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Los Mungiki: “Puedo morir si deserto o revelo nuestros secretos”

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Daniela Santoyo/ @danni_gs

NOTA DEL EDITOR: Esta es la segunda entrega, de seis, sobre las bandas criminales más importantes en cada continente y su relación con el crimen organizado en México.

Este martes el turno es para África y su mafia keniana, un grupo criminal que nació a bordo de cuatro ruedas.

(27 de agosto, 2013).- Al llegar a Nairobi, “La Ciudad Verde en el Sol”, los turistas y residentes suelen tomar uno de los tantos matatu para llegar a sus destinos. La prisa con la que estos minibús se desplazan por las calles y avenidas de la capital de Kenia, en África, y la ciudad misma, son suficientes distractores para que los usuarios no perciban la gran mafia detrás de esos pequeños camioncitos contralada por una de las sectas más sanguinarias del mundo: Los Mungiki.

Su nombre significa “Gente unida” o “multitud” en el lenguaje kĩkũyũ (Kikuyu), grupo étnico al que la mayor parte de sus integrantes pertenecen. Gran parte de sus fundadores combatieron la dominación colonial británica, por tanto, uno de los grandes preceptos de este grupo conformado en la década de los 80 es el regreso a las tradiciones indígenas africanas.

En la década de los 90, con la aceptación del gobierno de Daniel Arap Moi, los Mungiki migraron a Nairobi y comenzaron a dominar el negocio de los matatu. Además, el grupo comenzó a estructurarse en células; actualmente, cada una de ellas contiene 50 miembros y está dividida en cinco secciones.

Con el negocio del transporte, todo lo demás generó una inercia propia: los minibuses en la capital de Kenia se convirtieron en un trampolín para sus actividades ilícitas.  La mafia creció hacia la recolección de basura, la construcción, la extorsión de protección por daños, la venta ilegal de alcohol y violencia que ellos mismos provocan. Poco después, consiguió el “apoyo” de los funcionarios públicos, gracias a los cuales recibe ingresos por los impuestos sobre la electricidad, agua, protección y se ha ganado la denominación de “grupo de choque”.

Su raíz se encuentra en el descontento social; la mayoría de los jóvenes que integran este grupo delictivo africano están, como gran parte de la población,  desempleados. Además, son quienes han sufrido las consecuencias de la explosión demográfica de Kenia. Los Mungiki lograron unir a sus miembros dotándoles de un propósito, una identidad política y cultural e ingresos económicos.

Actualmente, su influencia se extiende a la zona periférica de la ciudad, donde este grupo delictivo aterroriza a la población a través de sanguinarios asesinatos. De acuerdo a una corresponsal de la agencia EFE, los Mungiki podrían contar con cuatro millones de seguidores; sin embargo, la cifra oficial es de 500 mil integrantes.

Su fama proviene de las decapitaciones de sus oponentes y su insistencia por desdeñar cualquier influencia occidental en su cultura –incluido el cristianismo –. Tal es su ideal por enaltecer los valores africanos de antaño, que los Mungiki realizan prácticas prohibidas contra la ley de Kenia como la mutilación genital femenina. De hecho, ésta última dejó de aplicarse en aquel país  –en específico en su grupo étnico – como consecuencia de la influencia de los misioneros occidentales.

Otra de las razones de su popularidad y por la que es designado como una “secta” es la realización de rituales de iniciación. Estos tienen lugar durante las noches e incluyen el sacrificio de una cabra y la mezcla de su sangre con algunas raíces silvestres que beben todos los miembros.

Al final del ritual de iniciación se incluye el siguiente juramento: “Puedo morir si deserto o revelo nuestros secretos”. Por tanto, dentro de la secta está terminantemente prohibido desertar. Como consecuencia, ex miembros del grupo han huido del país en busca de asilo, sobre todo aquellos que durante las elecciones presidenciales de 2007 fueron forzados a iniciarse.

Si bien la policía ha intentado en múltiples ocasiones combatir a este grupo criminal, sus intentos se han visto frustrados –en muchos casos – por la corrupción. De cualquier forma, ha habido importantes enfrentamientos; uno de ellos  se dio en 2002, cuando más de cincuenta personas murieron en los enfrentamientos de la secta contra los conductores de los matatu. Desde ese momento se declaró ilegal a la organización.

Además, en febrero de 2003, durante dos días, murieron al menos dos agentes y fueron detenidos 74 miembros de la secta. Cuatro años después, en junio de 2007, las fuerzas armadas de seguridad de Kenia se enfrentaron a la mafia luego de que ésta se embarcó en una campaña criminal para inculcar el terror otra vez en los conductores a través de decapitaciones de desertores del grupo, amenazas directas y panfletos. Aproximadamente 100 personas murieron en la operación.

Seis años más tarde, la secta continúa presente en Kenia, uno de los países más importantes del este de  África. Hasta ahora, miles de personas han desaparecido y muchas más han sido asesinadas.

En Nairobi la mafia de los matatu continúa y el poder de los Mungiki no pretende desaparecer.

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