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Los niños sacrificados: la violencia se va volviendo cáncer

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Por: Estela Garrido

Tw: @StelaGarrido3_0

 

“La violencia es como una infección, entra de poquito en poquito y va creciendo, se va volviendo un cáncer y, cuando te das cuenta, es algo gigante que no puedes ocultar ni tapar con un dedo”, resume Gabriela Lozano acerca de la obra Los niños sacrificados.

El teatro y el arte en general tienen como premisa expresar y denunciar el acontecer cotidiano.  Un ejemplo de ello es la puesta en escena basada en la obra de la francesa Françoise Thyriony. La obra aborda la cruda historia de dos hermanos acusados del asesinato de su padrastro, quien durante largo tiempo abusó de ellos.

Para Lozano, llevar a escena este texto no fue consecuencia de una idea, sino de una necesidad: “Es una reflexión que todos necesitamos hacer de alguna manera. Me molestan un poco las obras que creen que van a cambiar a la sociedad. Esto es un buen pretexto para abrir el tema, para sentarnos a hablar después de ver la obra”.

La importancia de este tipo de obras  y expresiones artísticas es, desde otros ojos, concientizar a la población que las aprecia de los problemas que la sociedad atraviesa; volcar las miradas en escenas que pueden resultar familiares y abrir las mirillas para analizarlas desde fuera. El montaje abre caminos para explorar otros temas además de la violencia y el maltrato infantil, el cual se ha incrementado en México como la funcionalidad de la familia.

“La historia que se cuenta abre un abanico de posibilidades y de razonamientos que es difícil que uno los piense a primer impulso… Es un ejercicio de análisis para la gente que nos gusta deshilvanar los motivos del ser humano”, finalizó Lozano.

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