió en el olvido.

La Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata de la UNAM, recuperó a dos de estos autores el domingo 9 de marzo, la Sinfonietta de Poulenc, y más peculiar aún, el Concertino para arpa de Tailleferre, fueron disfrutados en la Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario.

Ojo, cualquier parentesco con el Grupo de los Seis mexicano (con Hernández Acevedo, Campa, Meneses, Quesadas y Villanueva), es mera coincidencia. ¿O no? Pero ese ya es otro tema.

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