(11 de diciembre, 2014).- Por medio de un espeluznante de mil 300 páginas, Brasil ha recapitulado uno de los episodios más negros de su historia: La dictadura y sus torturas. El documento elaborado por la Comisión de la Verdad (integrada por un grupo de expertos) durante tres años, da cuenta de los peores métodos empleados de 1964 a 1985 por dicho gobierno.
En el texto se incluyen algunos testimonios de quienes sufrieron en carne propia las aberraciones de la tortura, aunque también se da voz a los torturadores y asesinos. “Él, por así decir, ya estaba muerto, señor. Sufriendo. No quiero que piense que soy un santito, pero en el fondo fue un tiro de misericordia el que le di”, afirma uno de tantos.
El estudio registra un total de 434 víctimas fatales y personas desaparecidas, aunque también registra el nombre y apellido de 377 responsables, entre los que se incluyen mandatarios, policías, médicos y militares, a quienes acusan de crímenes contra los derechos humanos. Actualmente 191 de ellos todavía viven.
Dentro del mar de testimonios desgarradores, resalta el de Dilma Rousseff, actual presidenta brasileña, quien a pesar de no se afecta a recordar este tipo de episodios en sus actos públicos, se sabe que fue torturada cuando tenía más de 20 años en una prisión de São Paulo. “Me estoy acordando muy bien del suelo del baño, del azulejo blanco, de la costra de sangre que se iba formando. Las marcas de la tortura forman parte de mí, yo soy eso”, rememora la mandataria.
A decir de los que integran la Comisión de la Verdad, los culpables –amparados desde 1979 por una amnistía— tiene la obligación de responder ante la autoridades por su actos. Aunque para otros expertos en leyes, han manifestado que es poco viable, pues un fallo de 2010 por parte del Tribunal Supremo Federal, indica que dicha amnistía aplica para crímenes comunes y torturas.
Incluido en el apartado de violencia sexual, el testimonio de la ciudadana Isabel Fávero es terrible bajo la perspectiva que se le vea: “Al tercer o cuarto día de estar presa comencé a enfermar, estaba embarazada de dos meses y aborté. Sangraba mucho, no tenía como limpiarme, usaba papel higiénico, y ya olía mal, estaba sucia, así que pienso, no, tengo la casi certeza de que no violaron, porque me amenazaban constantemente y les daba asco. (…) Seguramente fue eso, Ellos se enfadaban al verme sucia, sangrando y oliendo mal, y eso les enrabietaba más aún, y me pegaban más todavía”.
Otro igual de aterrador es el de Karen Keilt quien junto a su esposo fueron llevados contra su voluntad al Departamento Estadual de Investigaçôes Criminais de São Paulo, durante mayo de 1976: “Comenzaron a pegarme. Me ataron al palo y me dejaron colgando. Me dieron descargas eléctricas. En el pecho, en el pezón… Me desmayé. Y comencé a sangrar. Sangraba por todos los sitios. Por la nariz, por la boca. Estaba muy mal. Entonces vino uno de los guardias, me llevó a una de las celdas y me violó. Me dijo que era rica, pero que tenía el mismo coño que el resto de las mujeres. Era un tipo horrible”. Tras la tortura, ambos fueron liderados en julio, luego de pagar 400 mil dólares y años después huyeron a Estados Unidos.


